El sur de la República Democrática del Congo es hoy más conocido como la fuente más importante del mundo de cobalto, el metal que está en el centro de la cadena de suministro de baterías de iones de litio. Las mismas rocas que hacen de la región un lugar indispensable para la transición energética también la convirtieron en la cuna de la era nuclear, y una nueva investigación revisada por pares sostiene que esas dos historias ahora están chocando, con cantidades sustanciales de uranio que probablemente salen del país dentro de cargamentos que el mundo registra únicamente como cobalto.

Los hallazgos, publicados en Nature Communications y descritos para The Conversation por el geólogo Ryan A. Manzuk, representan el primer intento sistemático de conectar la producción de cobalto en el Copperbelt congoleño con el uranio que viaja junto a ella. La afirmación central es contundente: la República Democrática del Congo no ha declarado oficialmente ninguna exportación de uranio durante décadas, y sin embargo tanto la geología de la región como su química industrial apuntan a una realidad muy distinta.

Del Proyecto Manhattan al auge de las baterías

El Copperbelt, en el sur de la RDC, debe su nombre a los ricos depósitos de cobre y otros minerales acumulados en su subsuelo. Sin embargo, su lugar en la historia quedó asegurado por algo completamente distinto. El mineral de la mina de Shinkolobwe, en el sureste del país, se convirtió en la principal fuente de uranio para las primeras armas nucleares construidas por el Proyecto Manhattan de Estados Unidos, que se desarrolló entre 1942 y 1947. Posteriormente, en 1945, se lanzaron dos bombas atómicas sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki.

Shinkolobwe está oficialmente cerrada a la excavación desde 2004 y, en los años transcurridos desde entonces, la RDC no ha declarado ninguna exportación de uranio. Ese silencio oficial es precisamente lo que hace notable el nuevo trabajo. La investigación sugiere que el uranio no ha dejado de salir del Copperbelt; simplemente ha dejado de contabilizarse como uranio.

Por qué el cobalto y el uranio son tan difíciles de separar

La idea central del estudio se basa en dos hechos que análisis anteriores no habían tratado como un par emparejado.

  • Aparecen juntos de forma natural. El uranio y el cobalto se encuentran en las mismas formaciones rocosas de todo el Copperbelt, una coocurrencia geológica que es una característica del tipo de depósito y no un accidente de muestreo.
  • Se comportan de manera similar en el procesamiento. Cuando el mineral se somete a tratamiento químico, ambos elementos responden de forma ampliamente similar, lo que dificulta y encarece una separación limpia.

Debido a que el uranio y el cobalto siguen vías químicas similares, el material que entra en la cadena de suministro como mineral de cobalto puede arrastrar uranio consigo a través de los pasos utilizados para preparar un concentrado comercializable. Manzuk, un geólogo especializado en el análisis de la composición química y mineralógica de las rocas, trabaja en gran medida desde una perspectiva basada en mapas, extrayendo conclusiones de datos espaciales como las estadísticas regionales de cobalto. Al tratar la geología y la química del procesamiento como un único sistema, él y sus colegas pudieron producir una estimación combinada de cuánto uranio está implicado cada vez que se extrae y exporta cobalto del Copperbelt.

Construir una estimación a partir de escasos datos públicos

El obstáculo evidente es la transparencia. Muy pocos datos están disponibles públicamente para describir las concentraciones de uranio en los minerales que se extraen, o los pasos químicos específicos utilizados para preparar el cobalto para su envío. Por lo tanto, cualquier estimación tiene que ensamblarse en lugar de simplemente leerse de un registro contable.

El enfoque de los investigadores consistió en modelar cada eslabón de la cadena. Utilizaron mapas geológicos para inferir las leyes de uranio probables presentes en los minerales de cobalto. Esas leyes se combinaron luego con los volúmenes de mineral procesados en instalaciones individuales de todo el Copperbelt. Finalmente, añadieron un modelo de cómo se comporta el uranio durante la química de procesamiento que tiene lugar antes de que el material se envíe. El resultado de esa cadena es un vínculo directo entre las cifras de producción de cobalto y la probable exportación de uranio.

