El efecto más conocido de la metformina podría comenzar en el intestino

Durante décadas, se ha entendido que la metformina es un medicamento que actúa principalmente en el hígado, donde ayuda a suprimir la producción de glucosa. Esa visión ha moldeado tanto la enseñanza clínica como la búsqueda científica de por qué el fármaco funciona de manera tan fiable en la diabetes tipo 2. Una nueva investigación de la Universidad Northwestern sostiene ahora que el sitio dominante de acción podría estar en otra parte por completo: el intestino.

En un nuevo estudio publicado en Nature Metabolism, investigadores que trabajaban con ratones descubrieron que la metformina parece reducir el azúcar en sangre principalmente al alterar el uso de energía en las células intestinales. En lugar de poner el foco en el hígado, el estudio señala el revestimiento del intestino como un importante punto de control metabólico, uno que podría sacar glucosa del torrente sanguíneo al obligar a esas células a consumir más de ella.

El hallazgo no cambia el hecho de que la metformina ya es uno de los medicamentos para la diabetes más utilizados del mundo. Lo que sí cambia es la historia biológica detrás de ese éxito. Si la interpretación del equipo se confirma, los investigadores quizá tengan que replantearse una suposición central sobre uno de los fármacos metabólicos más antiguos e importantes de la medicina.

Lo que encontró el estudio

Según el equipo de Northwestern, la metformina ralentiza la producción de energía mitocondrial dentro de las células intestinales. Las mitocondrias son las estructuras que ayudan a las células a convertir nutrientes en energía utilizable. En este caso, reducir parte de ese proceso de generación de energía parece impulsar a las células intestinales a metabolizar más glucosa en su lugar.

Eso importa porque el exceso de glucosa en el torrente sanguíneo es un problema definitorio en la diabetes y la disfunción metabólica. Al aumentar el uso de glucosa dentro del intestino, la metformina podría reducir la cantidad de azúcar que circula en la sangre después de las comidas o durante el metabolismo habitual.

Los investigadores describen esto como un cambio de enfoque, no como un mero detalle menor. Su conclusión es que la metformina “se centra principalmente en el intestino”, más que en el hígado, para evitar que el azúcar en sangre aumente. En términos prácticos, el intestino podría estar actuando como un sumidero de glucosa que de otro modo permanecería en circulación.

El autor correspondiente, Navdeep Chandel, dijo que el trabajo sugiere que la metformina ayuda al intestino a “chupar la glucosa del torrente sanguíneo”, subrayando una idea más amplia: el intestino no es solo un órgano digestivo pasivo, sino un regulador activo del azúcar en sangre.