El COVID persistente puede aumentar el riesgo cardiovascular
Las personas diagnosticadas con COVID persistente presentaron un mayor riesgo de desarrollar posteriormente hipertensión en un amplio estudio sueco, lo que añade pruebas de que la enfermedad puede afectar a algo más que la energía, la respiración y la cognición.
La investigación utilizó datos sanitarios de más de 1,2 millones de adultos de entre 18 y 65 años del condado de Estocolmo. Tras tener en cuenta factores como la edad, la situación socioeconómica y otros diagnósticos, los investigadores observaron que las personas con COVID persistente tenían un riesgo de hipertensión un 14% mayor que los participantes sin ese diagnóstico.
El hallazgo es importante porque la hipertensión es un factor de riesgo cardiovascular importante y suele desarrollarse sin síntomas perceptibles. También es una enfermedad que puede identificarse y controlarse mediante la atención médica habitual, por lo que el seguimiento resulta especialmente relevante para las personas con síntomas persistentes después de una infección por COVID.
Un estudio centrado en infecciones iniciales más leves
El análisis utilizó la cohorte MIRACLE-S, que vincula registros de diagnósticos, consultas médicas, hospitalizaciones y recetas. El seguimiento se realizó entre octubre de 2020 y enero de 2025.
Para examinar los efectos a largo plazo tras una enfermedad aguda menos grave, los investigadores excluyeron a quienes ya tenían hipertensión y a quienes habían sido hospitalizados por COVID. Esto significa que la asociación descrita no se limita a pacientes cuya infección inicial requirió tratamiento hospitalario.
De toda la población estudiada, 8.365 personas, el 0,7%, recibieron un diagnóstico de COVID persistente. Durante el seguimiento, el 18% de todos los participantes fue diagnosticado con hipertensión. La incidencia en el grupo con COVID persistente se situó, según el informe, entre el 22% y el 23% durante el periodo de seguimiento.
Estas cifras brutas no demuestran por sí solas que el COVID persistente causara la hipertensión de un participante. Sin embargo, el análisis ajustado de los investigadores mostró que la asociación se mantenía después de considerar varios factores que pueden influir en el riesgo de presión arterial. El resultado apunta a una relación que merece atención clínica y científica continua.
El riesgo aumentó con la edad
La asociación fue más fuerte en los grupos de mayor edad. Este patrón coincide con el efecto bien establecido del envejecimiento sobre la salud cardiovascular: las arterias tienden a endurecerse con el tiempo, lo que obliga al corazón a trabajar más para mover la sangre por el organismo.
El estudio encontró un patrón de riesgo relativo similar en mujeres y hombres. Dentro del grupo diagnosticado con COVID persistente, la hipertensión se produjo en el 16% de las mujeres y el 24% de los hombres. Estos porcentajes deben interpretarse teniendo en cuenta las diferencias en el riesgo cardiovascular basal, la edad y otros factores, y no como una medida simple de susceptibilidad biológica.
Investigaciones anteriores de los autores habían relacionado el COVID persistente con un mayor riesgo de enfermedad cardiaca. El nuevo análisis amplía la preocupación a la presión arterial, un indicador medible que puede influir en los riesgos de todo el sistema cardiovascular.
Qué muestra y qué no muestra el hallazgo
Se trata de un estudio observacional de cohorte. Identifica una asociación en registros sanitarios del mundo real, pero no demuestra el mecanismo que la provoca. El material de origen no establece si la diferencia en el riesgo de hipertensión se explica por una inflamación persistente, cambios en los vasos sanguíneos, alteraciones del nivel de actividad, estrés, uso de medicamentos u otra vía.
Además, depende de diagnósticos registrados, por lo que sus resultados describen a personas identificadas en los datos sanitarios como afectadas por COVID persistente o hipertensión. Esto es una fortaleza importante para estudiar una población muy grande, pero no permite captar todos los síntomas ni todos los casos no diagnosticados.
Aun así, el tamaño de la cohorte y la exclusión de las personas hospitalizadas durante la infección aguda hacen que el resultado sea relevante. Sugiere que el seguimiento cardiovascular no debería reservarse únicamente para quienes estuvieron gravemente enfermos durante la primera fase de la COVID-19.
Implicaciones para los pacientes y la atención
El estudio no significa que todas las personas con COVID persistente vayan a desarrollar hipertensión. Sí respalda prestar atención a un riesgo que de otro modo podría pasar desapercibido, especialmente porque la fatiga, la falta de aire y los síntomas cognitivos del COVID persistente suelen dominar las conversaciones con los profesionales sanitarios.
- Las personas con síntomas persistentes después de la COVID pueden plantearse hablar con un profesional sanitario sobre el control de la presión arterial.
- Las mediciones rutinarias pueden ayudar a detectar la hipertensión antes de que cause síntomas evidentes.
- Los adultos mayores y las personas con otros factores de riesgo cardiovascular pueden requerir una atención especial.
Será necesario seguir investigando para comprobar si la asociación aparece en otras poblaciones, aclarar por qué se produce y determinar si ciertos tipos de seguimiento reducen el riesgo. Por ahora, los datos suecos refuerzan un mensaje más amplio: las consecuencias de la COVID pueden persistir más allá de la infección aguda, incluso en personas cuya enfermedad inicial no fue lo bastante grave como para requerir hospitalización.
Este artículo se basa en informaciones de Medical Xpress. Leer el artículo original.
Originally published on medicalxpress.com





