Los niños que consumen más alimentos ultraprocesados podrían mostrar una actividad más intensa en las redes cerebrales de recompensa al ver alimentos apetitosos, según una investigación publicada en JAMA Network Open. Esas respuestas también se relacionaron con un aumento de la grasa corporal un año después.

El estudio no demuestra que los ultraprocesados causen directamente cambios posteriores en la grasa corporal. Sí señala una posible vía: la exposición a alimentos muy palatables podría estar asociada con la intensidad con que el cerebro infantil responde a las señales alimentarias.

Participaron 46 niños de 7 a 10 años del estudio longitudinal BrainChild. Todos tenían un peso saludable al inicio. Los investigadores recopilaron datos dietéticos y de composición corporal y realizaron resonancias magnéticas mientras los niños observaban imágenes de galletas y patatas fritas.

Qué estudiaron los investigadores

El equipo comparó el consumo declarado con la actividad de la red de recompensa durante la exposición a señales visuales de alimentos y relacionó esas respuestas iniciales con los cambios en la grasa corporal registrados un año después.

Un mayor consumo de ultraprocesados se asoció con respuestas más fuertes de la red de recompensa; esas respuestas, a su vez, se relacionaron con aumentos de grasa corporal.

Por qué se examinan los ultraprocesados

Son productos diseñados para ser convenientes, estables y muy palatables, como cereales de desayuno, pan envasado y sopas instantáneas. A menudo contienen edulcorantes y colorantes artificiales.

Según el informe, en Estados Unidos los niños obtienen en promedio cerca del 67% de sus calorías diarias de estos alimentos. Estudios previos los han relacionado con aumento de peso, diabetes tipo 2 y enfermedad cardiovascular.

Cerebros y hábitos en desarrollo

La autora principal, Kathleen A. Page, señaló que la infancia es importante porque el cerebro se desarrolla, los hábitos se forman y se establecen las preferencias alimentarias.

Los niños comenzaron con un peso saludable, lo que permitió estudiar una etapa temprana de la relación entre dieta, respuesta a señales alimentarias y composición corporal posterior.

El estudio sugiere una asociación con una mayor sensibilidad a las señales alimentarias, pero no identifica una comida, ingrediente o conducta como causa única ni permite predecir el cambio de grasa de un niño concreto.

Qué significan los resultados — y qué no

Los resultados muestran una relación, no una cadena causal directa. Se necesitarán más estudios para probar los mecanismos y saber hasta qué punto se aplica el hallazgo.

Por ahora, el trabajo refuerza la importancia de examinar pronto la dieta infantil y de comprender cómo los ultraprocesados se relacionan con los sistemas de recompensa en desarrollo.

Este artículo se basa en información de Medical Xpress. Lea el artículo original.

Originally published on medicalxpress.com