La política puede experimentarse como una emoción de todo el cuerpo

Si la vida política se siente físicamente agotadora de una manera que las frustraciones cotidianas no, un nuevo estudio sugiere que esa sensación no es solo anecdótica. Los investigadores encontraron que las emociones desencadenadas por asuntos políticos se sienten de forma distinta en el cuerpo que las mismas emociones experimentadas en la vida diaria, a menudo con efectos corporales más intensos y más movilizadores.

El trabajo, descrito por New Scientist y liderado por investigadores como Manos Tsakiris, de Royal Holloway, University of London, pidió a casi 1.000 personas que marcaran en siluetas corporales dónde y con qué intensidad sentían emociones como ira, asco y esperanza. Luego, los participantes repitieron el ejercicio mientras leían palabras vinculadas a temas políticos cargados de emoción, incluidos el terrorismo y el crimen.

Del mapa emocional al mapa térmico político

Las respuestas se usaron para generar mapas térmicos corporales digitales que mostraban dónde se sentía cada emoción, cuán intensa era y si parecía impulsar la acción o empujar al distanciamiento. Investigaciones previas han sugerido que muchas emociones producen patrones corporales sorprendentemente consistentes entre personas y culturas. La depresión, por ejemplo, suele aparecer como una desactivación corporal generalizada, mientras que la ira tiende a registrarse como una sensación energizada en el pecho, la cabeza y los brazos.

El nuevo estudio, en general, replicó esos patrones más amplios, pero la política cambió algunos de ellos de manera significativa. El asco político, por ejemplo, apareció como una sensación de mayor energía en la parte superior del cuerpo en lugar de concentrarse principalmente en el abdomen, como suele ocurrir con el asco no político. Tsakiris dijo que el asco político se parecía más a la ira.

Por qué las emociones políticas pueden movilizar a la gente

Ese hallazgo importa porque el asco y la ira tienen implicaciones sociales distintas. Si el asco político se siente más como ira en el cuerpo, puede ser más probable que empuje a las personas a actuar en lugar de retirarse en privado. El estudio también encontró que la depresión vinculada a la política parecía más movilizadora que la depresión ordinaria, con sensaciones más intensas en el torso y las extremidades.

En otras palabras, la política quizá no solo haga que la gente se sienta mal. También puede hacerla sentirse activada. Eso podría ayudar a explicar por qué los acontecimientos políticos pueden producir protesta, agitación y comportamientos colectivos de alta implicación incluso cuando las emociones subyacentes son negativas. La intensidad corporal podría formar parte del mecanismo que convierte asuntos abstractos en acción.

La paradoja emocional de la democracia

Tsakiris dijo a New Scientist que “sentir más” puede ser bueno para la democracia, mientras que “sentirse mejor” depende primero de entender lo que uno siente y luego aprender a responder en vez de reaccionar. Eso resume la paradoja en el centro del estudio. La vida democrática puede requerir inversión emocional, pero la misma fuerza que impulsa la participación también puede sobrecargar el juicio.

El componente corporal importa aquí porque sugiere que la sobrecarga política no es puramente cognitiva. Las personas no solo están procesando información y opiniones. También pueden estar lidiando con estados de cuerpo entero que las inclinan hacia la urgencia, el conflicto o el agotamiento. Reconocerlo podría cambiar la forma en que se piensa sobre el consumo mediático, los mensajes de campaña y la resiliencia cívica.

Qué dice y qué no dice el estudio

La investigación no demuestra por qué las emociones políticas difieren fisiológicamente, y el artículo señala que la razón sigue sin estar clara. Tsakiris especula sobre posibles explicaciones, pero el resultado actual es principalmente descriptivo: la política parece remodelar la firma corporal de ciertas emociones.

Aun así, ese resultado descriptivo es útil. Ofrece un marco para entender por qué el compromiso político moderno puede sentirse cualitativamente distinto de la vida emocional cotidiana. En un entorno saturado de lenguaje de crisis, conflicto identitario y actualizaciones constantes, la activación corporal puede ser parte de lo que mantiene fija la atención política.

Una lente útil para la era de la inmersión política constante

El valor del estudio está menos en decirle a la gente que se desconecte que en aclarar el coste de seguir involucrada. Si la emoción política tiende a extenderse con más intensidad por el cuerpo, entonces el desafío no es eliminar el sentimiento. Es reconocer cuándo la atención cívica está entrando en una sobrecarga fisiológica.

Eso tiene implicaciones que van mucho más allá del bienestar individual. Las sociedades dependen cada vez más de ciudadanos capaces de absorber un flujo incesante de estímulos políticos. Entender cómo esos estímulos no solo se interpretan, sino también se sienten, puede convertirse en una parte importante de comprender el comportamiento democrático en sí.

Este artículo está basado en un reportaje de New Scientist. Leer el artículo original.

Originally published on newscientist.com