Los registros de coral apuntan a una era de El Niño más intensa
Nueva investigación basada en registros de coral de las islas Galápagos sugiere que los eventos de El Niño se han vuelto notablemente más fuertes en la era moderna de calentamiento que antes de la industrialización. El estudio, publicado el 27 de agosto de 2026, concluye que El Niño se ha intensificado casi un 40% en las últimas cuatro décadas en comparación con su base preindustrial, lo que refuerza la preocupación de que el cambio climático esté amplificando uno de los patrones climáticos naturales más disruptivos de la Tierra.
Eso importa porque El Niño no es una curiosidad local confinada al Pacífico. Es una de las dos fases del ciclo de El Niño-Oscilación del Sur, una alternancia recurrente entre condiciones más cálidas de El Niño y condiciones más frías de La Niña en el océano Pacífico. Cuando El Niño se fortalece, puede reconfigurar las lluvias, las temperaturas y los patrones de tormentas en amplias zonas del mundo. El resultado puede ser sequía en algunas regiones, inundaciones en otras y un estrés más amplio sobre los sistemas alimentarios, la infraestructura y la salud pública.
El nuevo trabajo sostiene que los eventos de El Niño más intensos de hoy no son simplemente parte del rango normal visible en el último milenio. En cambio, dicen los investigadores, la señal del calentamiento moderno ya es evidente en la fuerza de estos eventos. En términos prácticos, eso significa que los responsables de políticas y los pronosticadores quizá deban prepararse para un futuro en el que los episodios extremos de El Niño no sean rarezas aisladas, sino rasgos cada vez más plausibles del sistema climático.
Por qué el coral puede revelar la historia climática
El estudio se apoya en el coral porque los corales preservan información ambiental a medida que crecen. En torno a Galápagos, los registros de coral pueden capturar cambios vinculados a la temperatura de la superficie del mar y a las condiciones oceánicas del Pacífico oriental, una región clave para seguir el comportamiento de El Niño. Al comparar esos registros de larga duración con observaciones más recientes, los investigadores pueden estimar cuán inusuales son las condiciones actuales en relación con siglos anteriores.
Según el informe, el equipo no encontró ningún período comparable en el pasado en el que los eventos de El Niño parecieran tan fuertes como hoy. Los investigadores también hallaron que la intensidad de El Niño cambió en paralelo con el aumento de la temperatura global, reforzando la idea de que la tendencia está ligada al calentamiento planetario más amplio y no solo a la variabilidad de fondo ordinaria.
Esa conclusión es especialmente notable porque El Niño suele describirse como una oscilación natural. El nuevo hallazgo no elimina ese ciclo natural. Más bien, sugiere que el ciclo mismo ahora está operando en un estado climático más cálido que puede inclinar la balanza hacia eventos de fase cálida más intensos. Para la ciencia climática, esa es una distinción importante: la variabilidad natural sigue existiendo, pero ahora puede desarrollarse sobre una base alterada.
Una advertencia que llega durante otro gran evento
El momento del estudio aumenta su importancia. El mundo ya enfrenta lo que los pronosticadores describen cada vez más como un histórico El Niño de 2026 a 2027, con temperaturas superficiales del mar inusualmente altas que ayudan a impulsar las expectativas de un evento excepcional. El informe dice que los pronosticadores se han acercado a la certeza de que este El Niño podría batir un récord.
Eso eleva la apuesta de cualquier evidencia que muestre que los El Niño modernos más intensos difieren de los de épocas anteriores. El Niño ya tiene un historial de amplificar el estrés social y económico. Los eventos fuertes pueden alterar los monzones, reducir la producción agrícola, aumentar las pérdidas por desastres y tensionar los sistemas de respuesta de emergencia. En un mundo más cálido, esos efectos en cascada pueden volverse más difíciles de gestionar porque los extremos de calor, el riesgo de incendios forestales, la escasez de agua y el estrés ecológico ya están elevados antes de que El Niño entre en escena.

Por ello, el estudio llega menos como un argumento abstracto sobre la reconstrucción del paleoclima y más como una señal de riesgo a corto plazo. Si la relación entre el calentamiento y la intensidad de El Niño es tan fuerte como describen los investigadores, la planificación climática futura tendrá que considerar no solo el aumento de las temperaturas medias, sino también oscilaciones amplificadas en el sistema océano-atmósfera que pueden traer consecuencias globales repentinas.
Qué dicen y qué no dicen los hallazgos
La cobertura del artículo se centra en una afirmación central: los eventos recientes de El Niño son mucho más fuertes que sus equivalentes preindustriales, y ese cambio sigue el calentamiento impulsado por el ser humano. Dentro de la evidencia descrita, los investigadores no están diciendo que todos los El Niño se volverán idénticos, ni que la variabilidad climática natural haya desaparecido. El ciclo sigue alternando entre El Niño, La Niña y condiciones neutras cada pocos años.
Lo que el estudio sí sugiere es que el extremo superior de la intensidad de El Niño ha cambiado. Eso es importante porque las consecuencias más dañinas suelen concentrarse en los eventos más grandes. Un cambio moderado en el clima medio puede traducirse en cambios mucho mayores en los extremos, donde la infraestructura, los sistemas alimentarios y las instituciones públicas son más vulnerables.
El trabajo también subraya cómo archivos climáticos como el coral pueden ayudar a resolver disputas sobre qué cuenta como “normal”. Los registros instrumentales cubren solo una franja limitada del tiempo. Los registros de coral amplían la comparación mucho más atrás, dando a los científicos una forma de comprobar si las últimas décadas realmente se apartan del pasado. En este caso, la respuesta parece ser sí.
Por qué importa más allá de la ciencia climática
Para gobiernos e industrias, un régimen de El Niño más fuerte tiene consecuencias operativas. Los gestores del agua, los planificadores de cultivos, las aseguradoras, los operadores navieros y las agencias de desastres dependen de perspectivas estacionales moldeadas por las condiciones del Pacífico. Si el calentamiento está empujando los eventos de El Niño más fuertes hacia un territorio nuevo, entonces los modelos de riesgo construidos sobre supuestos antiguos podrían subestimar las futuras perturbaciones.
El mensaje más amplio es que el cambio climático no solo trata de promedios que se mueven lentamente. También puede reconfigurar el comportamiento de grandes sistemas naturales que determinan dónde cae la lluvia, dónde se intensifica la sequía y cómo se propaga el calor entre continentes. El Niño está en el centro de esa ecuación porque es uno de los principales impulsores de los patrones climáticos del mundo.
El estudio no ofrece una línea temporal simple sobre la rapidez con la que continuará la intensificación, pero sí aclara la evidencia de que el cambio climático moderno ya está alterando el carácter de un fenómeno global familiar. Si ese hallazgo se sostiene bajo más estudio, el mundo quizá deba dejar de pensar en los El Niño extremos como una rara anomalía histórica y empezar a tratarlos como una característica más habitual de los riesgos climáticos que vienen.
Este artículo se basa en la cobertura de Live Science. Leer el artículo original.
Originally published on livescience.com

