Una empresa de baterías cambia de rumbo

SES AI, una empresa con sede en Massachusetts que pasó años desarrollando baterías avanzadas de litio metálico para vehículos eléctricos, está dando un giro estratégico importante. En lugar de apostar su futuro a la fabricación de baterías a gran escala, la compañía ahora se está concentrando en el descubrimiento de materiales basado en IA, mientras sigue fabricando baterías solo para mercados más pequeños, como los drones.

El cambio es notable porque refleja una realidad más amplia del sector. El director ejecutivo Qichao Hu describió la economía del negocio sin rodeos, diciendo que la mayoría de las empresas occidentales de baterías han fracasado o están en camino de fracasar. A su juicio, construir un negocio de fabricación sostenible en Occidente se ha vuelto extraordinariamente difícil. Esa evaluación dura, sea o no universalmente cierta, ayuda a explicar por qué SES AI se está reposicionando en torno al software, las licencias y el desarrollo de materiales en lugar de la producción de celdas a gran volumen.

De una química prometedora a un mercado más reducido

Los orígenes de la empresa se remontan al MIT, donde la investigación de posgrado de Hu se centró en baterías para la exploración de petróleo y gas. El objetivo era construir celdas que pudieran soportar temperaturas superiores a 120 grados Celsius y ofrecer un rendimiento más duradero bajo tierra. El equipo eligió una arquitectura de polímero sólido de litio metálico, usando litio metálico como ánodo y un polímero como electrolito.

Esa química prometía una densidad energética significativamente mayor que la de las baterías convencionales de iones de litio, que por lo general usan ánodos de grafito y electrolitos líquidos. La idea subyacente se convirtió en la base de Solid Energy, la startup que Hu fundó en 2012. Recibió su primera inversión privada en 2013 y, con el tiempo, cambió su atención de los usos industriales subterráneos a los vehículos eléctricos a medida que ese mercado se expandía.

Después de modificar la química para que funcionara mejor a temperaturas más bajas, la empresa construyó una planta piloto en Massachusetts. En aquel momento, la ambición encajaba en una narrativa más amplia del sector: las startups de baterías avanzadas en Estados Unidos y Europa esperaban abastecer el próximo auge de los EV con químicas de nueva generación que pudieran superar a las celdas actuales.

Por qué el giro importa más allá de una sola empresa

La nueva dirección de SES AI sugiere que el caso de negocio para construir producción avanzada de baterías a gran escala fuera de las cadenas de suministro asiáticas dominantes se ha vuelto más difícil, no más fácil. La empresa no está abandonando por completo las baterías, pero sí se está alejando de la parte más intensiva en capital del negocio. En su lugar, está dando prioridad a una plataforma de descubrimiento de materiales para baterías que podría licenciarse a terceros o usarse para desarrollar materiales destinados a la venta.

Esa es una distinción significativa. Fabricar baterías a escala requiere enormes cantidades de capital, acceso estable a materias primas, experiencia en procesos y una cadena de suministro que pueda sostener al mismo tiempo objetivos de calidad y coste. El descubrimiento de materiales, en cambio, sigue siendo técnicamente exigente, pero puede requerir una infraestructura física más ligera y encajar mejor en un modelo al estilo software basado en herramientas, licencias y propiedad intelectual.

El cambio también llega en un momento delicado para la industria de baterías para EV. Según el texto de origen, algunas de las principales empresas estadounidenses de baterías para EV han cerrado en los últimos meses, mientras que otras están realizando cambios estratégicos drásticos. Esos fracasos y repliegues plantean una pregunta tanto geopolítica como empresarial: si las empresas occidentales siguen teniendo problemas con la economía de la fabricación, ¿quién controla la tecnología y la base de producción detrás del transporte electrificado?

La IA como estrategia de supervivencia

SES AI no presenta la IA como un proyecto secundario. Está posicionando el descubrimiento de materiales impulsado por IA como su futuro. La empresa dice que puede licenciar la plataforma a otros fabricantes de baterías o usarla para identificar materiales que pueda comercializar directamente. Esto refleja una tendencia más amplia en energía y manufactura avanzada, donde cada vez más empresas ven el aprendizaje automático como una forma de acelerar el cribado de materiales, optimizar químicas y reducir el tiempo necesario para identificar candidatos prometedores.

Sin embargo, para SES AI, el giro parece ser más que una oportunidad. También es una cuestión de supervivencia y enfoque. Si la fabricación de celdas a gran escala es estructuralmente poco atractiva en el entorno operativo de la empresa, avanzar en la cadena de valor hacia herramientas de descubrimiento puede ofrecer un camino más claro que seguir persiguiendo una escala de fabricación que sigue siendo esquiva.

La empresa aún produce baterías para drones, un mercado más pequeño que demanda volúmenes menores que los de los vehículos eléctricos. Ese detalle es importante porque muestra que SES AI no está abandonando por completo los productos físicos. Más bien, está reduciendo sus ambiciones de fabricación a mercados en los que la escala necesaria es más manejable.

Las consecuencias más amplias

Si más empresas occidentales de baterías siguen el mismo camino, las implicaciones podrían ser sustanciales. Sugeriría una división entre el lugar donde se generan las ideas sobre baterías y el lugar donde se producen en masa los productos de batería. La investigación y el software podrían seguir siendo fuertes en Estados Unidos y Europa, mientras que la capacidad de producción a gran escala se concentraría en otros lugares. Eso afectaría la estrategia industrial, la seguridad del suministro y el equilibrio de poder en la transición energética global.

La transición a los vehículos eléctricos depende no solo de la demanda de los consumidores y de las redes de carga, sino también de quién puede financiar, construir y operar fábricas de baterías a un coste competitivo. Por eso, que una empresa como SES AI concluya que el descubrimiento de materiales con IA ofrece un futuro más viable que la fabricación a escala de EV es más que una reorganización interna. Es una señal sobre el estado actual del sector.

Aún hay espacio para la incertidumbre. Un giro no garantiza el éxito, y el descubrimiento de materiales impulsado por IA todavía debe demostrar que puede generar ventajas comerciales que justifiquen el cambio. Pero el movimiento de SES AI es un ejemplo concreto de lo difícil que se ha vuelto el negocio de las baterías para las startups occidentales que intentan pasar de la promesa de laboratorio a la escala industrial.

Una identidad más estrecha, pero más clara

SES AI comenzó intentando resolver un exigente problema de baterías y finalmente trató de posicionarse para la era de los vehículos eléctricos. Ahora se está redefiniendo en torno a un papel más selectivo dentro del ecosistema de baterías. La empresa seguirá trabajando con baterías, pero su apuesta central ya no es que fabricará enormes volúmenes de ellas. Es que la IA puede ayudar a descubrir los materiales que otros necesitarán.

Eso podría resultar ser una retirada pragmática, un primer vistazo a un nuevo modelo de negocio, o ambas cosas. En cualquier caso, la decisión pone de relieve un hecho crítico de la economía de la energía limpia de hoy: los avances técnicos son solo una parte del desafío. Sobrevivir a la carrera industrial para llevarlos a escala es otra cuestión completamente distinta.

Este artículo se basa en reportes de MIT Technology Review. Leer el artículo original.