Los datos de campo a largo plazo apuntan a una alimentación medicinal selectiva

Investigadores que estudian orangutanes de Borneo en Borneo indonesio han encontrado evidencia de que los grandes simios podrían estar usando plantas de maneras que se asemejan a la automedicación. A partir de 20 años de observaciones en un bosque pantanoso de turba en Kalimantan Central, el equipo examinó con qué frecuencia los orangutanes consumían plantas con propiedades medicinales conocidas y si esas plantas aparecían juntas en patrones significativos.

El estudio, publicado en Scientific Reports, no afirma que los orangutanes diagnostiquen enfermedades en un sentido humano. Pero sí informa algo más específico que la alimentación oportunista: ciertas plantas con propiedades antimicrobianas, antiinflamatorias o cicatrizantes aparecieron en combinaciones y secuencias más frecuentes de lo que predeciría el azar por sí solo.

Esta distinción importa. Los animales comen una amplia gama de plantas por calorías, fibra y micronutrientes. El nuevo trabajo sugiere que algunas elecciones de plantas pueden cumplir una función adicional. Varias de las especies señaladas por los investigadores no son alimentos básicos importantes en la dieta general de los orangutanes, lo que debilita la explicación más simple de que se comen solo porque son comunes o especialmente nutritivas.

Lo que realmente encontraron los investigadores

Georgia Allen, que dirigió el estudio como parte de un programa de maestría en conservación y biodiversidad en la Universidad de Exeter, dijo que el equipo aún no puede afirmar que los orangutanes estén tratando conscientemente condiciones específicas. La evidencia apunta, más bien, a patrones selectivos de consumo que van más allá de la nutrición ordinaria.

Según el resumen del estudio, algunas especies de plantas aparecieron en la dieta de los orangutanes con mucha más frecuencia de la esperada por azar. Se sabe que esas plantas contienen compuestos vinculados con efectos antimicrobianos, antiinflamatorios o cicatrizantes. Ese patrón es coherente con el uso de recursos medicinales, especialmente cuando se combina con el hecho de que las plantas implicadas no son alimentos cotidianos dominantes.

En la práctica, eso significa que los investigadores no solo argumentan que los orangutanes a veces comen plantas útiles. Argumentan que los simios podrían combinar o secuenciar esas plantas de maneras repetibles que podrían producir beneficios para la salud. El hallazgo añade matices a un cuerpo creciente de investigación sobre comportamiento animal que muestra que la selección de alimentos puede solaparse con el manejo de enfermedades.

Parte de un patrón animal más amplio

La automedicación ya ha sido documentada o fuertemente sugerida en varios otros primates. Los chimpancés, por ejemplo, son conocidos por consumir plantas que pueden reducir las infecciones parasitarias internas. También se han observado comportamientos similares en bonobos, gibones y gorilas. Los hallazgos sobre orangutanes encajan en ese patrón más amplio, al tiempo que lo amplían con una larga ventana de observación y un enfoque en combinaciones de recursos medicinales más que en el uso de una sola planta.

Ese es un paso significativo. Si la misma planta aparece repetidamente junto a otras especies biológicamente activas, los investigadores pueden empezar a preguntarse si los animales están aprovechando efectos complementarios. Incluso sin demostrar intención, las combinaciones repetidas no aleatorias sugieren una interacción más estructurada con la farmacopea del bosque de lo que suelen captar los estudios de alimentación.

El estudio también destaca el valor de la observación de campo a largo plazo. Los comportamientos ligados a la salud pueden ser esporádicos, estacionales o estar asociados con condiciones difíciles de observar directamente. Las ventanas de estudio breves pueden pasar por alto por completo esos patrones. Un conjunto de datos que abarque dos décadas da a los investigadores una mejor oportunidad de distinguir la alimentación rutinaria de un comportamiento más raro y específico.

Orangutans seek out medicinal plants
Orangután de Borneo alimentándose en un árbol. Crédito: Georgia Allen

Por qué esto importa más allá del comportamiento de los orangutanes

Las implicaciones se extienden a la conservación y a la investigación biomédica. Algunas de las plantas que comen los orangutanes también se utilizan con fines medicinales en comunidades indígenas locales. Ese solapamiento no demuestra que los simios y las personas utilicen las plantas para los mismos fines, pero sí refuerza el caso de que estas especies forestales contienen compuestos bioactivos con efectos reales.

También subraya un tema recurrente en la ciencia de la biodiversidad: el conocimiento ecológico está distribuido tanto en las tradiciones humanas como en el comportamiento no humano. Preservar los hábitats protege no solo a las especies, sino también la red de relaciones a través de la cual puede descubrirse e interpretarse conocimiento biológico útil.

Para los conservacionistas, el estudio ofrece otra razón para proteger los bosques pantanosos de turba de Borneo. Estos ecosistemas ya están bajo presión por los cambios en el uso del suelo y la degradación. Si además son reservorios de plantas medicinales usadas por grandes simios en peligro, la pérdida de hábitat se convierte en una amenaza directa para un repertorio de comportamiento que puede haber tardado generaciones en desarrollarse o transmitirse.

Los investigadores señalan que aún no está claro cómo aprenden este comportamiento los orangutanes. En el resumen del estudio destacan dos posibilidades: el instinto y la transmisión social a lo largo de muchas generaciones. No son mutuamente excluyentes. Una predisposición a probar ciertas plantas podría reforzarse mediante la observación, las condiciones ecológicas locales o tradiciones de alimentación heredadas dentro de las poblaciones.

Qué demuestra el estudio y qué no

La interpretación más sólida de la investigación es también la más cuidadosa. El estudio respalda la idea de que los orangutanes consumen selectivamente plantas medicinales en combinaciones y secuencias no aleatorias. No establece que los animales comprendan las enfermedades de una manera similar a la humana, ni demuestra una relación causal directa entre una determinada combinación de plantas y una recuperación observada de la enfermedad.

Ese cuidado es importante porque las afirmaciones sobre medicina animal pueden exagerarse con facilidad. Aun así, la evidencia parece lo bastante sólida como para cambiar la conversación. En lugar de preguntar solo si los orangutanes alguna vez consumen plantas medicinales, los científicos pueden ahora preguntar cuándo lo hacen, en qué combinaciones y bajo qué condiciones físicas o ambientales.

Ese es el tipo de preguntas que convierte anécdotas intrigantes en una ciencia más profunda del comportamiento de salud animal. Si futuros trabajos vinculan secuencias concretas de alimentación con heridas visibles, estrés digestivo, riesgo de infección o presión estacional de enfermedades, el caso de la automedicación en orangutanes será mucho más específico.

Por ahora, el nuevo estudio da peso a una posibilidad convincente: uno de los parientes más cercanos de la humanidad quizá esté navegando su entorno no solo como fuente de alimento, sino como una farmacia viva. Esa idea es científicamente útil, relevante para la conservación y un recordatorio de que el comportamiento sofisticado relacionado con la salud no empieza ni termina con los humanos.

Este artículo se basa en la cobertura de Phys.org. Lee el artículo original.

Originally published on phys.org