Un experimento de secuenciación se convirtió en un desafío para la biología de manual
Los investigadores que trabajaban con una nueva plataforma de secuenciación de ADN de una sola célula esperaban una prueba técnica. En cambio, encontraron un organismo microscópico que parece usar el código genético de una manera no reportada anteriormente. El organismo, un protista de agua dulce recogido de un estanque en Oxford University Parks, parece reasignar dos codones que normalmente se usan como señales de parada, alterando las instrucciones que gobiernan cómo se construyen las proteínas.
El hallazgo, publicado en un estudio de PLOS Genetics y resumido por el Earlham Institute, importa porque el código genético suele enseñarse como casi universal. En la mayoría de los organismos, codones específicos indican dónde debe terminar una secuencia de construcción de proteínas. Estas señales forman parte de la maquinaria central de traducción de la vida y ayudan a las células a convertir la información genética en proteínas funcionales. Se conocen excepciones, pero son lo bastante raras como para que cada una de las nuevas cambie la forma en que los científicos piensan sobre la flexibilidad del código.
En este caso, el organismo fue identificado como Oligohymenophorea sp. PL0344, descrito en el informe como una especie previamente desconocida. Según el resumen del estudio, dos codones normalmente asociados con señales de parada de genes habían sido reasignados a aminoácidos distintos en una combinación que los investigadores dijeron que no se había reportado antes.
Por qué este descubrimiento fue tan inesperado
Al principio, el equipo de investigación no buscaba un giro radical en la biología molecular. El objetivo práctico era probar una plataforma de secuenciación capaz de funcionar con cantidades extremadamente pequeñas de ADN, incluido ADN de una sola célula. Ese tipo de desarrollo técnico es cada vez más importante porque muchos microorganismos son difíciles de cultivar, aislar o estudiar en grandes cantidades.
En lugar de limitarse a validar el método, el equipo parece haberse topado con una gran excepción biológica. El Dr. Jamie McGowan, científico posdoctoral del Earlham Institute, dijo que esencialmente fue suerte que este protista en particular fuera el elegido. El resultado pone de relieve tanto la imprevisibilidad de la ciencia exploratoria como la enorme cantidad de diversidad biológica que sigue poco comprendida, especialmente entre los eucariotas microscópicos.
Los protistas son una fuente especialmente fértil de sorpresas. Como señala el texto original, la categoría es extraordinariamente amplia y difícil de definir con precisión. Incluye una gran variedad de organismos eucariotas que no son animales, plantas ni hongos, desde vida microscópica unicelular hasta formas mucho más grandes como las algas pardas y los mohos mucilaginosos. Su diversidad significa que los científicos deben ser cautelosos al suponer que una sola regla genética o fisiológica se aplica a todo el grupo.




