Incluso después del final de MAVEN, Marte sigue revelando nuevos secretos
La misión MAVEN de la NASA ha terminado oficialmente, pero el legado científico de la nave sigue creciendo. Un nuevo estudio basado en observaciones de MAVEN informa que algunas auroras en Marte se forman mediante un proceso similar al que impulsa las auroras en la Tierra, ofreciendo una imagen más precisa de cómo las partículas solares interactúan con el entorno magnético fragmentado del Planeta Rojo.
El hallazgo procede de un artículo publicado el 23 de julio de 2026 en Nature Communications, titulado “Miniature Dungey-like cycle at Mars”. Investigadores dirigidos por científicos de la Universidad de California en Berkeley utilizaron datos de varios instrumentos de MAVEN para concluir que está teniendo lugar una versión a escala marciana del ciclo de Dungey. En la Tierra, ese ciclo describe cómo la reconexión magnética y la circulación del plasma ayudan a dirigir partículas cargadas del viento solar hacia la alta atmósfera, donde pueden desencadenar auroras.
El resultado importa porque se supone que Marte no debe comportarse como la Tierra de la manera obvia. La Tierra tiene un campo magnético global que canaliza las partículas cargadas hacia los polos. Marte no lo tiene. Su dinamo magnético planetario se apagó hace miles de millones de años, dejando solo campos magnéticos corticales localizados. Sin embargo, el nuevo estudio indica que al menos parte de la misma lógica electrodinámica subyacente sigue aplicándose, solo que a escalas mucho menores y dentro de un entorno magnético mucho más irregular.
Cómo se forman las auroras en dos mundos muy distintos
En la Tierra, las auroras están vinculadas a una magnetosfera grande y global. Cuando el campo magnético del Sol encuentra al de la Tierra, las líneas de campo pueden reconectarse. Ese proceso inyecta partículas del viento solar en la magnetosfera y la magnetocola, ayudando a impulsar corrientes eléctricas y la circulación del plasma. Luego, los electrones pueden acelerarse de vuelta hacia la atmósfera, donde chocan con los componentes atmosféricos y generan las conocidas luces polares.
El ciclo de Dungey, descrito por primera vez por el científico espacial británico James Dungey en 1961, es central en ese cuadro. Explica la circulación del plasma en la magnetosfera y la alta atmósfera de la Tierra, así como las vías por las que la energía solar se convierte en espectáculos aurorales.
Marte presenta un caso mucho más difícil. El planeta ya no posee un escudo magnético global. En su lugar, conserva solo regiones magnéticas aisladas asociadas con secciones de la corteza intensamente magnetizadas. Son restos de un campo antiguo preservados en la roca de una época en la que Marte era geológicamente más activo. Como esos campos corticales están dispersos y no son globales, se esperaría que cualquier proceso auroral en Marte se viera más fragmentado y localizado que las amplias cortinas polares de la Tierra.
Eso es exactamente lo que sugiere el nuevo análisis. El mecanismo parece ser similar en tipo, pero miniaturizado en escala. En lugar de un motor magnético planetario que canaliza partículas hacia grandes zonas polares, Marte utiliza pequeños bolsillos magnéticos que aún pueden reconectarse con el viento solar y crear eventos aurorales localizados.
Por qué esto importa más allá del espectáculo luminoso
Las auroras son visualmente llamativas, pero para los científicos planetarios también son diagnósticos. Revelan cómo interactúan los campos magnéticos, las partículas cargadas y las atmósferas. En Marte, esas interacciones son especialmente importantes porque el planeta está perdiendo de forma constante partículas atmosféricas al espacio.
MAVEN, sigla de Mars Atmosphere and Volatile Evolution, pasó más de una década estudiando exactamente ese problema. La misión examinó cómo el viento solar arrastra la atmósfera marciana y cómo la ausencia de un campo magnético global configura esa pérdida. Aunque el contacto con el orbitador se perdió en diciembre de 2025 y la misión terminó oficialmente el 3 de junio de 2026, el conjunto de datos acumulado sigue siendo lo bastante rico como para respaldar nuevos descubrimientos.
El resultado sobre las auroras encaja plenamente en ese objetivo científico más amplio. Si los investigadores pueden mapear cómo se guían las partículas solares hacia la alta atmósfera, obtienen un mejor control sobre cómo Marte intercambia energía y materia cargada con el espacio circundante. Eso, a su vez, ayuda a aclarar cómo evolucionaron el clima y la atmósfera del planeta a lo largo del tiempo geológico.
