Una oportunidad fiscal dentro de la transición verde
El giro mundial para abandonar los combustibles fósiles plantea una cuestión de política que va mucho más allá de la energía: ¿cómo deben utilizarse los ingresos asociados a esa transición? Expertos que escriben en el número climático de The BMJ sostienen que una parte definida debería destinarse a la cobertura sanitaria universal en los países de ingresos bajos y medianos.
La propuesta no consiste simplemente en gastar más dinero público en salud siempre que sea posible. Sus autores piden reservar una parte de los fondos generados por las reformas de los subsidios a los combustibles fósiles, los impuestos al carbono y las regalías de los minerales críticos para apoyar los sistemas sanitarios. Su argumento se basa en una conexión directa: la dependencia de los combustibles fósiles y las actividades mineras tienen importantes consecuencias sanitarias, mientras que la transición para abandonarlas puede generar grandes flujos fiscales.
Esto convierte la financiación sanitaria en una cuestión central del diseño de las políticas climáticas e industriales, no en una consideración posterior una vez que los ingresos han entrado en los presupuestos generales.
La brecha es menor que el apoyo actual a los combustibles fósiles
Los autores señalan la magnitud de los subsidios existentes a los combustibles fósiles como prueba de que las prioridades públicas pueden reorientarse. Según el artículo, en 2024 los subsidios mundiales a los combustibles fósiles sumaron 733.000 millones de dólares. La cifra supera ampliamente la brecha anual de financiación estimada, de 20.000 a 53.000 millones de dólares, necesaria para lograr la cobertura sanitaria universal en los países de ingresos bajos y medianos.
Reducir los subsidios no resolvería automáticamente el desafío financiero, y el artículo no sugiere que cada dólar pueda redirigirse. Pero la comparación ilustra el tamaño del fondo potencial. Los recursos liberados por la reforma podrían apoyar programas nacionales de salud pública si los gobiernos garantizan que los ahorros no se absorban en otros ámbitos.
El argumento también destaca un riesgo práctico: los ingresos no son lo mismo que la inversión. Sin normas explícitas, el dinero recaudado mediante impuestos climáticos o la extracción de recursos puede ir a los presupuestos generales, reducirse por la evasión y elusión fiscal, o verse debilitado por la presión de los inversores para bajar las tasas de regalías.
La tarificación del carbono y los minerales abren vías adicionales
La reforma de subsidios es solo una posible fuente de fondos. La tarificación del carbono puede generar nuevos ingresos y, al mismo tiempo, crear incentivos para reducir las emisiones. A la vez, la demanda de minerales como el litio y el cobalto está creciendo a medida que las economías despliegan baterías y otras tecnologías de energía limpia.
Los autores afirman que las regalías de esos minerales podrían convertirse en otra fuente importante de financiación sanitaria. Pero la oportunidad depende de las condiciones que se establezcan ahora. Las normas de tarificación del carbono, los marcos de regalías y las instituciones responsables de recaudar y asignar los fondos determinarán si la transición crea una inversión duradera en salud pública o simplemente una nueva serie de beneficios fiscales desiguales.
Para los ministerios de Salud, los grupos de la sociedad civil y las organizaciones profesionales sanitarias, el mensaje del artículo es que la participación no puede esperar hasta que las políticas estén terminadas. Deben influir en las normas de ingresos mientras aún se están estableciendo si quieren que los presupuestos sanitarios reciban una parte garantizada.

Las reformas anteriores muestran por qué es importante reservar fondos
Los autores citan Indonesia y Brasil como ejemplos de reformas audaces e innovadoras que no produjeron las inversiones sanitarias sostenidas que se habían previsto. La lección no es que la reforma sea inútil, sino que una promesa general de utilizar nuevos recursos para el desarrollo social puede ser insuficiente sin un mecanismo duradero que proteja las asignaciones sanitarias.
La reserva de fondos pretende proporcionar esa protección. En la práctica, significaría apartar una cuota mínima acordada de determinados ingresos de la transición verde para salud, en lugar de dejar el gasto sanitario a la competencia anual dentro de un presupuesto general.
Este enfoque también haría visible la justificación sanitaria. La contaminación por combustibles fósiles, las alteraciones relacionadas con el clima y los efectos de las industrias extractivas afectan directamente a la salud. Un modelo de financiación que devuelva parte de los beneficios de la reforma y la extracción minera a los sistemas sanitarios conectaría esos costes con una respuesta destinada a reducir la vulnerabilidad.
Una transición justa requiere mecanismos internacionales
Las medidas nacionales de ingresos por sí solas no corregirán el desequilibrio mundial señalado por los expertos. Se espera que los ingresos de la transición verde fluyan de forma desproporcionada hacia los países de ingresos altos, mientras que las mayores brechas de financiación de la cobertura sanitaria universal se concentran en los países de ingresos bajos.
Por eso los autores piden mecanismos internacionales junto con las políticas nacionales. Identifican los canjes de deuda por salud como una posible herramienta para trasladar recursos hacia los países con mayores necesidades. El objetivo más amplio es una transición justa en la que los beneficios financieros de la descarbonización y del desarrollo de minerales críticos no se limiten a los países que ya están mejor posicionados para recaudarlos.
La propuesta no ofrece una fórmula universal única para asignar los fondos. En cambio, presenta la transición como un periodo en el que se está construyendo la arquitectura fiscal y en el que los defensores de la salud tienen la oportunidad de asegurar compromisos duraderos.
La política sanitaria debe formar parte de la planificación de la transición
La cobertura sanitaria universal suele debatirse como un desafío de eficiencia del sector sanitario, ayuda o fiscalidad nacional. El artículo de The BMJ añade otra perspectiva: las políticas climáticas e industriales pueden determinar materialmente los recursos disponibles para los sistemas sanitarios.
Si los gobiernos reducen los subsidios a los combustibles fósiles, aplican la tarificación del carbono o recaudan regalías de minerales críticos, las decisiones sobre esos ingresos determinarán quién se beneficia. La recomendación central de los autores es que la salud reciba una parte protegida, especialmente en los países donde la brecha financiera sigue siendo grave.
A medida que se acelera la transición verde, la pregunta clave no es solo con qué rapidez pueden las economías transformar sus sistemas energéticos, sino si los flujos fiscales resultantes pueden contribuir a sociedades más sanas y equitativas.
Este artículo se basa en un reportaje de Medical Xpress. Lea el artículo original.
Originally published on medicalxpress.com








