Los antiguos constructores de Malta también pudieron haber sido navegantes capaces
Malta suele presentarse por sus templos de piedra, no por su tecnología marítima. Pero un nuevo informe destacado por Universe Today sostiene que ambas cosas pueden estar más relacionadas de lo que parece a primera vista. El artículo afirma que los antiguos navegantes malteses probablemente se orientaban por las estrellas, vinculando la cultura megalítica de la isla con un conocimiento práctico del cielo y con una cosmología más amplia.
El argumento comienza con la geografía. El arqueólogo Reuben Grima, de la Universidad de Malta, citado en el texto, señala que los primeros habitantes neolíticos probablemente migraron de Sicilia a Malta. Ese trayecto cubre casi 97 kilómetros, y durante parte del recorrido la tierra habría estado fuera de la vista. En otras palabras, los colonos que llegaron a Malta no se limitaban a dejarse llevar por una costa visible. Estaban realizando una travesía que probablemente requería algún método de orientación en una época sin brújulas ni instrumentos modernos.
Ese hecho básico convierte la navegación celeste de una posibilidad romántica en una hipótesis de trabajo plausible. Si las personas llegaron a una de las islas más remotas del centro-sur del Mediterráneo durante el Neolítico, probablemente contaban con alguna forma repetible de mantener el rumbo en mar abierto.
Alineaciones de templos y conocimiento del cielo
El informe de Universe Today sitúa esa cuestión de la navegación junto a un debate de larga data sobre las estructuras megalíticas de Malta. Las islas de Malta y Gozo conservan más de dos docenas de enormes construcciones de piedra, muchas de ellas fechadas en una etapa de edificación que comenzó alrededor del 3600 a. C. Los especialistas llevan mucho tiempo examinando si estos llamados templos se alinean con puntos concretos del cielo, si esas alineaciones fueron intencionales y qué pudieron significar para quienes los construyeron.
Uno de los focos del artículo es Tarxien, un importante complejo de templos en Malta. El informe dice que una alineación con Crux, la constelación comúnmente conocida como la Cruz del Sur, es la orientación celeste más significativa del lugar, citando un estudio de 2022 en Digital Applications in Archaeology and Cultural Heritage. Esto importa porque las alineaciones no son solo marcadores simbólicos abstractos. Si una estructura remite repetidamente a una parte reconocible del cielo, puede señalar una cultura que observaba, seguía e integraba los patrones celestes en la vida ritual o estacional.
El salto de la observación simbólica del cielo a la navegación sigue siendo un salto, pero no es irrazonable. Una sociedad que prestaba mucha atención a las posiciones recurrentes de las estrellas pudo haber aplicado parte de ese conocimiento en el agua, especialmente durante viajes en los que los puntos de referencia desaparecían de la vista.
Una cosmología con usos prácticos
Uno de los aspectos más interesantes del informe es que no obliga a elegir entre explicaciones sagradas y prácticas. El mismo conocimiento del cielo pudo haber servido para ambas cosas. Las comunidades antiguas no solían dividir la astronomía en las categorías modernas y ordenadas de religión, ciencia y navegación. Las estrellas podían organizar calendarios rituales, moldear concepciones del lugar en el cosmos y aun así ofrecer ayuda directa para viajar.
Ese enfoque hace especialmente convincente el caso maltés. Ya se entiende que los constructores de templos de las islas eran capaces de coordinar construcciones a gran escala durante unos 1.500 años. Si además mantuvieron una tradición, aunque fuera rudimentaria, de navegación celeste, eso añadiría otra capa a la sofisticación de la cultura. Sus logros no estarían solo en la arquitectura de piedra, sino también en un conocimiento marítimo que ayudó a conectar islas y sostener el asentamiento.
El artículo va más allá al plantear la posibilidad de que estas comunidades mantuvieran una cosmología más rica de lo que a veces permiten los estereotipos antiguos sobre las sociedades agrícolas tempranas. Menciona el debate sobre si las alineaciones de los templos reflejaban una comprensión que hoy podría describirse, con mucha cautela, como relacionada con el espacio-tiempo o con relaciones ordenadas a través de la esfera celeste. Incluso cuando ese lenguaje suena moderno, la idea de fondo es clara: quienes construyeron estos monumentos quizá tenían una visión del cielo más sistemática de la que antes se suponía.