DRC's cobalt exports contain unreported uranium—our study estimates the global nuclear risk
Minería de cobalto en el Copperbelt rico en uranio, República Democrática del Congo (RDC). Crédito: Nature Communications (2026). DOI: 10.1038/s41467-026-75910-z

Qué sugieren las cifras

En los escenarios más probables, los cálculos apuntan a que entre 2.000 y 5.000 toneladas de uranio natural estarían vinculadas a ese comercio de cobalto. El rango refleja la incertidumbre incorporada en el modelado más que una medición firme, pero su escala es la razón por la que el artículo ha atraído atención: describe un flujo de material lo suficientemente grande como para importar a nivel global, pero invisible en los informes comerciales oficiales.

Vale la pena ser preciso sobre lo que se afirma y lo que no. El estudio no alega contrabando, ocultación deliberada ni ninguna intención particular. Sostiene que las realidades físicas del Copperbelt —elementos que coocurren y un comportamiento de procesamiento estrechamente relacionado— hacen del uranio un componente rutinario y en gran medida inadvertido de una industria del cobalto que se ha expandido enormemente para satisfacer la demanda de baterías.

Por qué el uranio no declarado importa para el riesgo nuclear

El uranio natural no es por sí solo un material listo para armas, y nada en la investigación sugiere que lo que sale del Copperbelt esté destinado a un programa de armamento. La preocupación es más estructural. Los esfuerzos internacionales para rastrear material nuclear dependen de las declaraciones: un país informa lo que produce y exporta, y esas cifras alimentan la contabilidad que permite a otros verificar que no falta nada.

Cuando un flujo de uranio se mueve sin ser declarado, queda completamente fuera de esa contabilidad. No puede rastrearse, verificarse ni conciliarse con los registros de producción porque, sobre el papel, no existe. El resultado es un punto ciego que crece silenciosamente con cada envío, y que se vuelve más difícil de cerrar cuanto más persiste. En ese sentido, el riesgo que describen los investigadores tiene menos que ver con cualquier cargamento individual que con la integridad de la imagen global de dónde están los materiales nucleares y quién los posee.

Los límites de un resultado modelado

Los autores son explícitos en que su conclusión es una estimación derivada de datos incompletos. De ello se derivan varias advertencias.

  • Las leyes de uranio en los minerales del Copperbelt se infieren de la cartografía geológica en lugar de medirse en cada sitio.
  • Los detalles de procesamiento en instalaciones individuales no son completamente públicos, por lo que la química se representa mediante un modelo.
  • El rango de 2.000 a 5.000 toneladas captura la dispersión entre escenarios más y menos probables, no un intervalo de confianza estadístico.
  • Los datos oficiales de exportación de la RDC no pueden confirmar ni contradecir la estimación, ya que no se declara ninguna exportación de uranio en absoluto.

Incluso con esas salvedades, la contribución del estudio es tanto metodológica como numérica. Muestra que la coocurrencia y el comportamiento en el procesamiento pueden combinarse en un marco viable para estimar un flujo de material que actualmente nadie mide directamente, e invita a otros a contrastar el resultado con datos independientes.

Qué sucede a continuación

Las implicaciones prácticas se despliegan en dos vías. En una, una mejor divulgación por parte de las operaciones mineras y de procesamiento —leyes del mineral, flujos químicos, composición del concentrado— permitiría sustituir la estimación por una medición. En la otra, los países e instituciones que consumen cobalto congoleño y los organismos que vigilan los materiales nucleares tienen un interés compartido en saber si el flujo modelado es real.

Por ahora, el Copperbelt sigue siendo lo que siempre ha sido: un lugar donde la transición energética y la era nuclear se extraen del mismo suelo. La pregunta que plantea la nueva investigación es si la contabilidad mundial ha estado a la altura de ese hecho.

Este artículo se basa en la cobertura de Phys.org. Lea el artículo original.

Originally published on phys.org