Uno de los volcanes más estudiados del mundo puede no encajar en los libros de texto
El monte Etna ha destacado desde hace mucho tiempo entre otros volcanes, pero una nueva investigación sugiere que sus diferencias van más allá de una química o una ubicación inusuales. Según un estudio informado por Live Science, el Etna podría representar lo que los investigadores llaman un nuevo tipo de volcanismo, uno que no encaja en las tres categorías estándar que durante mucho tiempo han organizado la forma en que los geólogos entienden la formación volcánica.
Es una afirmación importante para uno de los volcanes más conocidos de la Tierra. El Etna domina el lado oriental de Sicilia y se eleva a más de 11,000 pies sobre el nivel del mar, pero su origen ha seguido siendo difícil de explicar con los marcos geológicos habituales. El nuevo trabajo, publicado el 7 de abril en JGR Solid Earth, ofrece una explicación que podría obligar a replantear de forma más amplia cómo se clasifica el volcanismo.
Los tres modelos clásicos
Antes de este estudio, los investigadores solían dividir los volcanes en tres grandes grupos. El primero incluye los volcanes de dorsales oceánicas, que se forman donde las placas tectónicas se separan y el magma asciende para crear nueva corteza. El segundo incluye volcanes intraplaca como Yellowstone o las islas Hawái, donde un punto caliente del manto impulsa una actividad eruptiva concentrada lejos de los límites de placa. El tercero incluye volcanes de zona de subducción, que se forman tierra adentro desde donde una placa tectónica se hunde debajo de otra y el agua liberada por la placa descendente ayuda a generar fusión debajo de la superficie.
Estas categorías han sido útiles porque vinculan el comportamiento volcánico con el entorno tectónico. Pero el Etna siempre ha sido incómodo dentro de ese esquema. Se encuentra cerca del límite donde la placa africana se mueve debajo de la placa euroasiática, lo que podría sugerir un contexto de subducción. Sin embargo, está justo en el límite de placa y no tierra adentro, donde se encuentran la mayoría de los volcanes relacionados con subducción.
Un desajuste químico y tectónico
El desajuste no es solo geográfico. Live Science informó que la química de la lava del Etna se parece más a la salida del volcanismo de punto caliente, aunque no hay evidencia de un punto caliente bajo la región. Eso deja al volcán atrapado entre categorías: no claramente un volcán clásico de subducción, no un volcán de punto caliente y tampoco un sistema de dorsal oceánica.
Esa tensión ha convertido al Etna en un rompecabezas persistente. El nuevo estudio parece resolverlo al señalar un proceso de formación más parecido al volcanismo petit-spot. Los volcanes petit-spot son pequeños montes submarinos que se forman en el fondo oceánico. Por lo general tienen solo unos pocos cientos de pies de altura, mucho menos que el Etna, pero la comparación propuesta se refiere al mecanismo y no al tamaño.
Por qué la nueva idea es importante
Si la analogía se sostiene, el Etna no sería solo un ejemplo extraño dentro de una categoría existente. Representaría una vía distinta de generación y erupción de magma. Sarah Lambart, petrologa de la University of Utah que no participó en el estudio, dijo a Live Science que el hallazgo “en realidad representa un nuevo tipo de volcanismo”.
Esa afirmación importa porque la volcanología depende en gran medida de marcos comparativos. Los científicos clasifican volcanes para entender qué funde la roca, dónde se acumula el magma, cómo es probable que se comporten las erupciones y cómo las fuerzas tectónicas moldean la evolución a largo plazo. Si uno de los volcanes más prominentes de Europa se formó de una manera fundamentalmente diferente, eso sugiere que esos marcos quizá no sean tan completos como se pensaba.
Por qué el Etna ha resistido una explicación sencilla
La ubicación del Etna en Sicilia lo sitúa en uno de los entornos tectónicos más complejos del Mediterráneo. Los movimientos de placas allí no encajan limpiamente en los diagramas simples usados en la geología introductoria. La posición del volcán justo en la interfaz de placas siempre ha hecho difícil clasificarlo con el modelo de volcán de subducción interior visto en lugares como Japón o las Cascadas.
Lo que hace convincente el nuevo estudio es que no intenta forzar al Etna dentro de una categoría que solo encaja parcialmente. En cambio, sugiere que el propio sistema de clasificación puede necesitar ampliarse. Así suele avanzar la geociencia: no descubriendo un objeto completamente desconocido, sino explicando por fin uno familiar que se había resistido a interpretaciones previas.
Un recordatorio de que la Tierra aún sorprende a los investigadores
El monte Etna está entre los volcanes más observados del planeta, y aun así podría seguir enseñando a los investigadores algo básico sobre cómo funciona el volcanismo. Es un recordatorio útil de que incluso en campos científicos maduros, las suposiciones de larga data pueden revisarse con nueva evidencia y mejores modelos.
El estudio no elimina la importancia del marco clásico de tres tipos. Las dorsales oceánicas, los puntos calientes y las zonas de subducción siguen siendo los motores dominantes del volcanismo en la Tierra. Pero si el Etna realmente pertenece a una categoría propia, entonces los geólogos quizá deban pensar con más flexibilidad sobre las condiciones límite que permiten que ascienda el magma.
Por ahora, la principal conclusión no es que los libros de texto hayan quedado obsoletos de repente. Es que un volcán icónico puede haber revelado un punto ciego en la forma en que los investigadores clasifican los sistemas volcánicos. En ciencia, esos momentos suelen ser los que abren la puerta a la siguiente ronda de descubrimientos.
Este artículo se basa en un reportaje de Live Science. Leer el artículo original.
Originally published on livescience.com



