Es posible que Venus deba su giro retrógrado a una violenta colisión temprana

Durante mucho tiempo, Venus ha destacado como una de las grandes rarezas de rotación del sistema solar. Gira de forma extraordinariamente lenta, tardando 248 días en completar una rotación sobre su eje, y lo hace en sentido contrario al de la mayoría de los planetas. Ahora, un nuevo estudio de modelización sugiere que este comportamiento tan extraño podría remontarse a un único acontecimiento antiguo: una colisión de alto ángulo con un impactador del tamaño de la Luna en la etapa temprana de la historia del planeta.

El trabajo se presentó en la reciente Asamblea General de la Unión Europea de Geociencias en Viena y fue informado por Universe Today. Según el reporte, el autor principal Cedric Gillmann, de ETH Zúrich, y sus colegas modelaron si un gran impacto podría alterar de forma sustancial el estado de rotación original de Venus. Su conclusión es que sí podría, siempre que el objeto impactara con alta velocidad y en el ángulo adecuado.

La colisión propuesta habría ocurrido dentro de los primeros 50 millones de años después de la formación de Venus, cuando el joven planeta aún evolucionaba hacia el mundo que observamos hoy.

Por qué Venus es un rompecabezas planetario tan singular

A Venus se le describe a menudo como el gemelo de la Tierra porque se parece a nuestro planeta en tamaño. Pero en casi todos los aspectos ambientales es profundamente diferente. El informe proporcionado señala temperaturas superficiales de unos 467 grados Celsius, una presión atmosférica unas 92 veces mayor que la de la Tierra y nubes de ácido corrosivo. Su rotación añade otra capa de extrañeza.

La mayoría de los planetas, incluida la Tierra, giran en la misma dirección general en la que orbitan el Sol. Venus gira de forma retrógrada, es decir, en la dirección opuesta. Además, lo hace a un ritmo excepcionalmente lento. Explicar tanto la dirección invertida como la lentitud ha sido un desafío persistente para los científicos planetarios.

Los nuevos modelos no pretenden resolver por completo el problema, pero ofrecen una manera de conectar la física de los impactos tempranos con el estado de rotación a largo plazo que se observa hoy.

Qué sugiere el nuevo modelado

Gillmann describió el proyecto como un intento de encontrar una condición inicial de rotación que pudiera evolucionar hasta el Venus actual. En las simulaciones reportadas, un impactador de aproximadamente una décima parte de la masa de Venus, que golpeara con un ángulo alto, bastaba para modificar drásticamente el giro del planeta joven.

Dependiendo de los parámetros exactos del impacto, la colisión podría ralentizar un Venus primitivo de rotación rápida hasta velocidades compatibles con una evolución a largo plazo hacia el giro lento de hoy. En casos tangenciales más energéticos, incluso podría empujar al planeta hacia una rotación retrógrada desde una etapa temprana, aunque aún más rápida de lo que se observa actualmente.

Esa distinción importa. Los modelos no parecen sostener que el impacto por sí solo creara instantáneamente el Venus moderno exactamente como es. Más bien, la colisión pudo haber fijado las condiciones iniciales a partir de las cuales la evolución posterior del planeta produjo el resultado observado.

La rotación no es la única consecuencia

El informe también señala que los impactos gigantes en las simulaciones produjeron océanos de magma en la superficie. Su profundidad varió según las propiedades de la colisión, desde una capa fundida relativamente somera de unos 100 kilómetros hasta un manto completamente fundido.

Ese resultado amplía la importancia de la idea. Una colisión importante no solo afectaría el giro de Venus; también incidiría en la evolución térmica e interna del planeta. Si se formó un amplio océano de magma y luego se enfrió con el tiempo, la tasa de pérdida de calor al espacio podría influir en cómo evolucionaron después la superficie y el interior.

En otras palabras, el escenario del impacto vincula la rotación con una historia más profunda sobre la estructura y la historia planetarias. El mismo evento que cambió la dirección o la velocidad del giro también pudo ayudar a moldear el estado interno del planeta a medida que maduraba.

Por qué importa el momento

El momento propuesto, dentro de los primeros 50 millones de años de formación de Venus, sitúa la colisión en una etapa en la que el sistema solar primitivo seguía siendo violento y abarrotado. Los grandes impactos no eran hechos excepcionales en esa época; formaban parte de cómo se ensamblaban, diferenciaban y a veces transformaban los planetas.

Eso hace plausible la hipótesis en un sentido más amplio de la ciencia planetaria. La propia historia de la Tierra incluye grandes colisiones, y los impactos gigantes ya forman parte de las explicaciones convencionales de varias características del sistema solar. La pregunta para Venus no es si tales colisiones ocurrieron en principio, sino si una de ellas puede explicar el estado de rotación específico que vemos ahora.

El nuevo modelado sostiene que la respuesta puede ser sí, al menos bajo un conjunto restringido de condiciones de impacto.

Un recordatorio de que la calma planetaria puede engañar

Una de las razones por las que Venus sigue siendo tan fascinante es que su apariencia actual puede ocultar la violencia de su pasado. Universe Today acompañó el informe con un recordatorio de que un disco planetario aparentemente sereno esconde un mundo de calor y presión extremos. Lo mismo podría ocurrir con su historia dinámica. Un planeta que ahora deriva por el cielo con un giro lento y retrógrado pudo haber sido remodelado en el pasado por un único encuentro catastrófico.

Lo mejor es considerar este nuevo trabajo como una hipótesis fuerte, no como un veredicto final. Conecta la rotación observada, la dinámica de impactos tempranos y las consecuencias internas en un marco coherente. Si futuras simulaciones y pruebas comparativas de la ciencia planetaria lo respaldan, el famoso y extraño día de Venus podría resultar ser una de las cicatrices más antiguas de una colisión del primer capítulo del sistema solar.

Este artículo se basa en un reportaje de Universe Today. Leer el artículo original.

Originally published on universetoday.com