Investigadores de la Universidad de Würzburg han revisado las pruebas relacionadas con la rápida aparición mundial de Candida auris, una levadura identificada por primera vez en 2009 que desde entonces se ha convertido en un patógeno humano grave. Su revisión, publicada en mSphere, examina alrededor de 180 estudios y considera las condiciones ambientales que podrían haber ayudado a transformar un hongo poco conocido en un problema sanitario mundial.

La conclusión central es deliberadamente cautelosa. La revisión no demuestra que el cambio climático haya hecho que C. auris se vuelva infecciosa para las personas. Pero encuentra indicios de que el calentamiento podría ser un factor contribuyente plausible, junto con otros cambios ambientales impulsados por la actividad humana, incluido el uso de fungicidas agrícolas.

Por qué importa la temperatura en las enfermedades fúngicas

Los hongos son extraordinariamente diversos: los investigadores citan estimaciones de entre 3 y 5 millones de especies en la Tierra. Sin embargo, solo unos pocos cientos pueden infectar a los seres humanos. La temperatura es una barrera importante. La mayoría de los hongos no puede crecer a los aproximadamente 37 °C del cuerpo humano.

Esta limitación es fundamental para la preocupación de la revisión. Si el calentamiento ambiental favorece a los hongos capaces de tolerar temperaturas más elevadas, potencialmente más especies podrían colonizar a las personas. Los autores presentan esto como un mecanismo de riesgo, no como una explicación definitiva de la aparición de C. auris.

Desde este enfoque, C. auris no es simplemente un brote aislado que deba entenderse a posteriori. Puede ser una señal para examinar cómo las presiones ambientales alteran los rasgos que los hongos necesitan para sobrevivir en huéspedes humanos. La cuestión no es si todos los hongos tolerantes al calor se convertirán en patógenos, sino si podrían cambiar los filtros ambientales que históricamente limitaron las infecciones fúngicas.

Un patógeno que apareció en varios continentes

Candida auris se descubrió por primera vez en Japón en 2009, en el oído de un paciente; su nombre se traduce como “levadura del oído”. En solo unos años, se había detectado simultáneamente en varios continentes, en distintos linajes genéticos. La revisión señala que, en biología evolutiva, este patrón indica una aparición mundial a través de múltiples linajes, más que una simple expansión desde una única fuente conocida.

Candida auris: ¿un presagio de especies fúngicas aún más peligrosas?
Resumen visual de las influencias ambientales hipotetizadas que convirtieron a C. auris en el patógeno que observamos hoy. Crédito: mSphere (2026). DOI: 10.1128/msphere.00109-26

Su hábitat original sigue siendo desconocido. Se consideran posibilidades las zonas costeras, los humedales y otros entornos salinos. Esta historia ecológica ausente dificulta una explicación sencilla sobre su origen. También significa que los investigadores deben sopesar varias explicaciones de por qué el patógeno apareció tan repentinamente y se propagó con tanta rapidez.

La revisión del equipo de Würzburg sitúa el cambio climático entre esas explicaciones, no por encima de las demás como una respuesta demostrada. También se analizan otros cambios antropogénicos, como el uso de fungicidas en la agricultura. Por tanto, el enfoque de los autores es menos una declaración de causalidad que una síntesis de incertidumbres, pruebas y prioridades de investigación.

Qué cambia con la revisión

La revisión desplaza la atención hacia la prevención y la vigilancia. Si la capacidad de soportar temperaturas más elevadas es un obstáculo importante que separa a muchos hongos ambientales de la infección humana, el seguimiento de los cambios ecológicos podría ser relevante para la preparación de la salud pública. Identificar los reservorios naturales de C. auris también ayudaría a los investigadores a poner a prueba explicaciones contrapuestas sobre su aparición.

El trabajo subraya un desafío más amplio: las amenazas fúngicas quizá no se manifiesten de la misma forma que los brotes virales conocidos. Sus riesgos pueden estar determinados por la adaptación ambiental, hábitats poco comprendidos y cambios en la actividad humana que se acumulan con el tiempo.

Por ahora, el mensaje más contundente combina cautela científica y urgencia. Las pruebas disponibles no demuestran que el cambio climático haya hecho infecciosa a C. auris. Sin embargo, sí ofrecen razones para investigar si un entorno más cálido y otras presiones impulsadas por la actividad humana están cambiando el límite entre los hongos ambientales y las enfermedades humanas.

Puntos clave

  • La revisión analizó aproximadamente 180 estudios sobre Candida auris.
  • La mayoría de los hongos no puede crecer a la temperatura corporal humana, una barrera que podría verse afectada por la adaptación a condiciones más cálidas.
  • C. auris se identificó por primera vez en Japón en 2009 y posteriormente apareció en varios continentes en linajes genéticos distintos.
  • Su hábitat original sigue siendo desconocido, y el cambio climático es una de varias explicaciones consideradas.

Este artículo se basa en un reportaje de Phys.org. Leer el artículo original.

Originally published on phys.org