Un naufragio que podría batir un récord
Los arqueólogos que trabajan frente a la costa mediterránea de Turquía creen que un naufragio recién estudiado podría tener unos 4.500 años —lo suficiente para convertirse en el naufragio más antiguo conocido del mundo si se confirma su datación preliminar.
El naufragio fue hallado en aguas poco profundas cerca de Kekova, al oeste de Antalya. Tras milenios bajo el agua, queda muy poco de la embarcación, pero el cargamento de cerámica recuperado en el yacimiento ha llevado al equipo de investigación a situarlo provisionalmente entre aproximadamente 2700 y 2400 a. C. Eso lo situaría en la Edad del Bronce Antiguo y lo haría más antiguo que el naufragio conocido más antiguo citado hasta ahora, frente a Dokos, en Grecia, que se cree que data de hace unos 4.200 años.
El hallazgo sigue siendo provisional. El equipo afirma que la fecha exacta aún está en estudio y que el artículo que presenta los resultados todavía no se ha publicado en una revista científica con revisión por pares. Esa cautela es importante: la diferencia entre un extraordinario descubrimiento marítimo temprano y un referente histórico firme dependerá de nuevos análisis de la cerámica, el yacimiento y su contexto arqueológico.
Pistas de una embarcación desaparecida
El descubrimiento fue realizado por un equipo asociado con el arqueólogo Hakan Öniz, de la Universidad de Akdeniz, que lleva décadas trabajando en naufragios a lo largo de este tramo de costa. A partir de información proporcionada por marineros locales, Öniz localizó el yacimiento en 2024. A comienzos de 2026, pidió a la arqueóloga Karin Sowada que ayudara a datar los recipientes de cerámica recuperados del naufragio.
En la arqueología marítima antigua, un cargamento puede ser a veces más resistente y más informativo que el barco que lo transportaba. La madera, el aparejo y otros materiales orgánicos son vulnerables al deterioro, especialmente cuando las condiciones de conservación son desfavorables. La cerámica, en cambio, puede sobrevivir miles de años y compararse con recipientes procedentes de yacimientos datados en tierra y en el mar.

En eso se basa la estimación actual del equipo. Los investigadores no han presentado el naufragio como un resultado plenamente establecido; señalan que aún son posibles fechas a ambos lados del intervalo inicial. Por tanto, el descubrimiento debe entenderse como una sólida evaluación preliminar, no como una revisión definitiva del registro arqueológico.
Por qué importa la fecha
Si se mantiene el intervalo de 2700–2400 a. C., el naufragio de Kekova ofrecería una evidencia excepcionalmente directa del transporte marítimo en una época en la que comenzaban a formarse las redes comerciales del Mediterráneo oriental. La Edad del Bronce Antiguo incluyó importantes desarrollos urbanos y políticos en partes del Mediterráneo y el Próximo Oriente, pero las pruebas físicas de los barcos que conectaban las comunidades costeras son escasas.
Un buque de carga de este periodo aportaría un punto de referencia concreto para estudiar cómo se desplazaban materiales, bienes e ideas entre regiones. Los arqueólogos podrían utilizarlo para preguntar de dónde procedía su cargamento, adónde se dirigía, qué tipos de intercambio representaba y hasta dónde se habían desarrollado las rutas marítimas en el tercer milenio a. C.
El naufragio también podría ayudar a aclarar la escala de la navegación temprana. El comercio a larga distancia suele reconstruirse a partir de la aparición de objetos importados en los asentamientos. Un naufragio sitúa los bienes dentro del propio sistema de transporte, lo que permite investigar las realidades prácticas tras esas conexiones: el diseño de la embarcación, la elección del cargamento, las rutas costeras y los riesgos del viaje.

Un hallazgo que requiere más trabajo
Las afirmaciones sobre una antigüedad extraordinaria requieren pruebas especialmente cuidadosas. Los arqueólogos tendrán que precisar la datación, documentar toda la colección de materiales del yacimiento y evaluar si todos los objetos recuperados pertenecen al mismo episodio de uso y pérdida. La ausencia de restos visibles del barco complica el trabajo, ya que los investigadores deben basarse en gran medida en el cargamento y el contexto subacuático.
La conservación es otra parte importante del proceso. Recuperar material de un yacimiento arqueológico sumergido exige técnicas muy diferentes de las utilizadas en una excavación terrestre. Los objetos deben estabilizarse y estudiarse de manera que se preserve la evidencia, en lugar de alterarla inadvertidamente.
No obstante, el yacimiento tiene potencial para convertirse en un importante punto de referencia para la arqueología de la Edad del Bronce. Incluso antes de una publicación revisada por pares, la fecha propuesta pone de relieve cuánto queda por aprender de unas costas que sirvieron como corredores de movimiento mucho antes de que los registros escritos las describieran en detalle.
Qué ocurrirá a continuación
La próxima tarea de los investigadores no consiste simplemente en establecer si el naufragio es más antiguo que el de Dokos. Consiste en construir una explicación defendible de la embarcación, su cargamento y su lugar en el mundo del Mediterráneo oriental. Eso implica afinar la cronología y determinar qué puede revelar la cerámica sobre el viaje que terminó frente a Kekova.
Por ahora, el descubrimiento se describe mejor como candidato a ser el naufragio conocido más antiguo del mundo. Si las investigaciones posteriores respaldan la estimación inicial, podría retrasar varios siglos la cronología de las pruebas arqueológicas directas sobre la navegación mediterránea y ofrecer una ventana excepcional a las redes comerciales de la Edad del Bronce Antiguo.
Este artículo se basa en un reportaje de Phys.org. Leer el artículo original.
Originally published on phys.org







