Los científicos buscan bajo el fondo marino ártico pruebas de veranos sin hielo en el pasado
Una expedición científica al Ártico central intenta responder una pregunta que se ha vuelto cada vez más urgente a medida que la región se calienta: ¿cuándo, si es que ocurrió alguna vez en la historia reciente de la Tierra, el Polo Norte estuvo libre de hielo marino durante el verano?
La misión, descrita por MIT Technology Review, tuvo lugar en el verano de 2025 a bordo del rompehielos de investigación noruego Kronprins Haakon. Liderado por el geólogo Jochen Knies, de la Universidad Ártica de Noruega en Tromsø, el equipo viajó desde Svalbard hacia los 90 grados norte junto con investigadores de Noruega y Alemania. Su objetivo era recuperar largos testigos de sedimento del fondo marino ártico y utilizarlos como archivos climáticos.
El propio viaje subrayó la magnitud del cambio en el Ártico. Knies, que llegó por primera vez al Polo en barco en 1996, recordó el sonido del hielo grueso rozando el casco en expediciones anteriores. En 2025, según el relato, el buque encontró témpanos delgados y grandes zonas de agua abierta, lo que hizo la travesía notablemente más silenciosa y sencilla.
Por qué importa ahora el pasado del Polo Norte
Las observaciones por satélite desde finales de la década de 1970 muestran que la cobertura de hielo estival en el océano Ártico ha disminuido en más de un 40%. MIT Technology Review informa que, en menos de medio siglo, un área de hielo estival comparable en tamaño al mar Mediterráneo se ha convertido en agua abierta. Si la tendencia continúa, el Polo Norte podría ver pronto veranos sin hielo marino.
Una cuestión sin resolver es si condiciones similares se produjeron durante un periodo más cálido hace unos 120.000 años. Si los científicos pueden determinar cómo se comportó el Ártico en ese intervalo cálido anterior, podrían mejorar las proyecciones sobre cómo responderá la región a medida que continúe el calentamiento actual.
La expedición forma parte de un proyecto de 12,5 millones de euros financiado por la Unión Europea. Más allá de la cuestión histórica, el proyecto también examina cómo la pérdida de hielo marino podría afectar a los ecosistemas marinos, la circulación oceánica y el sistema climático en general.
Los testigos de sedimento funcionan como archivos climáticos
Los investigadores recolectaron testigos de sedimento de hasta 22 metros de longitud en múltiples ubicaciones del fondo marino ártico. Estos testigos son valiosos porque los sedimentos marinos se acumulan con el tiempo, preservando rastros de condiciones pasadas en capas de material depositadas en el fondo del océano.
Esas capas pueden contener evidencia química y física vinculada a la temperatura del agua, la cobertura de hielo marino, restos de plancton, roca erosionada y la fuerza de las corrientes oceánicas. Al analizar esas señales, los científicos pueden reconstruir condiciones ambientales de periodos muy anteriores a las observaciones satelitales modernas o a las mediciones realizadas desde barcos.
El Ártico central es especialmente importante porque la evidencia directa de la región es difícil de obtener. Históricamente, el hielo marino grueso hacía incierto el acceso incluso para los rompehielos, particularmente en el Polo Norte. Como resultado, partes clave del registro climático ártico siguen incompletas.
Los hallazgos podrían afinar los modelos climáticos
La importancia de la expedición reside en la brecha entre lo que los científicos saben sobre el cambio reciente en el Ártico y lo que todavía necesitan comprender sobre su pasado más profundo. El registro observacional moderno deja claro que el hielo marino estival se está reduciendo rápidamente. Lo que es menos claro es cómo respondió el Ártico central durante periodos cálidos anteriores y qué revela esa respuesta sobre los umbrales futuros.
Si los testigos de sedimento muestran que el Polo Norte estuvo libre de hielo durante un antiguo intervalo cálido, los investigadores podrían obtener un análogo más sólido para las próximas décadas. Si los testigos sugieren hielo persistente incluso durante un calor anterior, eso plantearía otras preguntas sobre cómo se comparan el calentamiento actual, la circulación oceánica y las condiciones de gases de efecto invernadero con el pasado.
En cualquier caso, el resultado importaría porque el hielo marino del Ártico está conectado con algo más que el clima regional. La cobertura de hielo afecta cuánto sol refleja o absorbe el océano, influye en los hábitats marinos y se relaciona con patrones de circulación que pueden tener consecuencias climáticas más amplias.
Qué vigilar a continuación
El artículo original describe la expedición y sus objetivos científicos, pero los análisis de los testigos son el siguiente paso decisivo. Los investigadores deberán interpretar los registros físicos y químicos conservados en los sedimentos recuperados antes de sacar conclusiones sobre las condiciones de hielo del Polo Norte en el pasado.
Por ahora, la expedición marca un intento directo de ampliar el conocimiento climático del Ártico más allá de la era satelital. A medida que el Ártico moderno se desplaza hacia un mayor dominio de agua abierta, el registro enterrado bajo el fondo marino podría ayudar a definir si el futuro se parece a algún pasado conocido o se adentra en un terreno menos familiar.
Este artículo se basa en la cobertura de MIT Technology Review. Leer el artículo original.
Originally published on technologyreview.com






