El ADB apuesta por la infraestructura regional en lugar de sistemas nacionales aislados

El Banco Asiático de Desarrollo ha presentado un plan de 70.000 millones de dólares destinado a reforzar la infraestructura energética y digital en Asia y el Pacífico de aquí a 2035, con un esfuerzo central para conectar los sistemas eléctricos entre fronteras y mover más electricidad renovable por toda la región. La iniciativa supone una ampliación notable de la ambición regional del ADB, al pasar de proyectos individuales a redes interconectadas que pueden apoyar el comercio de energía, la estabilidad de la red y el crecimiento digital.

En el centro del anuncio está la Iniciativa de la Red Eléctrica Panasiática, cuyo objetivo es vincular los sistemas eléctricos nacionales y subregionales para permitir flujos transfronterizos de energía renovable. El ADB dijo que planea जुटar 50.000 millones de dólares para 2035 solo para el componente eléctrico, trabajando con gobiernos, empresas de servicios públicos, socios de desarrollo y el sector privado. El banco prevé financiar aproximadamente la mitad por sí mismo, y espera que el resto llegue mediante cofinanciación.

La estrategia destaca no solo por su tamaño, sino por su orientación. En lugar de centrarse principalmente en la generación dentro de las fronteras nacionales, el plan pone el énfasis en transmisión, subestaciones, almacenamiento y digitalización de la red. También apoya la generación renovable vinculada directamente al comercio de electricidad, incluidos proyectos orientados a la exportación, centros regionales y sistemas híbridos de generación y almacenamiento.

Qué se supone que debe lograr la iniciativa

Las metas del ADB son amplias. Para 2035, el banco dice que quiere integrar alrededor de 20 gigavatios de energía renovable a través de las fronteras y establecer 22.000 kilómetros-circuito de líneas de transmisión. También aspira a mejorar el acceso a la energía para 200 millones de personas, crear 840.000 empleos y reducir en un 15% las emisiones del sector eléctrico en la región.

Esas cifras deben leerse como objetivos del programa y no como resultados garantizados, pero ilustran la escala de la intervención propuesta. Si se logra incluso una parte sustancial, el plan ayudaría a llevar la conversación energética regional más allá del despliegue interno de renovables hacia el desafío más complejo de hacer que los sistemas eléctricos funcionen conjuntamente. Eso es especialmente importante en una geografía donde los recursos, los patrones de demanda y la madurez de la red varían mucho entre países.

El comercio transfronterizo de electricidad puede permitir que los países con abundantes recursos solares, eólicos o hidroeléctricos exporten electricidad, mientras que los importadores pueden diversificar el suministro y reducir la dependencia de los combustibles fósiles. Pero esos beneficios dependen de interconexiones físicas, normas compatibles, acuerdos comerciales y confianza política. El ADB se está posicionando como convocante y financiador de esa arquitectura más amplia.

La infraestructura es solo parte del reto

El banco también ha reservado hasta 10 millones de dólares en asistencia técnica para ayudar a armonizar regulaciones, adoptar normas técnicas comunes y preparar estudios de viabilidad para proyectos importantes. Ese detalle puede ser menos llamativo que la cifra principal de financiación, pero es crucial. Las redes regionales fracasan como proyectos de política antes de fracasar como proyectos de ingeniería. Sin reglas comunes y estructuras de mercado viables, los activos de transmisión por sí solos no crean un comercio eléctrico eficiente.

La declaración del ADB refleja esa realidad. La iniciativa se basa en marcos de cooperación subregional ya existentes, entre ellos la Plataforma de Cooperación Económica Subregional del Sur de Asia, la Iniciativa de la Bahía de Bengala, la ASEAN Power Grid y la Estrategia Energética 2030 de Cooperación Económica Regional de Asia Central. Por tanto, el banco no parte de cero. Más bien, intenta densificar y conectar capas ya existentes de colaboración regional.

Ese enfoque podría hacer que el plan sea más realista, pero también significa que el progreso dependerá de que muchos gobiernos avancen en paralelo. Los sistemas energéticos transfronterizos requieren horizontes largos y una disciplina institucional alta. Son vulnerables a cambios en la política doméstica, las finanzas de las empresas eléctricas, la política industrial y las percepciones de seguridad. El desafío de financiación es grande; el desafío de coordinación puede ser aún mayor.

Por qué esto importa para la transición energética

Para Asia y el Pacífico, el caso a favor de la integración de redes es fuerte. La región concentra algunas de las demandas eléctricas de mayor crecimiento del mundo, algunas de sus mayores bases de recursos renovables y algunas de sus mayores brechas de infraestructura. También incluye sistemas energéticos que siguen dependiendo en gran medida del carbón, de combustibles importados o de redes aisladas que no pueden absorber fácilmente a gran escala la generación renovable variable.

La transmisión regional puede ayudar a resolver varias de esas limitaciones a la vez. Los sistemas más grandes y conectados pueden equilibrar la oferta variable a través de zonas horarias y climas, reducir los recortes de generación y hacer más útiles las inversiones en almacenamiento. También pueden respaldar a los países que quieren ampliar la energía renovable pero carecen de suficiente flexibilidad interna de la red. Si se combina con mejoras en la infraestructura digital, el resultado podría ser sistemas eléctricos más receptivos y mejor coordinados.

El presidente del ADB, Masato Kanda, enmarcó la visión general de forma concisa en el texto fuente, al argumentar que el acceso a la energía y a lo digital definirá el futuro de la región. Esa es una lectura defendible del momento. La electrificación, la competitividad industrial, el despliegue de IA, la conectividad y los objetivos climáticos dependen cada vez más de si los países pueden construir infraestructura moderna con suficiente rapidez y escala.

Una señal estratégica tanto como un paquete de financiación

El anuncio también es una señal geopolítica. Al respaldar el comercio regional de energía y los sistemas digitales, el ADB intenta influir en los términos del desarrollo en una parte del mundo donde la competencia por la infraestructura es intensa y la alineación estratégica a menudo sigue a la financiación. Un esfuerzo regional bien financiado sobre la red eléctrica podría influir en cómo los Estados piensan sobre seguridad energética, ubicación industrial y trayectorias de descarbonización durante la próxima década.

La parte difícil, como siempre, empieza después del anuncio. Convertir una visión para 2035 en infraestructura utilizable requerirá proyectos bancables, regulación coherente y durabilidad política en una región diversa. Pero la dirección está clara. El ADB sostiene que la próxima etapa de crecimiento de Asia dependerá menos de sistemas nacionales aislados y más de redes compartidas capaces de mover energía, datos y oportunidades a través de las fronteras.

Es una apuesta ambiciosa. También es una apuesta cada vez más difícil de evitar.

Este artículo se basa en la cobertura de Energy Monitor. Leer el artículo original.