La enfermería hospitalaria suele medirse por lo que no sale mal: una infección que no ocurrió, una lesión por presión que se evitó o un incidente de seguridad del paciente que se previno. Un nuevo comentario en JAMA Internal Medicine sostiene que este enfoque deja invisible gran parte de la contribución de la enfermería.
Los autores piden a los sistemas sanitarios, pagadores y organismos de acreditación que adopten medidas de resultados sensibles a la enfermería que reflejen todo el alcance de la atención aguda y crítica. Su propuesta desplaza el énfasis de un recuento limitado de daños evitados hacia medidas capaces de mostrar cómo la vigilancia, el control de síntomas y la coordinación asistencial influyen en los pacientes.
El comentario estuvo dirigido por Martha A. Q. Curley, profesora del Departamento de Salud Familiar y Comunitaria de la Escuela de Enfermería de la Universidad de Pensilvania y titular de la cátedra Ruth M. Colket de Enfermería Pediátrica en el Children’s Hospital of Philadelphia. Sus coautoras son Lori Kennedy, de UC Davis Health y la Betty Irene Moore School of Nursing, y Laura Beth Kalvas, de Nationwide Children’s Hospital.
Lo que no captan las medidas actuales
Las medidas tradicionales de calidad siguen siendo importantes. Las infecciones adquiridas en el hospital y las lesiones por presión pueden revelar deficiencias graves en la atención y ofrecer objetivos de mejora. Pero el comentario afirma que estas medidas presentan la enfermería principalmente como una actividad defensiva: su valor se infiere cuando no aparece un resultado negativo.
Ese enfoque puede pasar por alto el trabajo continuo junto a la cama del paciente. Las enfermeras vigilan cambios sutiles, identifican síntomas, intervienen pronto, coordinan a los profesionales y apoyan a pacientes y familias en situaciones que cambian rápidamente. Estas acciones pueden evitar el deterioro, pero no quedan plenamente descritas por un sistema de calidad centrado sobre todo en eventos adversos.
Los autores sostienen que esta limitación también afecta al argumento económico a favor de invertir en enfermería. Si la calidad se evalúa principalmente mediante daños evitables, los hospitales pueden verse obligados a justificar la dotación de personal, la formación y el apoyo clínico mediante un cálculo negativo: el coste de un servicio frente al coste del problema que podría evitar. El comentario pide un enfoque que reconozca directamente las contribuciones clínicas positivas.
Una visión más amplia de los resultados
Los autores señalan nueve ámbitos fundamentales de práctica establecidos por el Panel de Expertos en Atención Aguda y Crítica de la American Academy of Nursing. Utilizan esos ámbitos como base para medir resultados sensibles a la práctica enfermera.
En lugar de considerar a las enfermeras simplemente como la última barrera contra el error, el enfoque propuesto examinaría el trabajo que ayuda a los pacientes a recibir atención oportuna y organizada. El comentario identifica específicamente la vigilancia, el control de síntomas y la coordinación asistencial como partes de la práctica enfermera que deberían reflejarse en la evaluación de calidad.
La vigilancia es importante porque los pacientes agudos y críticos pueden cambiar rápidamente. Detectar pronto un problema emergente puede influir en lo que ocurre después, incluida la velocidad de respuesta del equipo. El control de síntomas puede afectar la experiencia y la evolución clínica del paciente. La coordinación conecta las observaciones junto a la cama con las decisiones de médicos y otros miembros del equipo, y también ayuda a pacientes y familias a desenvolverse en el tratamiento.
Estos elementos no se presentan como sustitutos de las medidas de seguridad existentes. Los autores piden una imagen más completa: mantener la atención en la prevención de daños y, al mismo tiempo, medir lo que las enfermeras hacen activamente para apoyar la recuperación y la estabilidad.
Por qué la propuesta llega ahora
El llamamiento se produce en un contexto de alto agotamiento y rotación entre los profesionales sanitarios, según el comentario. Las decisiones sobre medición pueden influir en qué trabajos son visibles para los líderes y cuáles se consideran actividades de fondo. Un sistema que solo reconoce los fallos evitados puede no comunicar la amplitud de conocimientos necesaria en la enfermería aguda y crítica.
“Los datos impulsan la rendición de cuentas”, escriben los autores. Su argumento central es que la calidad de la enfermería debe evaluarse con datos que correspondan a la práctica enfermera, no únicamente con indicadores de lesión o fracaso.
Esto tiene implicaciones que van más allá de los paneles de información. Las medidas influyen en las prioridades institucionales, las conversaciones sobre pagos, la acreditación y las decisiones sobre dónde dirigir recursos. Si no representan el trabajo de las enfermeras, pueden ofrecer una base incompleta para juzgar la calidad o determinar la inversión.
Un llamamiento a la colaboración
Los autores invitan a sus colegas médicos a participar en la reforma de la evaluación de la calidad de la enfermería hospitalaria. La petición es relevante porque muchos resultados de la atención aguda y crítica son producidos por equipos, no por una sola profesión. Un marco sensible a la enfermería tendría que reconocer esa realidad y, al mismo tiempo, identificar las contribuciones que la práctica enfermera puede modificar de manera significativa.
Por tanto, el cambio propuesto no es simplemente pedir más métricas. Es pedir métricas que correspondan mejor al trabajo clínico que se evalúa. Deben ser suficientemente significativas para mostrar si los pacientes se benefician de la vigilancia, el control de síntomas y la coordinación de las enfermeras, en lugar de limitarse a registrar si ocurrió un daño fácilmente identificable.
Para los hospitales, el reto será traducir ese principio en medidas utilizables, creíbles y alineadas con la atención habitual. El comentario no afirma que sea sencillo. Sí sostiene claramente que el énfasis actual en los eventos adversos es demasiado limitado para representar todo el valor de la profesión.
Su conclusión es directa: la atención de enfermería no debe valorarse solo como la suma de los daños prevenidos. Los autores sostienen que debe evaluarse a través de los resultados del trabajo que las enfermeras realizan cada día para los pacientes.
Este artículo se basa en información de Medical Xpress. Leer el artículo original.
Originally published on medicalxpress.com







