Los pacientes que consumen cannabis podrían tener un mayor riesgo de sufrir un infarto durante una cirugía o poco después, según una revisión de investigaciones presentada en la reunión anual ANESTHESIOLOGY 2026. El hallazgo es una asociación, no una prueba de que el cannabis cause estos episodios, pero refuerza la importancia de hablar sobre su consumo con el anestesiólogo antes de una intervención.

La revisión combinó datos de cinco estudios con 44.312 pacientes quirúrgicos. En conjunto, el consumo de cannabis se asoció con un riesgo un 46% mayor de infarto de miocardio, comúnmente llamado ataque cardíaco, durante la cirugía o poco después, frente a la ausencia de consumo. Los investigadores no hallaron una asociación significativa con accidente cerebrovascular, insuficiencia respiratoria, lesión renal aguda o muerte.

Otro resultado complica la interpretación. El consumo de cannabis se asoció con un riesgo un 22% menor de tromboembolismo venoso, término que incluye los coágulos sanguíneos en las venas. Los investigadores advirtieron expresamente que esta observación no demuestra que el cannabis proteja contra la coagulación. Se necesita más investigación para comprender ambos hallazgos y los mecanismos biológicos que los sustentan.

Una cuestión perioperatoria para pacientes y médicos

El periodo que rodea una cirugía impone exigencias inusuales al corazón y la circulación. La anestesia, la propia intervención, el dolor, los cambios de líquidos y la recuperación pueden alterar la respuesta del organismo. El cannabis puede añadir otra variable porque sus compuestos activos afectan a la función cardiovascular y a la respuesta del cuerpo a la anestesia.

Según los investigadores, el tetrahidrocannabinol, o THC, el principal compuesto psicoactivo del cannabis, puede elevar la frecuencia cardíaca, la presión arterial y la demanda de oxígeno del corazón. Esos efectos podrían ser especialmente relevantes cuando el paciente ya está sometido al estrés fisiológico de una operación.

El autor principal, Nader D. Nader, profesor de anestesiología y cirugía en la Jacobs School of Medicine and Biomedical Sciences de la University at Buffalo, afirmó que comunicar el consumo busca proteger al paciente, no juzgarlo. Saber si una persona utiliza marihuana por motivos médicos o recreativos puede ayudar al equipo de anestesia a tomar precauciones adecuadas antes, durante y después de una operación.

El mensaje práctico es sencillo: los pacientes deben informar a su anestesiólogo sobre el consumo de cannabis. El informe disponible no establece un periodo de espera concreto antes de la cirugía ni propone un cambio universal en la atención. Apoya, en cambio, una conversación precisa y temprana para que el equipo clínico valore la información en el contexto del procedimiento previsto y la salud general del paciente.

Qué muestran —y qué no muestran— las cifras

El 46% representa un aumento relativo del riesgo observado en los estudios revisados. No debe interpretarse como una predicción de que cualquier consumidor de cannabis sufrirá un infarto alrededor de una cirugía. El riesgo absoluto depende de muchos factores que el informe no detalla, como el tipo de operación, la edad, una enfermedad cardiovascular previa y otras circunstancias clínicas.

Asimismo, el diseño de la revisión limita las conclusiones sobre causalidad. El estudio evaluó asociaciones entre investigaciones disponibles previamente. Por sí solo, no puede separar el consumo de cannabis de todas las demás características que podrían diferir entre usuarios y no usuarios, ni determinar qué patrones de consumo, productos o dosis son más relevantes.

Esta incertidumbre es especialmente importante porque el cannabis no constituye una exposición única y uniforme. Los productos pueden variar en su contenido de THC y otros compuestos, y los pacientes pueden utilizarlo por motivos diferentes. El informe de origen no aporta pruebas de que una vía de consumo o un tipo de producto sea más seguro que otro en el contexto perioperatorio.

El resultado inesperado sobre los coágulos

La menor tasa observada de tromboembolismo venoso no es una autorización para consumir cannabis antes de una cirugía. Los investigadores señalaron que el resultado pone de relieve las formas complejas en que el cannabis podría interactuar con la inflamación y la coagulación. Es una señal que merece estudio, no evidencia de una terapia protectora.

El tromboembolismo venoso incluye coágulos que se forman en las venas y pueden volverse peligrosos si circulan por el organismo. La cirugía es precisamente un contexto en el que los médicos evalúan cuidadosamente el riesgo de coágulos. Un hallazgo procedente de una revisión observacional no debe invalidar las decisiones de prevención y tratamiento establecidas por el equipo asistencial.

El contraste aparente entre un mayor riesgo asociado de infarto y un menor riesgo asociado de coágulos venosos es una de las razones por las que los investigadores piden más estudios. El riesgo cardiovascular no es un proceso único. Los infartos, los cambios de presión arterial, la frecuencia cardíaca, la inflamación y la coagulación venosa implican mecanismos relacionados pero distintos. Las investigaciones futuras deberán aclarar si los patrones observados son reproducibles y, de ser así, por qué ocurren.

Cómo utilizar ahora los hallazgos

El estudio se entiende mejor como una señal de seguridad para la atención perioperatoria, no como un motivo para que los pacientes tomen decisiones médicas abruptas sin asesoramiento profesional. Las personas que se preparan para una cirugía pueden ayudar a sus médicos compartiendo un historial completo de medicamentos y consumo de sustancias, incluido el cannabis médico o recreativo. Esa información permite a los equipos de anestesia y cirugía evaluar posibles riesgos y planificar la atención.

Los resultados también importan a medida que el cannabis se vuelve más común y legal en muchos estados de Estados Unidos. La disponibilidad legal no elimina la necesidad de tener en cuenta posibles interacciones con la cirugía y la anestesia. Una conversación preoperatoria rutinaria debería permitir hablar del cannabis sin estigma, porque la información incompleta puede dificultar la planificación de la seguridad.

Para los investigadores, el siguiente paso es obtener evidencia más precisa: estudios que examinen el momento, la frecuencia y la forma de consumo, además de las diferencias entre pacientes y procedimientos. Hasta entonces, la revisión ofrece una conclusión prudente. En los datos disponibles, el consumo de cannabis se asoció con un mayor riesgo perioperatorio de infarto, mientras que el sorprendente resultado sobre la coagulación sigue sin resolverse y no debe tratarse como evidencia de beneficio.

Este artículo se basa en información de Medical Xpress. Leer el artículo original.

Originally published on medicalxpress.com