Un raro contacto militar entre ambos países llega en un momento político tenso

El principal general de EE. UU. responsable de las fuerzas en América Latina mantuvo el viernes una rara reunión con altos funcionarios militares cubanos cerca del perímetro de la Estación Naval de EE. UU. en la bahía de Guantánamo, según el ejército estadounidense y declaraciones cubanas citadas en el informe facilitado. La conversación tuvo un alcance limitado, pero el simbolismo fue mayor: el contacto militar directo entre Washington y La Habana sigue siendo inusual, especialmente en un momento de creciente suspicacia en la isla y de renovada presión por parte de Estados Unidos.

El Comando Sur de EE. UU. dijo que el general de la Infantería de Marina Francis Donovan habló brevemente sobre asuntos de seguridad operativa con una delegación cubana que incluía al general Roberto Legra Sotolongo, primer viceministro del jefe del Estado Mayor General. Donovan también realizó una evaluación de seguridad perimetral de la base y habló sobre protección de la fuerza, la seguridad de los militares y sus familias, y la preparación operativa con autoridades de la base.

Lo que dijeron ambas partes

La versión estadounidense hizo hincapié en la seguridad y la preparación de la base. Las Fuerzas Armadas cubanas, en una declaración en Facebook citada en el informe, dijeron que la reunión tuvo lugar por mutuo acuerdo, se centró en la seguridad alrededor del perímetro divisorio del enclave militar y terminó con ambas partes de acuerdo en mantener la comunicación entre los dos mandos.

Ese solapamiento importa. Incluso cuando las relaciones más amplias están tensas, la seguridad perimetral en la bahía de Guantánamo es una de las pocas áreas en las que ambos gobiernos tienen incentivos para mantener funcionales los canales. La comunicación táctica puede reducir el riesgo de malentendidos incluso si la relación estratégica sigue siendo hostil.

Por qué importa el momento

El informe facilitado describe la reunión como la primera, en la memoria reciente, de un jefe del Comando Sur. También señala que el contacto se produce en medio de crecientes preocupaciones en Cuba por un posible ataque militar de EE. UU. En ese contexto, incluso una reunión de seguridad limitada tiene valor de señalización.

El encuentro sigue a otro contacto poco frecuente: una visita a La Habana a principios de mayo del director de la CIA, John Ratcliffe, según el informe. También ocurre cuando se describe al presidente Donald Trump como intensificando la presión sobre Cuba y sugiriendo que la isla podría convertirse en un foco mayor de la política estadounidense tras la guerra con Irán.

Una agenda limitada dentro de una confrontación más amplia

Nada de esto significa que las relaciones entre EE. UU. y Cuba estén mejorando. El panorama general en el informe apunta en la dirección contraria. Se describe a Washington como alguien que aumenta de forma constante la presión sobre La Habana, respaldado en parte por la política de línea dura de los cubanoamericanos en Florida. El artículo también menciona los cargos formales de asesinato de EE. UU. contra el expresidente cubano Raul Castro por el derribo, en 1996, de aeronaves civiles, otra señal de una postura marcadamente confrontativa.

Eso es lo que hace notable la reunión en Guantánamo. Se sitúa en la intersección entre hostilidad y necesidad. Dos estados adversarios aún pueden encontrar razones para hablar cuando un perímetro armado, una historia disputada y fuerzas activas existen lado a lado.

Lo que la reunión probablemente cambia y lo que no

Probablemente ayuda a ambos ejércitos a conservar un canal práctico sobre asuntos locales de seguridad. También puede ayudar a cada parte a medir la postura de la otra alrededor de Guantánamo en un momento en que la retórica y la ansiedad son elevadas. Pero no hay evidencia en el material facilitado de que la reunión señale un reinicio diplomático más amplio.

La lectura más defendible es que se trató de un intercambio controlado y funcional en una relación por lo demás definida por la desconfianza. Esos contactos pueden ser importantes precisamente porque son limitados. En asuntos militares, la comunicación modesta suele ser valiosa no porque resuelva disputas, sino porque reduce las probabilidades de que escalen por una mala interpretación o un accidente.

Por ahora, la importancia radica menos en cualquier avance anunciado que en el hecho de que la reunión ocurrió. Cerca de la bahía de Guantánamo, donde la historia, el simbolismo y la postura de fuerza están estrechamente entrelazados, incluso una breve conversación sobre la seguridad perimetral puede resonar más allá de su agenda declarada.

Este artículo se basa en la cobertura de Defense News. Leer el artículo original.

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