Por qué Malta importa en la prehistoria mediterránea
Malta ocupa un lugar desproporcionado en estas discusiones por su aislamiento y su conservación. Una cultura capaz de llegar a las islas, establecerse y luego construir sitios monumentales durante siglos tuvo que resolver problemas logísticos y ambientales. La travesía desde Sicilia no era imposible, pero sí considerable. La persistencia del asentamiento sugiere que no fue un accidente aislado. Implica un saber hacer que podía repetirse.
Ahí es donde el argumento de la navegación se vuelve más fuerte. Cuantas más veces ocurrieran esos cruces, menos satisfactoria resulta la casualidad como explicación. Los puntos de referencia celestes habrían ofrecido una guía estable y portátil, especialmente bajo los cielos despejados del Mediterráneo. El informe no afirma que se haya recuperado un manual completo de navegación antigua, y no exagera la evidencia. En cambio, reúne una cadena razonable: asentamiento en una isla remota, cruces en mar abierto, alineaciones de templos y una cultura sostenida centrada en el cielo.
Esa cadena no prueba cada detalle, pero apunta en una dirección coherente. La sociedad maltesa temprana probablemente sabía más sobre el cielo nocturno de lo que un debate estrecho sobre alineaciones de templos puede captar por sí solo.
El valor de una reconstrucción cautelosa
También hay aquí una lección metodológica. La arqueología suele trabajar construyendo probabilidades cuidadosas a partir de pruebas incompletas. Ningún navegante superviviente del Neolítico maltés dejó un relato escrito de cómo se guiaba por estrellas concretas. Lo que sí tienen los investigadores son rutas, distancias, monumentos, orientaciones y razonamientos comparativos sobre lo que habría exigido navegar mar abierto.
La fuerza de la interpretación actual reside en ese enfoque acumulativo. Ninguna de las pistas individuales resuelve el caso por sí sola, pero juntas hacen más difícil defender una historia de asentamiento puramente accidental. Si los primeros habitantes de Malta cruzaron casi 97 kilómetros desde Sicilia con parte de la ruta fuera de la vista de la costa, entonces alguna forma de conocimiento celeste probablemente era útil. Si su arquitectura monumental también codificaba orientaciones astronómicas, entonces ese conocimiento seguramente tenía importancia cultural y no era algo incidental.
Esa combinación explica por qué la historia resuena más allá de Malta. Habla de una reevaluación más amplia de las sociedades antiguas que antes fueron subestimadas porque no dejaron textos científicos escritos en el sentido moderno. La habilidad de observación, la competencia náutica y la sofisticación simbólica no siempre dejan atrás instrumentos o ecuaciones. A veces sobreviven en la disposición de un monumento, en la ubicación de un asentamiento o en el simple hecho de que una travesía marítima ocurrió.
Más que monumentos
Durante años, el patrimonio prehistórico de Malta ha inspirado asombro sobre todo por su arquitectura: piedras gigantes, planos enigmáticos y espacios ceremoniales que aún resisten una explicación simple. El nuevo enfoque añade movimiento a esa imagen. Sugiere que los constructores de templos no solo estaban arraigados en un lugar, sino también moldeados por viajes, horizontes y una atención repetida al cielo.
Si esa interpretación sigue ganando apoyo, la cultura neolítica de Malta puede llegar a verse menos como una civilización de templos aislada y más como una marítima con una astronomía práctica. Eso no disminuiría el misterio de sus monumentos. Lo profundizaría al vincular esas estructuras con un mundo vivo de viajes, orientación y conocimiento celeste compartido.
El resultado es una imagen más dinámica de la vida prehistórica mediterránea: personas cruzando mar abierto, leyendo el cielo, asentándose en islas remotas y luego codificando parte de esa visión del mundo en piedra. Para una cultura separada del presente por más de 5.000 años, se trata de una combinación sorprendentemente moderna de ingeniería, observación y adaptación.
Este artículo está basado en una cobertura de Universe Today. Lee el artículo original.
Originally published on universetoday.com



