Una estrategia de defensa a cámara lenta
Los robles podrían tener una defensa contra los herbívoros más sutil de lo que los investigadores habían apreciado hasta ahora. Según un informe de New Scientist sobre una nueva investigación, los árboles muy dañados por orugas pueden responder al año siguiente retrasando la apertura de las yemas unos tres días. Ese cambio es pequeño en el calendario, pero grande en su efecto ecológico. Cuando las orugas nacen en su momento habitual y las tiernas hojas jóvenes de las que dependen aún no están disponibles, muchas mueren y el daño foliar se reduce de forma drástica.
El hallazgo añade un mecanismo llamativo, basado en el tiempo, al catálogo de defensas vegetales. Ya se sabe que los robles pueden producir hojas más duras de masticar o compuestos aromáticos que quizá atraigan organismos que se alimentan de las orugas. Pero los investigadores sostienen que retrasar la apertura de las yemas puede ser incluso más eficaz que esas otras estrategias porque altera el propio ciclo de vida del insecto.
Cómo lo vieron los investigadores
El estudio, dirigido por Soumen Mallick en la Universidad de Wurzburgo, en Alemania, analizó las condiciones del dosel arbóreo mediante imágenes satelitales de radar Sentinel-1 en un área de 2.400 kilómetros cuadrados del norte de Baviera entre 2017 y 2021. Los bosques de la región estudiada estaban dominados por dos especies de roble: el roble albar o roble inglés y el roble albar sessil o roble común.
Cada píxel de los datos satelitales representaba un área de 10 por 10 metros, aproximadamente del tamaño de la copa de un solo árbol, y el equipo examinó 27.500 píxeles. Esa escala es importante porque permitió a los investigadores seguir patrones amplios de daño en el dosel y de sincronización estacional en un paisaje extenso, en lugar de depender solo de un conjunto más pequeño de observaciones de campo.
El experimento natural llegó en 2019, cuando las orugas de la polilla gitana sufrieron una gran explosión poblacional en la región. Estos insectos se alimentan de hojas y pueden causar una defoliación severa cuando son abundantes. Al vincular la evidencia satelital de gran pérdida de hojas con el momento de la recuperación del dosel la primavera siguiente, los investigadores pudieron observar cómo cambiaba el comportamiento de los árboles previamente dañados.



