Una enana blanca verde desafía una regla conocida

Los astrónomos han identificado lo que describen como la primera estrella verde: una enana blanca cuyo color inusual está relacionado con trazas de sodio en su atmósfera. El hallazgo sugiere que algunos restos estelares pueden mostrar una paleta más amplia de lo esperado.

Las enanas blancas son los restos densos que quedan después de la muerte de estrellas comparables al Sol. Su nombre refleja que las primeras observaciones solían mostrar estos objetos como cuerpos calientes, blancos o azul pálido. En general, los astrónomos han usado durante mucho tiempo el color de una estrella como guía de su temperatura: las más frías parecen naranjas, las similares al Sol parecen blancas y las más calientes se ven azul pálido.

La nueva investigación indica que esta imagen basada en la temperatura es incompleta en el caso de las enanas blancas. Algunas pueden verse verdes, rosas, cian, amarillas o moradas cuando sus atmósferas alteran la luz que emiten.

Cómo produce el sodio el color

El brillo verde no es simplemente una señal de que la estrella tenga otra temperatura superficial. En este caso, el sodio de la atmósfera absorbe la parte naranja del espectro y deja una apariencia verde. La observación ofrece otra forma de interpretar los colores de estos restos estelares.

Ilustración de una “estrella zombi” verde consumiendo un planeta
Ilustración de una estrella verde (Crédito: Robert Lea, creada con Canva)

Mark Hollands, director del equipo de investigación de la Universidad de Warwick, señaló que la mayoría de las estrellas, incluidas la mayoría de las enanas blancas, se comportan como “radiadores perfectos”, de modo que su color depende casi por completo de la temperatura. El trabajo del equipo apunta a situaciones en las que la composición atmosférica de una enana blanca puede producir colores que la temperatura por sí sola no predeciría.

El efecto está relacionado con la densidad extrema de las enanas blancas y con el material presente en sus atmósferas. En las condiciones adecuadas, estas estrellas pueden mostrar colores inesperados en lugar de los tonos blancos y azules relativamente uniformes asociados tradicionalmente con ellas.

Los restos planetarios pueden cambiar la atmósfera de una estrella muerta

El trabajo también relaciona esos colores con el destino de los sistemas planetarios. Una enana blanca puede acumular material rocoso procedente de planetas o restos planetarios. Los elementos resultantes en su atmósfera pueden cambiar qué longitudes de onda se absorben y cuáles permanecen visibles.

Eso convierte al objeto verde en algo más que una imagen astronómica llamativa. Es una prueba de que los restos de mundos rocosos pueden dejar huellas detectables en la luz de una estrella muerta. Según el equipo, el mismo proceso podría producir otros colores inusuales, incluidos el rosa, el cian, el amarillo y el morado.

Para el Sol, el escenario está muy lejano. Las estrellas del tamaño del Sol acabarán convirtiéndose en enanas blancas, pero solo después de miles de millones de años. La nueva investigación sugiere que, si una futura enana blanca acumulara material planetario rocoso, su apariencia podría estar determinada por ese material y no solo por la temperatura.

Ocho esferas de diferentes colores
Imágenes simuladas y precisas en color de enanas blancas. (Crédito: Mark Hollands/Universidad de Warwick)

Por qué importa el descubrimiento

El color estelar es una de las mediciones más accesibles de la astronomía, pero puede codificar una física compleja. La enana blanca verde muestra que el color no siempre puede interpretarse como una simple escala de temperatura, especialmente en restos compactos cuyas atmósferas han sido afectadas por material acumulado.

También ofrece una posible herramienta de observación. Si los elementos atmosféricos alteran la luz de una enana blanca de maneras distintivas, los astrónomos podrían usar colores inusuales para investigar la composición del material que rodea o cae sobre estas estrellas.

El resultado amplía la diversidad esperada de las enanas blancas. La población que antes parecía ampliamente uniforme, formada por restos blancos o azul pálido, podría incluir objetos cuyos colores revelen tanto la química atmosférica como los restos de sistemas planetarios.

Por ahora, el brillo verde es un ejemplo vívido de cómo la vida posterior de una estrella puede verse influida por los mundos que la rodean. Una enana blanca puede ser el punto final de una estrella parecida al Sol, pero todavía puede interactuar con restos planetarios, y esa interacción puede hacer que parezca distinta de los colores estelares previstos.

Este artículo se basa en informaciones de Space.com. Leer el artículo original.

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