Nueva Jersey pasa de metas de almacenamiento a compras en sitio del cliente

Los reguladores de Nueva Jersey han dado un paso concreto para convertir las metas de almacenamiento de energía a largo plazo del estado en capacidad distribuida que pueda activarse durante periodos de tensión en la red. En una propuesta preliminar publicada en agosto, la Junta de Servicios Públicos de Nueva Jersey detalló una compra de hasta 150 megavatios de capacidad de almacenamiento de energía detrás del medidor, repartida entre las zonas de servicio de las cuatro empresas de distribución eléctrica del estado.

La propuesta es notable no porque sea la mayor acción de almacenamiento del estado, sino por su lugar dentro de la estrategia más amplia de Nueva Jersey. El estado ya había adquirido grandes cantidades de almacenamiento conectado a la transmisión en una fase anterior de su Programa de Almacenamiento de Energía Garden State. Este nuevo bloque desplaza la atención hacia baterías instaladas en hogares y pequeños comercios, donde el almacenamiento puede servir tanto como activo de resiliencia para el cliente como recurso de red durante eventos de despacho.

Si se adopta en una forma cercana a la actual, el programa permitiría que los clientes elegibles atendidos por Atlantic City Electric, Jersey Central Power & Light, Public Service Electric & Gas y Rockland Electric reciban incentivos por poner a disposición la electricidad almacenada cuando las empresas de servicios públicos soliciten descarga. La junta indicó que esas distribuidoras administrarían la capacidad inscrita dentro de sus territorios.

Un incentivo de 10 años vinculado al desempeño de despacho

Bajo la propuesta, los clientes participantes podrían recibir hasta 200 dólares por kilovatio al año durante un plazo de 10 años. Esa estructura de pago está diseñada para apoyar la inscripción de sistemas de baterías relativamente pequeños, sin dejar de reconocer que estos activos ya brindan valor privado al cliente, especialmente en forma de energía de respaldo y resiliencia.

Esa formulación importa. Los reguladores no están tratando las baterías residenciales y comerciales pequeñas como si fueran infraestructura de servicios públicos desde cero que deba financiarse por completo con el apoyo de los usuarios de la red. En cambio, la propuesta parece asumir que el almacenamiento detrás del medidor ofrece un beneficio doble. Los clientes obtienen una herramienta de resiliencia personal, mientras la red obtiene un recurso flexible que puede descargarse en momentos de tensión del sistema.

El resultado es una estructura de programa que busca tender un puente entre dos objetivos de política que a menudo compiten: acelerar la adopción del almacenamiento distribuido sin pagar de más por una capacidad que quizá ya tenga sentido económico para algunos compradores. Al fijar un incentivo anual máximo en lugar de un pago abierto, el estado señala que quiere un primer bloque controlado que pueda evaluarse antes de asumir compromisos mayores.

Parte de un mandato de almacenamiento mucho mayor

La compra de 150 MW es solo una pieza de un marco legal más amplio. Nueva Jersey está obligada a desplegar 2 gigavatios de capacidad de almacenamiento de energía a gran escala y distribuida para 2030 a través del Programa de Almacenamiento de Energía Garden State. Según el resumen de la propuesta, la junta ya ha cubierto la mitad de esa meta tras adquirir un total de 1 GW de almacenamiento conectado a la transmisión en la primera fase inicial del programa.

Ese contexto ayuda a explicar por qué esta última medida importa aunque su tamaño sea comparativamente modesto. Los grandes proyectos de baterías conectados a la red pueden sumar capacidad rápidamente, pero por sí solos no crean una red distribuida de flexibilidad integrada en vecindarios y distritos comerciales. El almacenamiento detrás del medidor puede respaldar un modelo operativo distinto, uno que se basa en muchos sistemas más pequeños actuando en conjunto durante horas críticas.

Para los responsables de políticas, ese modelo es cada vez más atractivo a medida que crece la demanda y las empresas de servicios públicos buscan alternativas a los recursos de punta convencionales o a costosas mejoras de la red. Una flota distribuida de baterías no sustituye todas las necesidades de infraestructura central, pero puede reducir la tensión en momentos y lugares específicos si se inscribe y despacha de forma eficaz.

