La obesidad podría eliminar una defensa natural contra el cáncer de mama
Durante años, los investigadores que estudian el vínculo entre la obesidad y el cáncer de mama se han preguntado cómo el exceso de grasa impulsa activamente los tumores. Una nueva investigación del Huntsman Cancer Institute de la Universidad de Utah invierte esa pregunta y se plantea, en cambio, qué protección desaparece cuando aumenta el peso corporal. La respuesta, publicada en la revista Science, se centra en una molécula grasa que el tejido mamario magro produce en abundancia y que el tejido obeso en gran medida no logra aportar.
El estudio fue liderado por Keren Hilgendorf, Ph.D., investigadora del Huntsman Cancer Institute y profesora adjunta de bioquímica en la Universidad de Utah, quien es la autora sénior. Meghan Curtin, candidata doctoral en biología molecular de la universidad, es la primera autora. Su artículo aparece en Science con el DOI 10.1126/science.aea4287.
Hilgendorf describió el resultado como un cambio en la forma en que el campo podría pensar sobre el riesgo metabólico. Los investigadores han examinado durante mucho tiempo los mecanismos por los cuales la obesidad promueve la enfermedad, señaló, pero no habían considerado seriamente que la obesidad también podría representar la ausencia de algo que el cuerpo utiliza para defenderse.
Las células grasas son actores activos en el tejido mamario
Las mamas consisten mayormente en grasa, y el tipo celular predominante es el adipocito. En lugar de actuar como almacenamiento pasivo, estas células grasas definen el entorno inmediato con el que deben lidiar las células vecinas, incluidas las células en camino de volverse cancerosas. Los adipocitos no son uniformes: su tamaño y comportamiento cambian con el peso corporal. En individuos magros permanecen relativamente pequeños, mientras que en la obesidad se agrandan.
El tejido magro y el obeso crean condiciones diferentes
Según Hilgendorf, los adipocitos magros y obesos generan microambientes distintos alrededor de las células cancerosas. Trabajando con modelos preclínicos, incluido tejido mamario donado por voluntarios humanos, ella y Curtin identificaron una de las divergencias más importantes: la producción de un lípido, o ácido graso, llamado 9S-HODE.
El 9S-HODE importa por lo que desencadena. La molécula impulsa a las células hacia la muerte y, específicamente, hacia la ferroptosis, una forma de muerte celular que el cuerpo utiliza para eliminar células viejas y dañadas. Las células que de otro modo podrían convertirse en cáncer entran en esa categoría, lo que convierte al lípido en una parte importante del mantenimiento celular rutinario en la mama.
La molécula protectora que la obesidad suprime
El mecanismo descrito en el estudio es inusual porque el agente protector se secreta. Los adipocitos mamarios liberan 9S-HODE en su entorno, lo que permite que el lípido actúe sobre células más allá de la propia célula grasa y suprima el crecimiento del cáncer de mama desde dentro del tejido. Es, en efecto, una forma de supresión tumoral local que se origina en la grasa.
La producción no es igual entre los distintos tipos corporales. El equipo encontró que los adipocitos magros producen mucho más 9S-HODE que los adipocitos obesos. Curtin explicó la consecuencia con claridad: cuando el lípido es abundante, las células cancerosas mueren más fácilmente en el tejido magro. En condiciones de magrura, dijo, el cuerpo se protege activamente mediante esta molécula de una manera que la obesidad no permite.

La disparidad en la producción —más que cualquier diferencia en cómo funciona el lípido— parece ser el factor decisivo. La vía protectora no se destruye en la obesidad tanto como se ve privada de su ingrediente clave.
¿Se puede restaurar la protección perdida?
Ese enfoque apunta hacia una pregunta terapéutica. Si la molécula es meramente escasa en lugar de ausente, suministrar más de ella podría restablecer la señal de seguridad. Hilgendorf y Curtin siguieron exactamente esa línea de investigación en sus modelos preclínicos en ratones, probando si elevar los niveles de 9S-HODE en el contexto de obesidad podría recuperar la actividad supresora de tumores que el tejido magro proporciona por sí solo.
El diseño del estudio refuerza su relevancia traslacional. El tejido mamario donado por humanos permitió a los investigadores observar cómo los adipocitos de donantes con diferentes pesos manejan la producción de 9S-HODE, mientras que los modelos en ratones ofrecieron un sistema vivo en el que la vía podía manipularse y observarse. Juntos, los dos enfoques vinculan una observación relevante para los humanos con una estrategia de intervención comprobable.
Esta es una lógica terapéutica diferente de la aproximación habitual al riesgo de cáncer relacionado con la obesidad. En lugar de intentar neutralizar una señal dañina generada por el exceso de grasa, una intervención basada en este hallazgo tendría como objetivo reemplazar una señal beneficiosa que se ha perdido.
Lo que la investigación establece y lo que no
El trabajo identifica una vía y una explicación plausible para parte de la asociación de la obesidad con el cáncer de mama. No afirma que la obesidad sea el único factor que determina el riesgo, ni que los niveles de 9S-HODE por sí solos determinen si se desarrolla un tumor. Vale la pena tener en cuenta varias advertencias:
- Los hallazgos se basan en modelos preclínicos, incluidos estudios en ratones y tejido de donantes, y no han sido validados en ensayos clínicos con pacientes.
- El estudio aborda un mecanismo de riesgo, no un tratamiento; de él no se deriva ninguna recomendación clínica sobre la suplementación con 9S-HODE.
- La ferroptosis es una de varias formas en que el cuerpo elimina células dañadas, por lo que esta vía se entiende mejor como parte de un sistema más amplio que como un interruptor único.
- El tamaño y el comportamiento de los adipocitos varían entre individuos y pesos corporales, lo que significa que el efecto descrito es una tendencia general y no una regla fija para una persona en particular.
Una reformulación del papel de la obesidad en el riesgo de cáncer
La contribución más duradera del estudio puede ser conceptual. En la investigación del cáncer, la obesidad se describe típicamente como una fuerza activa: algo que añade señales inflamatorias, altera los niveles hormonales o, de otro modo, empuja a las células hacia la malignidad. Esta investigación sugiere una visión complementaria: que el exceso de grasa también resta a las defensas del cuerpo, eliminando un mecanismo basado en lípidos que de otro modo eliminaría células vulnerables.
Para los pacientes y los clínicos, la distinción es más que semántica. Un factor de riesgo entendido como una adición invita a estrategias que bloquean o eliminan algo. Un factor de riesgo entendido como una pérdida invita a estrategias que restauran. El hallazgo del Huntsman Cancer Institute ofrece a los investigadores una molécula específica, el 9S-HODE, con la que trabajar para seguir ese segundo camino.
Los resultados de Curtin y Hilgendorf se suman a un creciente conjunto de trabajos que sitúan al tejido graso como un regulador activo de la biología del cáncer en lugar de un espectador pasivo. Si estudios adicionales confirman que la vía del 9S-HODE puede reponerse de forma segura, el lípido podría convertirse en un objetivo para reducir el riesgo de cáncer de mama en personas con obesidad, una posibilidad que comienza por reconocer lo que la obesidad elimina.
Este artículo se basa en la cobertura de Medical Xpress. Lea el artículo original.
Originally published on medicalxpress.com








