Comer una porción adicional de fruta al día se asoció con menores riesgos de síntomas de depresión y ansiedad entre adolescentes en un amplio estudio australiano que siguió a estudiantes durante la secundaria. La investigación no demuestra que la fruta prevenga los trastornos de salud mental, pero aporta evidencia longitudinal de que los patrones alimentarios cotidianos pueden ser relevantes para la salud mental adolescente.

El estudio, publicado en Child and Adolescent Mental Health, siguió a 6.537 adolescentes de 71 escuelas secundarias de Nueva Gales del Sur, Queensland y Australia Occidental. Al inicio del proyecto, los estudiantes tenían unos 12,5 años y completaron encuestas anuales desde Year 7 hasta Year 10.

Una asociación observada durante cuatro años

Los investigadores informaron que una porción diaria adicional de cualquier tipo de fruta se asociaba con un riesgo 13% menor de síntomas de depresión y un riesgo 7% menor de síntomas de ansiedad durante el periodo del estudio. Los participantes consumían un promedio de entre dos y 2,5 porciones de fruta al día.

El trabajo también halló que un mayor consumo de bebidas azucaradas se asociaba con mayores riesgos de depresión y ansiedad. Las bebidas examinadas incluían refrescos, concentrados de bebidas endulzados y bebidas deportivas. La asociación apareció tanto en hombres como en mujeres, aunque fue más fuerte entre los hombres, especialmente en el caso de la ansiedad.

Los resultados llegan en medio de una preocupación continua por la salud mental adolescente y por los cambios en las elecciones alimentarias de los jóvenes a medida que adquieren más independencia. Los investigadores se centraron en los años de secundaria porque son un periodo en el que pueden cambiar los hábitos alimentarios y aparecer muchos problemas de salud mental.

La alimentación es un factor, no una cura sencilla

La autora principal, Lily Davidson, investigadora posdoctoral del Matilda Centre for Research in Mental Health and Substance Use de la University of Sydney, subrayó que los resultados no deben interpretarse como una prescripción directa ni como una prueba de causa y efecto.

“No estamos diciendo que comer una manzana prevenga la depresión, ni que tomar un refresco cause ansiedad; la salud mental es mucho más compleja que eso”, dijo Davidson. Aun así, señaló que la alimentación es una parte de la vida de los jóvenes que potencialmente puede modificarse, por lo que la relación resulta importante desde la perspectiva de la prevención.

La distinción importa. Una asociación observada puede reflejar múltiples influencias, y este estudio no establece que cambiar el consumo de fruta o bebidas de un adolescente vaya a cambiar por sí mismo su resultado de salud mental. Su aportación consiste en seguir a los mismos jóvenes a lo largo del tiempo, en lugar de depender solo de una instantánea de la dieta y los síntomas en un único momento.

Por qué importa el diseño

Gran parte de las investigaciones anteriores que relacionan la dieta y la salud mental han sido transversales, es decir, miden la ingesta de alimentos y la salud mental al mismo tiempo. Estos estudios pueden identificar patrones, pero dificultan determinar qué ocurrió primero. Los datos del estudio Health4Life utilizados aquí permitieron examinar la ingesta alimentaria declarada y la aparición posterior de síntomas durante cuatro años escolares.

También son destacables el tamaño y la distribución geográfica de la cohorte. Participaron más de seis mil estudiantes de decenas de escuelas de tres estados australianos, lo que proporcionó a la investigación una amplia muestra escolar en lugar de un grupo clínico reducido.

Los resultados del estudio plantean una pregunta potencialmente útil para la salud pública: si la dieta puede tratarse como una parte modificable de esfuerzos más amplios de prevención de la salud mental en adolescentes. La respuesta requerirá más investigación, especialmente estudios diseñados para probar intervenciones y aclarar los mecanismos detrás de las asociaciones.

Implicaciones para escuelas y familias

Por ahora, la investigación respalda una interpretación prudente. No sustituye la atención de salud mental ni convierte ningún alimento en un tratamiento. Pero sugiere que las decisiones habituales sobre fruta y bebidas azucaradas merecen consideración junto con los numerosos factores sociales, ambientales y personales que afectan al bienestar de los jóvenes.

  • Una porción diaria adicional de fruta se asoció con menores riesgos de síntomas declarados de depresión y ansiedad.
  • Un mayor consumo de bebidas azucaradas se asoció con mayores riesgos de ambos tipos de síntomas.
  • El estudio siguió anualmente a los participantes durante cuatro años de secundaria.
  • Los autores advierten que los resultados muestran una asociación, no una prueba de que una elección alimentaria concreta cause o prevenga un resultado de salud mental.

A medida que los adolescentes tienen más control sobre lo que comen y beben, el estudio aporta evidencia de que la nutrición puede formar parte de conversaciones más amplias sobre prevención. También subraya la necesidad de comunicar el hallazgo con cuidado: en esta cohorte, el consumo de fruta y un menor riesgo de síntomas avanzaron juntos, pero la salud mental sigue siendo compleja y no puede reducirse a una sola decisión alimentaria.

Este artículo se basa en un informe de Medical Xpress. Leer el artículo original.

Originally published on medicalxpress.com