Un diente antiguo con una historia sorprendentemente moderna

Un molar neandertal de 59.000 años de antigüedad de Siberia podría contener la evidencia más antigua conocida de odontología, según investigadores que afirman que el diente fue perforado deliberadamente para tratar una caries profunda. Si esa interpretación se sostiene, adelantaría el registro de una intervención dental intencional en aproximadamente 45.000 años y sumaría argumentos a una reevaluación creciente de la sofisticación técnica y cognitiva de los neandertales.

El diente, un segundo molar inferior, fue hallado en las montañas de Altái, en el suroeste de Siberia, una región asociada con la ocupación neandertal tras su avance hacia el este desde Europa. Lo que al principio parecía daño por rotura o por procesos posteriores a la muerte resultó, tras un análisis más detenido, tener un patrón mucho más estructurado. Los investigadores identificaron una cavidad grande e irregular compuesta por tres depresiones parcialmente superpuestas que llegaban hasta la cámara pulpar.

Esa configuración importaba porque no se parecía solo al desgaste aleatorio. El estudio detallado indicó un perforado repetido con una herramienta lítica puntiaguda, muy probablemente de jaspe, similar a instrumentos hallados en la misma cueva. Las imágenes avanzadas y el análisis de las marcas también identificaron señales compatibles con el uso repetido de un palillo y con un movimiento rotatorio aplicado directamente sobre la zona deteriorada.

Por qué los investigadores creen que fue deliberado

El caso a favor de un tratamiento intencional se apoya en múltiples líneas de evidencia descritas en el material de origen. Las marcas dentro de la cavidad mostraban rastros de perforación más que de raspado o astillado incidental. El tratamiento parece haberse desarrollado en tres etapas, lo que sugiere una intervención repetida y no un único evento accidental. Los investigadores también señalaron que la forma de la cavidad se asemeja a esfuerzos mucho más tardíos de los humanos por acceder al tejido enfermo en la cámara pulpar.

Esa es la clave interpretativa. La afirmación no es simplemente que los neandertales tuvieran dientes dañados o usaran palillos. Ambas cosas encajan fácilmente con lo que los arqueólogos ya saben sobre el desgaste oral antiguo y el autocuidado. El argumento más sólido es que un individuo o un ayudante modificó deliberadamente un diente dolorido e infectado con herramientas de piedra con el fin de aliviar la fuente del malestar.

Los investigadores dicen que los contornos pulidos y redondeados del diente indican que la persona siguió masticando con él, posiblemente durante años después de la intervención. De ser así, el procedimiento pudo haber proporcionado alivio funcional pese a lo que casi con toda seguridad debió de ser un dolor intenso durante el tratamiento.

Esa combinación de indicios hace que el hallazgo sea notable. La evidencia previamente citada más antigua de trabajo dental intencional se remonta a hace unos 14.000 años en Homo sapiens de Italia, y consistía en raspado, no perforación. Un diente neandertal perforado de hace 59.000 años no solo ampliaría la cronología. También modificaría las suposiciones sobre quién realizó primero cuidados dentales invasivos y por qué.

Lo que dice sobre el conocimiento neandertal

Los investigadores presentan el hallazgo como un desafío a los prejuicios persistentes sobre la cognición neandertal. La inferencia no es que los neandertales practicaran la odontología en un sentido formal como el actual, sino que quizá entendían una relación causal básica entre un diente dañado y el dolor, y actuaban de forma deliberada para modificar la zona enferma.

Eso importa porque durante mucho tiempo las discusiones sobre la capacidad neandertal han oscilado entre retratarlos como limitados conductualmente y reconocerlos como humanos capaces, adaptativos y con vidas sociales y técnicas complejas. La evidencia de tratamiento deliberado de una caries encajaría de lleno en este último grupo. Implica observación, experimentación, control de herramientas y disposición a soportar o administrar una intervención dolorosa en beneficio futuro.

También puede implicar cierto grado de cuidado social. El material de origen no establece que otra persona realizara la perforación, pero la posibilidad es difícil de ignorar. Tratar una caries profunda con un instrumento lítico puntiagudo habría sido difícil, doloroso y potencialmente peligroso sin ayuda. Incluso si se hizo de forma autónoma, sugiere determinación y conocimiento anatómico práctico.

Importa subrayar que los investigadores no afirman que los neandertales tuvieran odontología moderna ni procedimientos esterilizados. El punto es más limitado, y precisamente por eso más sólido: parece que utilizaron herramientas de piedra de forma específica para tratar una enfermedad dental.

Por qué los dientes importan en la historia humana profunda

Los dientes se conservan excepcionalmente bien, lo que los convierte en uno de los restos más informativos de la paleoantropología. Registran desgaste, dieta, enfermedad y, cada vez más, mediante técnicas microscópicas y químicas, huellas de comportamiento. En este caso, el diente ofreció una ventana tanto a la patología como a la intervención.

Los tejidos dentales también pueden conservar evidencia cuando el ADN no está disponible o se preserva mal. En términos más generales, la salud bucal ofrece una lente útil sobre la vida cotidiana antigua porque el dolor de muelas es inmediato, incapacitante y difícil de ignorar. Si los neandertales trataban las caries, aunque fuera de manera rudimentaria, eso sugiere que no se limitaban a soportar pasivamente un sufrimiento crónico. Intentaban resolverlo.

El hallazgo también se suma a una tendencia más amplia en la que los neandertales parecen cada vez menos ajenos y más inventivos. La evidencia de otros sitios ya los ha vinculado con la fabricación sofisticada de herramientas, conductas simbólicas y adaptabilidad ecológica. Una intervención dental encaja en esa trayectoria al mostrar resolución práctica de problemas en un ámbito tan íntimo y funcional como el dolor corporal.

Precaución y relevancia

Como ocurre con muchas afirmaciones sobre la prehistoria profunda, la interpretación será tan importante como el objeto físico en sí. Las inferencias conductuales extraordinarias a partir de un solo espécimen invitan naturalmente al escrutinio. Los investigadores tendrán que convencer a otros de que las marcas no pueden explicarse mejor por procesos no humanos, daños posteriores o desgaste ordinario. Pero el análisis descrito en el texto de origen parece apoyarse en estudio microscópico, imagen y comparación contextual, y no en una única característica ambigua.

Si la conclusión se mantiene, la relevancia es considerable. La historia de la odontología ya no comenzaría en el Paleolítico superior tardío con Homo sapiens, sino mucho antes y con los neandertales. La implicación no sería que la odontología apareció de repente ya formada, sino que el impulso de intervenir mecánicamente contra el dolor dental tiene un origen mucho más profundo y diverso de lo que se había documentado.

Eso supone un cambio científicamente útil porque amplía la pregunta. En lugar de preguntar cuándo los humanos modernos inventaron la atención dental, los investigadores podrían preguntar cada vez más cómo distintos grupos humanos entendían y gestionaban la enfermedad con las herramientas disponibles.

En ese sentido, el diente siberiano es más que una curiosidad dental. Es evidencia de que uno de los parientes más cercanos de la humanidad pudo haber afrontado la caries con intención, técnica y perseverancia. A lo largo de 59.000 años, eso hace que la distancia entre sus vidas y las nuestras parezca más corta de lo esperado.

Este artículo se basa en una cobertura de New Scientist. Leer el artículo original.

Originally published on newscientist.com