Una medida más amplia del bienestar en la vejez muestra avances

La calidad de vida de los estadounidenses de 65 años o más mejoró durante la última década, según una investigación de la economista de Georgia Tech Shatakshee Dhongde. El estudio va más allá de los ingresos y combina ingresos, costes de vivienda, discapacidad y acceso digital en un índice multidimensional de bienestar.

Con esa medida, la proporción de estadounidenses mayores en el grupo de mayor bienestar aumentó del 16% en 2014 al 22% en 2023. El resultado no significa que las dificultades hayan desaparecido ni que todos los grupos hayan obtenido los mismos avances. Indica, más bien, una mejora medible en varias condiciones que determinan si las personas pueden participar en la vida cotidiana y afrontar las exigencias prácticas del envejecimiento.

La investigación, publicada en mayo de 2026 en The Review of Income and Wealth, subraya que las desventajas pueden solaparse. Una persona que afronta bajos ingresos, elevados costes de vivienda, una discapacidad y un acceso limitado a internet puede experimentar una restricción mucho más grave de la que mostraría cualquier indicador aislado. Combinar esos factores pretende ayudar a los responsables políticos a identificar a quienes sufren conjuntos de desventajas, en lugar de tratar cada problema por separado.

El acceso digital fue la principal fuente de cambio

La conectividad a internet fue la mejora más destacada del estudio. La proporción de adultos mayores con acceso digital pasó del 67% en 2014 al 92% en 2023. El cambio importa porque el acceso digital influye cada vez más en cómo las personas se comunican, obtienen información y utilizan servicios. Es uno de los cuatro componentes del índice precisamente porque la exclusión de los sistemas digitales puede agravar otras desventajas.

Los indicadores de ingresos también mejoraron en algunos aspectos. La proporción de estadounidenses mayores clasificados como de clase alta, definida en el estudio como quienes ganan más del 500% del umbral de pobreza, aumentó del 27% al 31%. La proporción de adultos mayores que declararon no tener discapacidades pasó del 64% al 68%.

En conjunto, esos cambios elevaron el índice general. Pero los resultados no respaldan una imagen sencilla de una seguridad económica que mejora de manera uniforme. Según el material de origen, la proporción de estadounidenses mayores que vivían por debajo del umbral de pobreza aumentó del 9% al 11%. Los datos describen, por tanto, una mejora en la distribución de varios factores de bienestar, al tiempo que muestran que la pobreza sigue siendo un problema grave y, según esta medida, algo más extendido.

Las disparidades raciales se redujeron, pero no desaparecieron

El estudio concluyó que el bienestar medio era mayor entre los estadounidenses mayores asiáticos y blancos, y menor entre las personas negras, los indígenas estadounidenses y los hispanos. Al mismo tiempo, las brechas se redujeron durante la década analizada. El índice medio aumentó casi un 10% entre los adultos mayores negros e indígenas estadounidenses entre 2014 y 2023, frente a aproximadamente un 5% entre los adultos mayores blancos y asiáticos.

Ese patrón es importante porque una mejora nacional general puede ocultar experiencias divergentes entre grupos demográficos. Un crecimiento más rápido del índice entre las poblaciones que partían de puntuaciones menores puede reducir las disparidades, pero no necesariamente eliminarlas. Los resultados apuntan tanto al progreso como a la desigualdad persistente: los grupos con menor bienestar medio seguían afrontando desventajas aunque sus avances medidos superaran los de los grupos con puntuaciones iniciales más altas.

El análisis también sugiere por qué puede ser útil un enfoque multidimensional para evaluar esas diferencias. Los ingresos son decisivos, pero no captan la accesibilidad, la discapacidad ni la posibilidad de utilizar los sistemas digitales que median cada vez más el comercio, la información y los servicios públicos y privados. Los costes de vivienda también pueden presionar el nivel de vida aunque los ingresos parezcan adecuados por sí solos.

Los adultos mayores siguieron obteniendo las puntuaciones más bajas

A pesar de la mejora registrada durante la década, los adultos de 65 años o más siguieron teniendo puntuaciones de bienestar inferiores a las de cualquier otro grupo adulto por edad analizado. Esta es una matización crucial del hallazgo principal. Los datos describen un aumento de la calidad de vida dentro de la población mayor, no una convergencia con el bienestar experimentado por los adultos más jóvenes.

La distinción es relevante para las políticas públicas porque los promedios poblacionales pueden hacer que se pase por alto a quienes se encuentran en el extremo inferior de la distribución. El marco de Dhongde centra la atención en las desventajas superpuestas, lo que puede orientar respuestas más específicas. Una persona mayor puede necesitar apoyo no solo por sus ingresos, sino también porque la discapacidad, los costes de vivienda y la exclusión digital actúan a la vez.

El estudio no prescribe una intervención única. Su contribución es diagnóstica: identifica cómo cambiaron varias condiciones entre 2014 y 2023 y muestra que el acceso digital fue un factor importante de la mejora. Esa evidencia puede ayudar a plantear los debates sobre las políticas de envejecimiento en torno a más de una medida del bienestar material.

Qué dicen y qué no dicen los resultados

El índice mide cuatro factores concretos, por lo que no ofrece una descripción completa de todas las dimensiones de la calidad de vida. Según los resultados proporcionados, no resuelve cuestiones relativas a la calidad de la atención sanitaria, la conexión social, la seguridad o todos los aspectos de la seguridad financiera. Su valor está en mostrar cómo pueden ponderarse conjuntamente los ingresos, los costes de vivienda, la discapacidad y el acceso digital, en lugar de considerarlos estadísticas independientes.

Para los estadounidenses mayores, el cambio más fuerte de la década fue la expansión del acceso digital. Al mismo tiempo, el aumento de la pobreza en este grupo de edad y la persistencia de las disparidades subrayan por qué la mejora general no debe tratarse como una solución definitiva. El panorama es más matizado: muchos adultos mayores estaban mejor posicionados en 2023 que en 2014 según este índice, mientras seguían existiendo vulnerabilidades importantes y resultados desiguales.

Mientras los responsables políticos evalúan una población que envejece, el estudio ofrece una lección práctica. Medir solo una forma de desventaja puede hacer que se pierda de vista a quienes soportan la mayor carga acumulada. Un índice multidimensional no sustituye al análisis detallado de políticas, pero puede hacer mucho más visible la intersección de los desafíos económicos, habitacionales, de discapacidad y conectividad.

Este artículo se basa en un reportaje de Phys.org. Leer el artículo original.

Originally published on phys.org