El lugar donde una ciudad ubica un hospital, un parque, un vertedero o una planta de tratamiento de aguas residuales puede moldear la vida cotidiana de sus residentes durante décadas. Un nuevo estudio de Washington State University sostiene que los planificadores necesitan una forma más clara de medir si esos beneficios y cargas se distribuyen equitativamente entre las comunidades.

Publicado en npj Urban Sustainability, el estudio examina el condado de Spokane y la ciudad de Spokane, en el estado de Washington. Sus autores utilizan la ciencia de redes para evaluar la equidad socioeconómica de la ubicación de las instalaciones, con un enfoque que, según afirman, podría ser replicado por otras comunidades al tomar decisiones de planificación.

Los beneficios y las cargas no son lo mismo

Las instalaciones públicas cumplen funciones esenciales, pero sus efectos sobre los residentes cercanos difieren. En general, es deseable tener parques y hospitales al alcance. Un vertedero o una planta de tratamiento de aguas residuales puede ser necesario para toda la comunidad, aunque genere una presencia no deseada para quienes viven más cerca.

El estudio plantea la equidad como la atención a las condiciones socioeconómicas desiguales de una población. Assefaw Gebremedhin, autor de correspondencia y miembro de WSU, dijo que el objetivo es evitar circunstancias en las que un grupo demográfico concreto se vea afectado de forma desproporcionada. Según esta formulación, un patrón es justo cuando los impactos no se concentran en un solo grupo.

La distinción importa porque un simple inventario de instalaciones no revela quién puede llegar fácilmente a ellas ni quién soporta su proximidad. Tampoco un promedio para toda la ciudad muestra si los residentes con distintos niveles educativos, ingresos u otras condiciones socioeconómicas experimentan la misma distribución del acceso y la exposición.

Una perspectiva de redes para la planificación urbana

El trabajo se basa en la ciencia de redes, un campo que estudia las conexiones entre personas, organizaciones y lugares. Un concepto central es la centralidad: si los residentes tienen distancias o tiempos de viaje aproximadamente comparables hasta servicios importantes, o si algunas zonas están sistemáticamente más alejadas.

Aplicada a las instalaciones públicas, esta perspectiva puede hacer más concretas las preguntas de planificación. Una ciudad puede preguntar no solo si tiene suficientes parques o instalaciones médicas, sino también si su ubicación proporciona un acceso amplio pese a las diferencias socioeconómicas. Del mismo modo, puede examinar si las infraestructuras no deseadas se concentran cerca de personas con menos ventajas.

WSU study asks: Who benefits from where hospitals or landfills are located?
Un nuevo estudio de WSU evaluó la equidad socioeconómica de la ubicación de instalaciones públicas como parques y plantas de tratamiento de aguas residuales en Spokane. Crédito: WSU

En Spokane, el análisis concluyó que algunas instalaciones deseables, incluidos hospitales y parques, eran centrales y estaban ubicadas de manera relativamente justa, en el sentido de que ofrecían un amplio acceso a residentes con diferentes condiciones socioeconómicas. El resultado no implica que todos los servicios o barrios tengan un acceso idéntico. Más bien, identifica esas instalaciones como ejemplos en los que las medidas del estudio no mostraron el mismo tipo de concentración socioeconómica descrita para los sitios no deseados.

Exposición desigual en el análisis de Spokane

El estudio encontró un patrón diferente para cada instalación no deseada que examinó. La planta de tratamiento de aguas residuales y el vertedero, entre los ejemplos citados por los investigadores, estaban ubicados en barrios donde los residentes tenían niveles educativos más bajos.

Ese hallazgo se refiere a la relación observada en este estudio de caso, no demuestra que un único responsable tomara deliberadamente una decisión para producirla. La ubicación de las instalaciones está condicionada por muchas variables, y muchas decisiones relevantes se tomaron hace mucho tiempo. La disponibilidad de terrenos, las limitaciones de ingeniería, el transporte, la zonificación, el desarrollo histórico y las decisiones políticas pueden influir en el lugar donde termina la infraestructura.

Aun así, los investigadores señalan que la complejidad histórica no debería impedir la evaluación actual. A medida que crecen las ciudades y aumenta la atención a las desigualdades socioeconómicas, los planificadores pueden utilizar datos de ubicación y medidas de acceso para identificar patrones que, de otro modo, permanecerían implícitos.

Una herramienta para decisiones futuras

Para los gobiernos locales, el valor práctico del método puede residir menos en reabrir cada decisión antigua de ubicación que en orientar las futuras. Los nuevos parques, clínicas, centros de servicios y otras instalaciones beneficiosas pueden evaluarse según la amplitud de su acceso. Las ampliaciones o sustituciones de infraestructuras necesarias pero no deseadas pueden analizarse para determinar si añadirían carga a una zona donde ya está concentrada.

El marco también ofrece una forma de debatir la equidad con mayor precisión. En lugar de tratarla como una aspiración general, funcionarios y residentes pueden examinar la distancia o el tiempo de viaje, la distribución de los impactos cercanos y cómo varían esas medidas según las condiciones socioeconómicas.

El estudio de Spokane es un análisis local, por lo que no debe suponerse que sus resultados describan todas las ciudades. Su principal aportación es metodológica: propone una forma repetible de combinar la ubicación de las instalaciones, la conectividad y la distribución socioeconómica en una evaluación. Para las ciudades que deben proporcionar servicios de los que todos dependen, esto podría ayudar a convertir una cuestión abstracta de equidad en una cuestión medible antes de tomar la próxima gran decisión.

Este artículo se basa en un reportaje de Phys.org. Lea el artículo original.

Originally published on phys.org