Una búsqueda prometedora de exolunas se encontró con un problema astrofísico familiar

El Telescopio Espacial James Webb es lo bastante sensible, en principio, como para ayudar a los astrónomos a detectar una luna aproximadamente análoga a la de la Tierra. Pero un nuevo preprint que describe observaciones del cercano sistema TOI-700 muestra cómo esa promesa puede verse derrotada por la propia estrella.

Investigadores del MIT, Harvard y la Universidad de Chicago usaron JWST para seguir dos planetas del tamaño de la Tierra en la zona habitable de TOI-700, una estrella enana M a unos 100 años luz de la Tierra. Los planetas objetivo, TOI-700 d y TOI-700 e, se consideraban candidatos especialmente fuertes para albergar lunas estables debido a sus características y órbitas. Sin embargo, en lugar de encontrar una señal definitiva de exoluna, el equipo halló que el ruido del comportamiento de la superficie estelar enterró eficazmente el tipo de sutil firma de tránsito que esperaban ver.

El resultado no es una detección, pero sigue siendo una medición importante de los límites prácticos de la búsqueda de exolunas con las herramientas actuales. JWST mejoró mediciones clave de los propios planetas, pero la variabilidad de la estrella anfitriona siguió siendo lo bastante fuerte como para ocultar la señal más pequeña de una luna.

El objetivo: dos planetas del tamaño de la Tierra en la zona habitable

TOI-700 ya había llamado la atención porque alberga múltiples planetas conocidos, incluidos dos mundos del tamaño de la Tierra en la zona habitable de la estrella. En el nuevo trabajo, los investigadores informan de mediciones mejoradas para ambos. Refinaron en un orden de magnitud las estimaciones orbitales de los planetas y afinaron las mediciones de radio en un factor de dos a tres.

Para TOI-700 d, el artículo informa un radio de 1,145 veces el de la Tierra. Para TOI-700 e, el radio es 0,919 veces el de la Tierra. Ese es el tipo de planetas que invitan de forma natural a especular sobre estabilidad a largo plazo, clima y si una luna podría influir en la evolución planetaria de maneras vagamente comparables a la historia de la propia Tierra.

La motivación no es solo sentimental. Se cree que la Luna de la Tierra ha tenido consecuencias profundas para este planeta, entre ellas estabilizar la inclinación axial y moderar los cambios climáticos. Una luna puede alterar las mareas, la rotación y potencialmente la historia ambiental más amplia de un mundo. Encontrar un análogo Tierra-Luna en otro lugar sería por tanto algo más que una curiosidad. Abriría otra dimensión en la búsqueda de sistemas potencialmente favorables para la vida.