El estudio vincula las condiciones de la vivienda después de la inundación con síntomas respiratorios persistentes

Los daños por inundación no terminan cuando el agua retrocede. Una nueva investigación de científicos de la Facultad de Ingeniería FAMU-FSU y del Centro de Infraestructura Resiliente y Respuesta a Desastres de la Universidad Estatal de Florida muestra que las condiciones que quedan dentro de las viviendas pueden afectar la salud respiratoria de los residentes durante meses después de un huracán.

En un estudio publicado en Journal of Cleaner Production, los investigadores identificaron los factores más fuertemente asociados con nuevos síntomas respiratorios en hogares afectados por el huracán Ida en 2021 y el huracán Ian en 2022. Su análisis señala una combinación de daños estructurales, condiciones ambientales interiores y patrones de ventilación del hogar que pueden convertir una vivienda inundada en un riesgo sanitario de más largo plazo.

La conclusión central es tanto práctica como científica: algunos de los predictores más fuertes de problemas respiratorios son condiciones medibles que pueden inspeccionarse y, en muchos casos, mejorarse. Eso ofrece a los planificadores de emergencias, a las autoridades sanitarias y a los propietarios objetivos más claros para intervenir después de grandes tormentas.

Lo que encontraron los investigadores

Entre las variables examinadas, la antigüedad del techo, la prevalencia de esporas de moho en interiores y la profundidad máxima de la inundación fueron los factores más estrechamente vinculados con la aparición de nuevos síntomas respiratorios en las viviendas estudiadas. Los investigadores también hallaron que el caudal del extractor de aire del baño, la frecuencia con que los ocupantes abrían las persianas y la hermeticidad de un edificio también importaban.

Esos resultados subrayan cómo la exposición a las inundaciones se convierte en un problema de salud a escala del edificio. La entrada de agua puede dejar humedad, crear condiciones para el crecimiento de moho e interactuar con una estructura más antigua o menos resiliente de maneras que afectan la calidad del aire interior. La ventilación y los hábitos relacionados con la luz influyen entonces en cuánto perduran esas condiciones.

El profesor asistente y coautor del estudio Ebrahim Ahmadisharaf dijo que el trabajo se diseñó para abordar una laguna en la respuesta posterior al desastre. La atención pública suele centrarse en las lesiones inmediatas y en los daños a la infraestructura, pero los efectos indirectos sobre la salud pueden aparecer de forma gradual. Según los investigadores, ese retraso hace que la acción temprana sea especialmente importante, porque la mejor oportunidad para reducir la exposición puede llegar antes de que los residentes hayan vuelto por completo a la rutina habitual en una vivienda dañada.

Cómo construyó el equipo el estudio

La investigación se basó en edificios residenciales dañados en varias regiones tras dos grandes huracanes en Estados Unidos. El equipo examinó viviendas afectadas por Ida, que tocó tierra cerca de Nueva Orleans antes de avanzar por el noreste de Estados Unidos, e Ian, que cruzó el sur de Florida. Para tener en cuenta las diferencias geográficas, los investigadores agruparon por separado los datos de Luisiana, del noreste y del centro y sur de Florida.

Trabajando con investigadores de salud pública, el equipo encuestó a residentes cuyas viviendas habían sido afectadas por las tormentas. No se basaron solo en los informes de los propios afectados. El estudio combinó encuestas de salud con inspecciones del hogar, análisis de laboratorio de esporas de moho interiores y exteriores, y modelización de inundaciones. Es importante destacar que esas encuestas y muestras se recopilaron entre cinco y siete meses después de que los huracanes afectaran las zonas de estudio, reflejando la realidad de que los riesgos de exposición y los síntomas pueden persistir mucho más allá de la fase de emergencia.

Researchers find factors that cause respiratory impacts after flooding
El huracán Ian visto desde el satélite GOES-East de la NOAA en septiembre de 2022. Crédito: NOAA

Ese momento importa. Una vivienda puede estar lo bastante limpia como para parecer habitable y, aun así, seguir albergando condiciones que agravan los pulmones y las vías respiratorias. Al combinar datos del edificio con síntomas reportados, los investigadores crearon una base de datos capaz de conectar características concretas del hogar con resultados de salud, en lugar de tratar la recuperación tras la inundación como una experiencia única y uniforme.

Por qué importan tanto el moho y la ventilación

La prominencia de las esporas de moho interior en los hallazgos no es sorprendente, pero el estudio da más precisión a ese riesgo. A menudo se habla del moho como una consecuencia esperable de las inundaciones, pero el nuevo trabajo sugiere que su impacto está determinado por cómo un edificio se seca, respira y se mantiene. En otras palabras, el moho no es solo un problema de limpieza; forma parte de un problema más amplio del entorno interior.

El caudal del extractor de aire del baño y la hermeticidad del edificio pueden parecer detalles secundarios frente a la profundidad de la inundación, pero ayudan a explicar por qué algunas viviendas se recuperan de forma más segura que otras. La ventilación determina con qué eficacia se eliminan la humedad y los contaminantes. La hermeticidad influye en cómo se mueven el aire, la humedad y las esporas dentro de la vivienda. Incluso hábitos como abrir las persianas pueden importar, porque cambian la luz, el calor y posiblemente las condiciones de secado en el interior.

Los techos más antiguos también surgieron como un factor principal. Eso sugiere que los riesgos respiratorios relacionados con las inundaciones no están impulsados solo por el agua estancada. Una casa con componentes envejecidos puede ser más vulnerable a trayectorias ocultas de humedad, secado retrasado o daños acumulados que agravan los efectos de una tormenta.

Qué podrían cambiar los hallazgos

El estudio ofrece un marco más específico para la recuperación posterior a un huracán. En lugar de tratar todas las viviendas inundadas como entornos de riesgo equivalente, las agencias de respuesta podrían priorizar las inspecciones y las medidas de mitigación en torno a las condiciones más asociadas con nuevos síntomas. Eso podría incluir identificar viviendas con inundaciones más profundas, evaluar la prevalencia de esporas de moho, comprobar el rendimiento de la ventilación y prestar más atención a los sistemas de techo más antiguos.

Para los residentes, el trabajo refuerza que volver a casa no es lo mismo que volver a un entorno interior seguro. Para las autoridades sanitarias, sugiere que la reducción del riesgo respiratorio debería integrarse en la planificación de la recuperación meses después de la llegada a tierra, no solo durante la evacuación y el refugio.

A medida que las tormentas se intensifican y la exposición a inundaciones afecta a más comunidades, investigaciones como esta ayudan a pasar de la cautela general a la acción basada en evidencia. El mensaje principal es claro: las secuelas de un huracán pueden permanecer dentro de la vivienda, y la calidad de la recuperación puede depender de la rapidez con que esos peligros ocultos se detecten y se aborden.

Factores clave destacados en el estudio

  • La antigüedad del techo fue uno de los predictores más fuertes de nuevos síntomas respiratorios.
  • La prevalencia de esporas de moho en interiores se vinculó estrechamente con peores resultados respiratorios.
  • La profundidad máxima de la inundación aumentó la probabilidad de condiciones peligrosas en interiores.
  • El caudal del extractor de aire del baño y la hermeticidad del edificio influyeron en el riesgo de exposición interior.
  • Los investigadores recopilaron datos de salud y del edificio entre cinco y siete meses después del impacto de los huracanes.

Este artículo está basado en la cobertura de Phys.org. Leer el artículo original.

Originally published on phys.org