Las náuseas y los vómitos posoperatorios se encuentran entre las complicaciones más frecuentes y molestas de la anestesia. Pueden deshidratar a los pacientes, retrasar el alta de las áreas de recuperación y exigir medicación adicional. Un ensayo clínico aleatorizado presentado en la reunión anual Anesthesiology 2026 sugiere que una intervención relativamente sencilla podría ayudar: reducir el ruido del quirófano mediante auriculares con cancelación de ruido disponibles comercialmente.
En el estudio, adultos sometidos a cirugía ginecológica mínimamente invasiva bajo anestesia general fueron asignados a usar auriculares supraaurales con cancelación de ruido desde el inicio de la anestesia hasta el final de la intervención, o a recibir la atención habitual sin auriculares. Todos recibieron el mismo enfoque anestésico y medicación estándar para prevenir las náuseas y vómitos posoperatorios, a menudo abreviados como PONV.
Durante las 48 horas posteriores a la cirugía, el 35,4 % de los pacientes del grupo con auriculares presentó PONV, frente al 52,1 % de quienes no los usaron. Los investigadores describieron esto como un riesgo un 32 % menor, equivalente a unos 17 pacientes afectados menos por cada 100 tratados con la intervención. Quienes usaron auriculares también informaron síntomas menos intensos durante las primeras 24 horas. El estudio no registró un aumento de acontecimientos adversos en ese grupo.
Evaluar una fuente de estrés poco considerada
El ruido de un quirófano rara vez se analiza junto con los anestésicos y los analgésicos como posible factor de náuseas. Sin embargo, los autores sostienen que el sonido podría ser un estresor fisiológico subestimado, incluso para personas inconscientes bajo anestesia general.
«Los pacientes bajo anestesia general no son conscientes de lo que ocurre a su alrededor, pero eso no significa que el cerebro deje de procesar completamente los sonidos», afirmó en el informe de la reunión la autora principal, Huayue Liu, anestesióloga del First Affiliated Hospital of Soochow University, en Suzhou, China.
Según el informe, los niveles de sonido del quirófano fueron de unos 66 decibelios de media. Es una intensidad situada, de forma general, entre una conversación normal y el sonido de una aspiradora cercana. En el entorno quirúrgico, esos sonidos pueden incluir alarmas, instrumentos, sistemas de ventilación y comunicación del equipo. La hipótesis era que limitar la exposición al sonido podría reducir una vía que contribuye al PONV, incluso cuando los pacientes no son conscientes de su entorno.
La cuestión importa porque la cirugía ginecológica mínimamente invasiva ya se asocia con un riesgo relativamente alto de náuseas y vómitos posoperatorios. La prevención existente suele basarse en medicamentos, pero las náuseas pueden aparecer pese al tratamiento antiemético recomendado. Un método no farmacológico que pudiera utilizarse junto con la prevención estándar sería relevante si el resultado se confirma.
Qué encontró el ensayo
El estudio incluyó a 192 adultos de entre 18 y 65 años. La mitad fue asignada al azar a usar los auriculares y la otra mitad al grupo de comparación. Los auriculares se colocaron después de iniciar la anestesia y permanecieron hasta la conclusión de la cirugía.
La asignación aleatoria es importante porque permite comparar la intervención en sí, en lugar de diferencias entre pacientes. El ensayo también empleó la misma anestesia y la misma medicación estándar para prevenir el PONV en ambos grupos, por lo que el uso de auriculares fue la principal diferencia descrita.
- El 35,4 % de quienes usaron auriculares presentó náuseas o vómitos en 48 horas.
- El 52,1 % de los pacientes sin auriculares presentó esos síntomas.
- Los síntomas fueron menos intensos en el grupo con auriculares durante las primeras 24 horas.
- No se informó de un aumento de acontecimientos adversos entre quienes los usaron.
Estos resultados no demuestran que todos los pacientes quirúrgicos se beneficiarían ni explican con precisión cómo la reducción del sonido podría influir en los síntomas posteriores. Sí ofrecen, sin embargo, una señal práctica de que el entorno sensorial del quirófano merece más atención en la investigación anestésica.
Un complemento sencillo, no un sustituto de la atención
El atractivo del enfoque está en su sencillez. Los auriculares con cancelación de ruido están disponibles comercialmente y no añaden otro fármaco al plan terapéutico. Si los quirófanos pueden utilizarlos de forma segura sin interferir con la atención, podrían convertirse en una opción adicional para pacientes con alto riesgo de náuseas y vómitos.
Pero los resultados deben interpretarse en contexto. El trabajo se presentó en una reunión científica, y el informe disponible no describe un artículo completo publicado, resultados a más largo plazo ni datos de otros tipos de cirugía. El ensayo se centró en una población concreta: adultos sometidos a procedimientos ginecológicos mínimamente invasivos bajo anestesia general. Harían falta más estudios antes de extrapolar el resultado a niños, personas mayores, otras intervenciones u otros contextos anestésicos.
También quedan cuestiones prácticas. Los equipos del quirófano deben poder vigilar a los pacientes y mantener flujos de trabajo seguros. El beneficio podría depender del tipo de auriculares, la duración de la exposición, los niveles de ruido o la población estudiada. Nada de ello invalida el resultado comunicado, pero sí influye en su posible incorporación a la práctica habitual.
Por qué merece seguimiento
Para los profesionales, prevenir el PONV suele implicar combinar medicamentos establecidos e identificar a las personas con mayor riesgo. El ensayo apunta a otro principio: controlar elementos del entorno asistencial podría complementar la prevención farmacológica.
Para los pacientes, el posible beneficio es más directo. Las náuseas y los vómitos después de una operación pueden hacer que la recuperación de una intervención por lo demás exitosa resulte mucho más difícil. Una intervención no invasiva, sin medicación y asociada con menos síntomas sería valiosa si futuros estudios reproducen el hallazgo.
El estudio también amplía una idea conocida en medicina: la inconsciencia no equivale necesariamente a un vacío sensorial completo. Al probar si una experiencia más silenciosa durante la anestesia podía cambiar la recuperación posterior, los investigadores han planteado una pregunta clara para ensayos clínicos mayores. La respuesta quizá tenga menos que ver con los auriculares y más con si el ruido del quirófano es un componente modificable de la recuperación quirúrgica.
Este artículo se basa en información de Medical Xpress. Leer el artículo original.
Originally published on medicalxpress.com