De la lógica de piloto a un mercado de plantas de energía virtuales

La compra propuesta también se conecta directamente con la visión en desarrollo de Nueva Jersey para un marco de planta de energía virtual, o VPP. La junta dijo que las baterías residenciales y comerciales pequeñas serían elegibles para participar en un programa VPP temporal y neutral en cuanto a tecnología, que se espera comience el próximo año y opere durante dos años. Después de eso, el estado planea pasar a una tarifa VPP basada en el mercado y de acceso abierto en 2029.

Ese calendario sugiere que el bloque actual de almacenamiento no es solo una oferta de incentivo aislada. También es una forma práctica de sembrar una base de activos despachables propiedad de clientes antes de que exista una estructura de mercado más formal. En efecto, el estado parece estar usando el diseño de la compra para prepararse para un modelo VPP más duradero.

Esta progresión importa porque la política de VPP a menudo se atasca entre la aspiración y la implementación. Es fácil para reguladores y empresas de servicios públicos describir un futuro en el que los dispositivos de los clientes respondan a señales de mercado y eventos de la red. Es más difícil construir la base de inscripción, las reglas de compensación, las interfaces con las empresas de servicios públicos y la confianza de las partes interesadas necesarias para que ese sistema funcione en la práctica. El enfoque de Nueva Jersey indica un esfuerzo por conectar esos pasos en lugar de tratarlos como vías de política separadas.

Respaldo político y la cuestión de la asequibilidad

La BPU vinculó la propuesta del 17 de agosto con la Orden Ejecutiva No. 2, firmada por la gobernadora Mikie Sherrill poco después de asumir el cargo el 20 de enero de 2026. Esa orden instruyó a la junta a emitir solicitudes para nueva capacidad solar y de almacenamiento, y a comenzar a desarrollar un programa de planta de energía virtual abierto a proveedores energéticos de terceros.

Al vincular explícitamente la compra con la orden de la gobernadora, la junta presenta el almacenamiento distribuido como parte de una agenda más amplia de asequibilidad y resiliencia, en lugar de una iniciativa de energía limpia de nicho. Esa distinción es políticamente importante. Los despliegues de almacenamiento son más fáciles de defender cuando se presentan no solo como herramientas de descarbonización, sino también como una forma de gestionar el crecimiento de la demanda, mejorar el rendimiento de la red y potencialmente reducir el costo de atender las condiciones pico.

Aun así, el caso de la asequibilidad dependerá de la ejecución. Los incentivos que atraen solo a un segmento estrecho de adoptantes tempranos y acomodados pueden tener un impacto sistémico limitado y generar críticas sobre la asignación de costos. Un programa que logre agregar capacidad significativa entre diversas clases de clientes fortalecería el argumento de que el almacenamiento distribuido puede servir tanto a las necesidades del sistema público como a las de los hogares privados.

Lo que sigue

La junta planea celebrar una reunión virtual con las partes interesadas el 3 de septiembre para recabar comentarios sobre la propuesta preliminar. Ese paso probablemente planteará preguntas sobre elegibilidad de los clientes, requisitos de desempeño, reglas de despacho, estándares de medición y cómo debe asignarse la capacidad entre las empresas de servicios públicos.

Esos detalles determinarán si el objetivo de 150 MW se convierte en un bloque creíble para las ambiciones de VPP del estado o si sigue siendo un programa de incentivos con una participación limitada. Por ahora, la propuesta marca un claro cambio de rumbo: Nueva Jersey ya no solo compra almacenamiento a escala de red a nivel de transmisión. Está intentando reclutar baterías en hogares y pequeñas empresas para un papel estructurado de apoyo a la red.

Eso podría resultar uno de los cambios más trascendentes en la política energética estatal. La próxima fase del despliegue de almacenamiento en Estados Unidos no se trata solo de añadir megavatios. Se trata de decidir quién posee la capacidad flexible, cómo se le paga y si los reguladores pueden convertir dispositivos distribuidos en infraestructura confiable. La propuesta más reciente de Nueva Jersey es una prueba temprana de ese modelo.

Este artículo se basa en reportes de Utility Dive. Leer el artículo original.

Originally published on utilitydive.com