Una de las mayores estructuras de impacto conocidas de Estados Unidos podría ser mucho más joven de lo que los científicos creían. Un nuevo análisis de cristales de circón del cráter enterrado de Ames, en el noroeste de Oklahoma, fecha el impacto en hace unos 370 millones de años, cerca del evento de extinción masiva Frasniense-Fameniense.
La cronología revisada cambia el contexto científico de esta estructura de 10 millas, o 16 kilómetros, de ancho. Hasta ahora, el cráter de Ames se había asociado con el evento meteórico del Ordovícico, ocurrido hace aproximadamente 467 millones de años. La nueva fecha es unos 97 millones de años posterior, lo que significa que el impacto pudo coincidir con uno de los grandes intervalos de extinción global de la historia de la Tierra.
El estudio no demuestra que el impacto causara la extinción. Sin embargo, sitúa un impacto considerable en el mismo periodo general y plantea la posibilidad de que contribuyera a la alteración ambiental en un momento en que la vida marina sufría una presión extrema.
Un cráter oculto bajo Oklahoma
El cráter de Ames no es visible desde el suelo. Cuando el objeto impactó, la región que hoy es Oklahoma se encontraba bajo un mar poco profundo. Posteriormente, los sedimentos rellenaron y enterraron la depresión resultante, sin dejar una característica evidente en la superficie para los observadores modernos.
La estructura no se descubrió hasta 1991, cuando unos exploradores petrolíferos perforaron en ella. Con unos 10 millas de diámetro, es la cuarta estructura de impacto más grande de Estados Unidos, según el informe. Se estimó que el impactor tenía una altura comparable a la Torre Eiffel y que chocó a más de 70.000 millas por hora, o 110.000 kilómetros por hora.

La descripción transmite la fuerza implicada, pero es la geología del cráter la que permite a los investigadores reconstruir su pasado. Las rocas del interior y los alrededores de una estructura de impacto pueden conservar pruebas de choque y deformación extremos incluso después de que el paisaje haya quedado cubierto por capas de sedimentos más jóvenes.
Por qué los cristales de circón cambiaron la fecha
La datación anterior procedía de fósiles de animales marinos encontrados dentro y alrededor del cráter. Esos fósiles se dataron en el evento meteórico del Ordovícico, un periodo de hace unos 467 millones de años en el que se cree que un número inusualmente elevado de objetos grandes impactó contra la Tierra. Ese patrón pudo estar relacionado con la fragmentación de un cuerpo progenitor en el espacio.
En el nuevo trabajo, publicado en julio en Meteoritics and Planetary Science, los investigadores examinaron los patrones de fractura de diminutos cristales de circón incrustados en el cráter subterráneo. El circón es un mineral resistente capaz de conservar un registro de acontecimientos geológicos. El daño a escala cristalina analizado por el equipo indicó que el impacto ocurrió hace unos 370 millones de años, y no durante el evento ordovícico.
El resultado revisado recuerda que las rocas que rodean un cráter pueden contar una historia más compleja que los fósiles por sí solos. Los fósiles pueden establecer la edad de los sedimentos depositados en una región, pero no necesariamente ofrecen una fecha directa del momento del impacto. Un registro mineral vinculado a la fuerza de la colisión puede proporcionar una restricción más directa.
Un nuevo contexto: la extinción Frasniense-Fameniense
La nueva edad sitúa el impacto de Ames durante el evento de extinción masiva Frasniense-Fameniense. La fuente describe ese intervalo como uno de los mayores eventos de extinción global de la historia de la Tierra. La coincidencia es científicamente importante porque los grandes impactos pueden producir consecuencias regionales y globales abruptas, dependiendo de su tamaño, ubicación y de las condiciones del planeta en ese momento.
Pero la coincidencia cronológica no prueba la causalidad. Las extinciones masivas suelen ser episodios complejos que se desarrollan en medio de cambios en el clima, los océanos, los ecosistemas y la química atmosférica. El nuevo análisis respalda una reevaluación del lugar del cráter de Ames en ese periodo, pero no determina cuánto, si es que algo, contribuyó el impacto a la extinción.

La distinción importa. Los cráteres de impacto pueden parecer candidatos tentadores para explicar de forma sencilla las crisis biológicas, especialmente cuando sus fechas coinciden con límites de extinción. Establecer un vínculo causal requiere pruebas que vayan más allá de una coincidencia de edades, incluida una cronología precisa y señales de que el impacto generó cambios ambientales capaces de afectar a la vida a escala mundial.
Qué significa la nueva edad para la historia de los impactos
La revisión retira Ames del conjunto de impactos del Ordovícico donde se había situado durante mucho tiempo. También añade una estructura de impacto estadounidense importante al registro del Devónico tardío. El cambio podría afectar a la interpretación de ambos periodos: el evento ordovícico pierde un integrante, mientras que el intervalo Frasniense-Fameniense gana un impacto datado recientemente.
El valor más amplio del hallazgo es tanto metodológico como histórico. Los cráteres enterrados son un desafío habitual en la geología planetaria porque la erosión, la sedimentación y los cambios tectónicos pueden borrar su forma original. Ames es un ejemplo especialmente claro de cómo un impacto puede desaparecer de la superficie mientras deja un registro recuperable bajo ella.
A medida que los científicos sigan afinando las edades de las antiguas estructuras de impacto, la cronología de las colisiones terrestres probablemente continuará cambiando. Cada revisión puede modificar la relación aparente entre impactos y acontecimientos biológicos o climáticos. En el caso del cráter de Ames, una estructura que se creía perteneciente a un bombardeo ordovícico ahora parece situarse junto a una crisis de extinción mucho más tardía.
El resultado convierte un cráter oculto de Oklahoma en una nueva pregunta para la investigación de la historia de la Tierra. El siguiente paso clave no es asumir una causa directa, sino comprobar qué consecuencias pudo producir este impacto y si esas consecuencias son visibles en el registro geológico del mundo del Devónico tardío.
Este artículo se basa en información publicada por Live Science. Leer el artículo original.
Originally published on livescience.com







