Las decisiones anestésicas rutinarias pueden cambiar sustancialmente la huella climática de la cirugía

Los hospitales podrían reducir el impacto climático de la cirugía y, al mismo tiempo, disminuir el gasto en anestesia modificando las prácticas anestésicas habituales, según un estudio presentado en la reunión anual ANESTHESIOLOGY 2026.

El estudio examinó un sistema sanitario académico de seis centros que animó a los profesionales clínicos a utilizar métodos con menores emisiones, reducir el desperdicio de anestésicos y revisar información individualizada sobre las emisiones. Los investigadores compararon los resultados de 2021 con los obtenidos después de que comenzaran los cambios, entre enero de 2022 y octubre de 2025.

En 145.917 episodios anestésicos, las emisiones medias estimadas descendieron de 57,6 kilogramos de dióxido de carbono equivalente por episodio en 2021 a 31,6 kilogramos posteriormente. Esto representa una reducción del 45% en la estimación de emisiones por episodio anestésico del estudio.

Los hallazgos son relevantes porque los quirófanos se encuentran entre las áreas de un hospital que consumen más recursos. La anestesia es solo un componente de esa huella, pero es uno que los profesionales pueden influir durante la atención cotidiana.

Enfoque en gases con un efecto de calentamiento desproporcionado

La intervención se centró en parte en los gases anestésicos inhalados. La descripción del estudio identifica el desflurano y el óxido nitroso como potentes gases de efecto invernadero, lo que significa que su uso puede contribuir de forma importante a la huella de carbono asociada a una operación.

El sistema sanitario fomentó un mayor uso de sevoflurano y anestesia intravenosa, al tiempo que redujo los flujos de gas fresco para limitar el desperdicio. Fueron cambios prácticos en la selección y administración de anestésicos, no un programa centrado en comprar nuevos equipos.

Esta distinción es importante para las iniciativas de sostenibilidad hospitalaria. Los grandes proyectos de infraestructura pueden tardar años, requerir aprobación de capital y competir con inversiones clínicas directas. Los cambios en la práctica pueden introducirse mediante orientación clínica, medición y retroalimentación, siempre que sigan siendo compatibles con la atención al paciente.

Los investigadores también proporcionaron a los anestesiólogos informes individualizados de emisiones. La información pretendía ayudar a los profesionales a ver cómo sus decisiones afectaban a las emisiones y respaldar una toma de decisiones informada. Según el planteamiento del estudio, la combinación de opciones con menores emisiones, reducción del desperdicio e informes transparentes fue fundamental para el resultado.

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Crédito: CC0 Dominio público

El coste y la calidad siguen siendo parte de la cuestión

El informe de la candidatura afirma que el programa redujo los costes anestésicos en casi un 40%, además de reducir las emisiones. También señala que los cambios se realizaron sin comprometer la seguridad ni la calidad de la atención, y que los resultados de los pacientes se mantuvieron sólidos.

Estos aspectos son esenciales porque una vía clínica con menores emisiones solo es útil si sigue siendo adecuada para el paciente y el procedimiento. El informe no presenta una instrucción general para sustituir una técnica anestésica por otra en todos los casos. En cambio, describe un esfuerzo del sistema sanitario para tomar decisiones prácticas, reducir el desperdicio y proporcionar a los profesionales información más clara.

La autora principal, Etta Hanlon, de Virginia Tech Carilion School of Medicine, afirmó que los hallazgos muestran que los hospitales pueden dar pasos significativos para reducir el impacto ambiental de la cirugía sin comprometer la seguridad ni la calidad. Neil Macdonald, de Carilion Clinic, ayudó a establecer la iniciativa de retroalimentación para los profesionales, incluidos los informes individualizados.

Qué establece el estudio y qué no

Los resultados se basan en una comparación antes-después dentro de un único sistema sanitario académico de seis centros. Muestran lo que ocurrió después de que el sistema aplicara sus cambios; por sí solos, no demuestran que todos los hospitales lograrán la misma reducción o ahorro.

También se basan en emisiones estimadas expresadas como dióxido de carbono equivalente, una medida estándar utilizada para comparar impactos climáticos. Los hospitales que consideren programas similares tendrían que examinar su propia casuística, los medicamentos disponibles, los protocolos clínicos y el uso de gases anestésicos de referencia.

Aun así, la magnitud de la reducción observada convierte al estudio en una señal útil para los sistemas sanitarios que buscan medidas climáticas operativas cercanas a la práctica clínica. En lugar de tratar la huella ambiental del quirófano únicamente como una cuestión de instalaciones, el trabajo sitúa la elección anestésica, la gestión del flujo de gases y la retroalimentación a los profesionales dentro del debate.

El estudio se presentó en una reunión científica, por lo que será importante realizar una revisión adicional y comunicar de forma más completa los métodos y resultados. Por ahora, su hallazgo central es claro: en este sistema sanitario, cambiar las prácticas anestésicas habituales se asoció con emisiones estimadas sustancialmente menores por episodio anestésico, costes anestésicos más bajos y resultados de los pacientes mantenidos.

Este artículo se basa en un reportaje de Medical Xpress. Lea el artículo original.

Originally published on medicalxpress.com