Un comportamiento extraño apunta de nuevo a los visitantes humanos

Los investigadores que estudian a los macacos de Berbería de Gibraltar dicen que han identificado una causa probable de que algunos de los animales coman tierra con regularidad: los turistas. Un informe sobre los hallazgos dice que los macacos que viven más cerca de las zonas más visitadas son los que tienen más probabilidades de consumir suelo, un comportamiento conocido como geofagia. El patrón sugiere que los animales podrían estar usando la tierra para calmar el malestar estomacal después de comer comida basura obtenida de las personas.

Esa explicación encaja tanto con las observaciones de campo como con la ecología inusual de Gibraltar. El territorio británico, en el extremo sur de la península ibérica, alberga a los únicos monos salvajes de Europa, con una población estimada de unas 200 a 300 macacos de Berbería. Aunque las autoridades locales proporcionan frutas y verduras, los animales también obtienen comida de los turistas, ya sea ofrecida directamente o tomada de forma oportunista.

Con el tiempo, eso ha creado un entorno alimentario semihumano alrededor de partes del Peñón de Gibraltar. Las nuevas observaciones indican que los monos no solo se aprovechan de ese entorno. También podrían estar adaptándose conductualmente a sus consecuencias digestivas.

Cómo se descubrió el patrón

El comportamiento surgió durante el Gibraltar Macaques Project, un estudio de largo plazo iniciado en 2022 por el antropólogo biológico de la Universidad de Cambridge Sylvain Lemoine. Los investigadores observaron que comer tierra parecía ser común en algunos grupos y estar ausente en otros, aunque antes no se había informado ni estudiado formalmente en la población.

Una vez que el equipo empezó a registrar sistemáticamente el comportamiento, las diferencias entre los grupos quedaron más claras. La geofagia era más común en las tropas que pasaban más tiempo en zonas amigables para los turistas, incluso cerca de la cima del Peñón. Los investigadores también observaron en varias ocasiones a los monos comiendo suelo inmediatamente después de consumir comida de turistas.

El contraste con grupos menos expuestos a los humanos reforzó la interpretación. Los monos con menos contacto con las personas comían menos tierra, mientras que una tropa sin interacción humana prolongada no mostró geofagia en absoluto. Ese gradiente es la evidencia clave de la historia: cuanto más cerca están los animales de la presión turística y de la comida humana, más probable es que muestren el comportamiento de comer suelo.

Por qué la tierra podría ayudar

La explicación propuesta es que el suelo puede ayudar a aliviar problemas digestivos causados por una dieta no natural. El informe dice que los investigadores consideraron y descartaron otras posibles explicaciones, incluidos antojos de minerales vinculados al embarazo. En cambio, las observaciones apuntaron al malestar estomacal después de la alimentación por parte de turistas.

La geofagia no es desconocida en el mundo animal y, en algunos contextos, se cree que ayuda a amortiguar toxinas o a calmar el tracto digestivo. En Gibraltar, el comportamiento parece formar parte de una estrategia adaptativa local. Si los monos están comiendo alimentos más ricos, más salados o más procesados de lo que ofrecería su dieta habitual, consumir suelo puede ser una de las formas en que afrontan esa alteración.

Eso es lo que hace que el hallazgo sea más que una curiosidad. No es solo que los macacos hagan algo extraño. Es que un entorno alimentario creado por humanos puede estar remodelando su comportamiento de una manera compensatoria.

Un caso de enredo entre humanos y fauna

Los macacos de Gibraltar viven en un paisaje donde la gestión de la fauna, el turismo y la fascinación pública están estrechamente entrelazados. La gente se siente atraída por los monos precisamente porque parecen accesibles y carismáticos. Esa atención trae comida, interacción y una presión constante sobre el comportamiento.

Los nuevos hallazgos añaden evidencia de que los animales que viven en estrecho contacto con los humanos pueden volverse muy sensibles a esas presiones, no solo de formas obvias como hurgar en la basura o mostrarse atrevidos, sino también en ajustes fisiológicos y conductuales más sutiles. En este caso, la adaptación puede verse en algo tan simple como dónde y cuándo un mono come tierra.

Lemoine describió el trabajo como una forma de arrojar luz sobre la adaptabilidad de los primates que viven en paisajes altamente antropogénicos. Es una manera precisa de decir que no se trata de poblaciones salvajes intactas. Son animales que navegan un hábitat fuertemente moldeado por los humanos, la comida humana y la atención humana.

Por qué los hallazgos respaldan reglas más estrictas sobre la alimentación

El informe dice que los resultados respaldan las normas existentes contra alimentar a los monos. Esa conclusión se sigue de forma natural del vínculo observado: si la comida de los turistas está asociada con estrés digestivo y con comer suelo como compensación, entonces limitar la alimentación humana no solo consiste en desalentar comportamientos molestos. También es una cuestión de salud animal.

Este es a menudo el problema oculto en los encuentros entre turistas y fauna silvestre. Desde la perspectiva del visitante, alimentar a los animales puede parecer inofensivo o incluso afectuoso. Pero una vez que se repite entre grandes cantidades de personas, puede alterar la dieta, la dinámica social y la exposición al riesgo de toda una población. El hecho de que los macacos coman tierra puede ser uno de los síntomas visibles de un desequilibrio más amplio.

También hay una lección para el público. La influencia humana sobre la fauna no siempre es tan dramática como para aparecer como un colapso poblacional o la destrucción del hábitat. A veces aparece como un recurso conductual, un ajuste a nivel animal a una realidad nueva e inestable. Esos cambios pueden pasar fácilmente desapercibidos hasta que los investigadores los documentan de forma sistemática.

Un hallazgo pequeño pero revelador

El estudio de Gibraltar no afirma que los turistas definan por sí solos la vida de los macacos, pero sí muestra cuán estrechamente puede vincularse su comportamiento con la presencia humana. Una tropa con exposición mínima se comporta de manera distinta a las tropas integradas en espacios llenos de visitantes. Esa diferencia es precisamente lo que hace que el hallazgo sea creíble y útil.

En términos prácticos, proporciona a los gestores de fauna silvestre más evidencia para respaldar controles sobre la alimentación y la interacción de los visitantes. En términos científicos, ofrece un ejemplo vívido de cómo los primates se adaptan a entornos antropogénicos. Y en términos culturales, expone el lado negativo de una fantasía turística familiar: que alimentar a animales carismáticos es una forma benigna de conectar con la naturaleza.

Los monos de Gibraltar están demostrando ser adaptables. Pero la adaptabilidad no debe confundirse con la ausencia de costo. Si están comiendo tierra para aliviar los efectos de los aperitivos humanos, entonces los animales están contando una historia sobre la convivencia que es menos encantadora de lo que parecen sugerir los folletos turísticos.

Este artículo se basa en un reportaje de Gizmodo. Leer el artículo original.

Originally published on gizmodo.com