El nuevo trabajo también afina una lección recurrente en la planetología comparada: un planeta no necesita ser una copia más pequeña o más grande de la Tierra para compartir partes de la misma física. Marte difiere de la Tierra en aspectos estructurales importantes, pero el estudio sugiere que la reconexión magnética y la circulación del plasma aún pueden organizarse en un patrón similar al de la Tierra bajo condiciones de contorno muy distintas.
Un ciclo en miniatura, no una copia perfecta
El estudio no afirma que Marte tenga una magnetosfera al estilo terrestre. La distinción es importante. El campo magnético de la Tierra es generado por un dinamo interior que sigue activo, e involucra el movimiento en un núcleo externo fundido alrededor de un núcleo interno sólido. Marte perdió ese campo global hace unos 4.000 millones de años, cuando disminuyó la actividad del núcleo. Las regiones magnéticas corticales que quedaron son reliquias, no un escudo planetario funcional completo.
Eso significa que la versión marciana del ciclo de Dungey es necesariamente parcial y localizada. Los investigadores la describen como miniatura por una buena razón. Lo que se observa no es un duplicado a escala del sistema terrestre, sino un proceso similar al de Dungey que opera dentro de estructuras magnéticas aisladas. La analogía es poderosa porque proporciona un marco familiar, pero los límites de la analogía son igualmente reveladores. Muestran cuán robustos pueden ser algunos procesos del plasma, incluso cuando el entorno planetario cambia drásticamente.
En términos prácticos, eso ayuda a explicar por qué las auroras marcianas pueden producirse sin la arquitectura magnética planetaria que los científicos suelen asociar con la actividad auroral. Los campos corticales parecen suficientes para crear magnetosferas locales que se reconectan con los campos magnéticos solares entrantes y desencadenan la precipitación de partículas aurorales.
La vida posterior de una misión espacial
También hay una historia institucional más silenciosa aquí. Las misiones espaciales rara vez terminan cuando cesan las operaciones de la nave. Sus archivos de datos suelen sobrevivirles durante décadas, y algunas de las síntesis científicas más importantes llegan solo después de que los equipos han pasado años comparando mediciones, refinando métodos y revisando supuestos anteriores.
MAVEN entra ahora en esa fase. Su capítulo operativo ha concluido, pero su registro de observación sigue siendo explotado para obtener respuestas sobre la fuga atmosférica, la interacción con el viento solar y la historia magnética de Marte. El nuevo estudio sobre auroras es un ejemplo sólido de cómo el valor de una misión puede continuar después de que el hardware quede en silencio.
Eso también importa para la futura ciencia marciana. Cuanto mejor comprendan los investigadores el entorno cercano al planeta, mejor podrán interpretar la historia de la superficie, la evolución atmosférica y los desafíos que afrontarán futuras exploraciones robóticas o humanas. El comportamiento de las partículas cargadas, las tormentas solares y la pérdida atmosférica no son temas aislados. Son piezas conectadas de una historia mayor sobre cómo Marte pasó de ser un mundo más parecido a la Tierra en su etapa temprana a convertirse en el planeta frío y de atmósfera tenue que vemos hoy.
Una imagen más clara de un planeta con mosaico magnético
El resultado principal es simple, pero significativo: Marte puede producir auroras mediante un mecanismo que se asemeja al que funciona en la Tierra. La diferencia es que Marte lo hace a través de un mosaico magnético fragmentado y no de un campo global unificado.
Esa idea ofrece a los científicos un marco más coherente para entender las auroras marcianas y una mejor herramienta para vincular esos destellos con la evolución atmosférica más amplia del planeta. También prolonga el impacto científico de MAVEN, una misión cuyos datos siguen remodelando la comprensión de Marte incluso después del final de la nave.
- Un estudio en Nature Communications informa de un “ciclo de Dungey en miniatura” en Marte.
- El hallazgo se basa en datos de la misión MAVEN de la NASA, que terminó oficialmente el 3 de junio de 2026.
- Los investigadores dicen que algunas auroras marcianas se forman mediante un proceso similar al que impulsa las auroras en la Tierra, pero a escalas mucho menores.
Este artículo se basa en un reportaje de Universe Today. Leer el artículo original.
Originally published on universetoday.com



