Por qué los orígenes del lenguaje hablado son tan difíciles de rastrear

Cuando se pide a las personas que nombren las mayores innovaciones de la humanidad, dos respuestas surgen una y otra vez: el lenguaje y el fuego. Un nuevo artículo sostiene que estos dos avances podrían estar mucho más conectados de lo que la mayoría de nosotros ha asumido. La idea no es que el fuego simplemente diera a las personas algo de qué hablar, sino que la luz tenue de una hoguera pudo haber ayudado a empujar a nuestros antepasados desde una forma gestual de comunicación hacia el lenguaje hablado.

Entender cómo evolucionó el lenguaje humano sigue siendo uno de los rompecabezas más difíciles de la ciencia. La escritura es una invención relativamente reciente, por lo que no puede decirnos mucho sobre los orígenes profundos del habla. Aún más desafiante, los tractos vocales y los cerebros de nuestros antepasados no se fosilizaron, porque estaban hechos de tejido blando. Los investigadores se quedan, por lo tanto, con evidencia indirecta: las formas en que los humanos y otros simios se comunican hoy.

La teoría del gesto primero en la evolución del lenguaje

Una de las teorías más prominentes sobre los orígenes del lenguaje humano sostiene que nuestros antepasados se comunicaban primero mediante gestos. Esta idea se basa en lo que sabemos sobre las capacidades de los simios. La evidencia sugiere que tanto los chimpancés como los gorilas tienen sistemas de comunicación gestual. Si nuestros parientes vivos más cercanos dependen de los gestos, es plausible que los primeros humanos también lo hicieran.

También hay una razón práctica para tomar en serio los gestos. Cuando las personas no comparten un idioma, una de las mejores estrategias para comunicarse es usar gestos. De vacaciones, por ejemplo, señalamos, hacemos mímica y expresamos emociones para transmitir nuestro mensaje. La autora del artículo, Hannah Little, ha descubierto en investigaciones previas que esto funciona porque los gestos y las lenguas de signos suelen ser más icónicos que las palabras habladas. Su significado es más fácil de adivinar para alguien sin conocimiento previo del gesto o del idioma que se utiliza. Eso hace que el gesto sea especialmente útil para crear un nuevo lenguaje desde cero.

El problema: el gesto requiere luz

Si el lenguaje humano comenzó con gestos, entonces queda una pregunta importante: ¿por qué la gran mayoría de los idiomas se hablan hoy? Una posible respuesta radica en los límites de la comunicación gestual. Para ver un gesto, se necesita una fuente de luz. Sin embargo, la comunicación habría sido necesaria para nuestros antepasados después del anochecer, cuando el sol ya no estaba disponible.

Un artículo de investigadores de la Universidad de St Andrews sostiene que la luz tenue de una hoguera puede proporcionar una explicación de por qué pasamos del gesto al lenguaje hablado. Aunque la luz del fuego es una fuente de luz, es potencialmente demasiado tenue para que dependamos de ella en las partes significativas del lenguaje gestual temprano. Para historias plenamente expresivas en la oscuridad, necesitaríamos el lenguaje hablado.

Cómo la luz del fuego pudo haber impulsado el cambio hacia el habla

Imagina una hoguera ancestral después del atardecer. Un grupo se reúne alrededor de las llamas. Hay suficiente luz para ver rostros y manos, pero no la suficiente para los gestos sutiles y detallados que requeriría un lenguaje gestual plenamente expresivo. Las sombras parpadeantes y la iluminación desigual dificultarían la interpretación de las formas precisas de las manos y las expresiones faciales. El lenguaje hablado, en cambio, no depende en absoluto de la luz. Puede transmitir significado a través de la oscuridad.

Este es el núcleo del argumento del nuevo artículo. Los investigadores sugieren que la luz del fuego creó un entorno de comunicación en el que el gesto se volvió menos fiable, mientras que el habla se volvió más ventajosa. La hoguera extendió el día social e hizo posible la comunicación después del anochecer, pero también expuso las debilidades de un lenguaje puramente visual. Con el tiempo, esa presión pudo haber favorecido el desarrollo y el uso del lenguaje hablado.

Es importante destacar que el artículo no afirma que el fuego causara el lenguaje ni que la transición fuera repentina. Ofrece una posible explicación de un rompecabezas de larga data: por qué el gesto, si fue lo primero, no siguió siendo el modo dominante de comunicación humana.

Por qué la hipótesis encaja con la evidencia existente

La hipótesis de la luz del fuego encaja perfectamente con lo que los investigadores ya saben. La teoría gestual explica por qué la comunicación de los simios es relevante y por qué los gestos icónicos son tan útiles para construir un lenguaje desde la nada. Pero deja sin explicar el dominio del habla. La hipótesis de la hoguera llena ese vacío al señalar las condiciones físicas de la vida humana temprana. Si nuestros antepasados necesitaban comunicarse después del anochecer, y si la luz del fuego era demasiado débil para gestos complejos, entonces el lenguaje hablado habría tenido una clara ventaja.

Esta perspectiva también conecta varios campos. Vincula la primatología, que estudia el gesto en los simios, con la lingüística, que estudia la estructura y el uso de las lenguas habladas, y con la arqueología, que rastrea la evidencia del uso del fuego. El argumento no se basa en un único fósil o artefacto. Se basa en la lógica de la comunicación en un entorno de poca luz, combinada con evidencia indirecta de especies vivas.

Lo que los investigadores aún necesitan explorar

La evolución del lenguaje es notoriamente difícil de poner a prueba. Sin tejido blando fosilizado, los científicos no pueden observar directamente las capacidades vocales o las estructuras cerebrales de los primeros humanos. Deben basarse en estudios comparativos de simios, experimentos sobre gestos e iconicidad, y evidencia arqueológica del fuego. El artículo de la Universidad de St Andrews añade un nuevo ángulo a este trabajo al centrarse en las condiciones sensoriales de la comunicación temprana.

Investigaciones futuras podrían examinar cómo interactúan el gesto y el habla en condiciones de poca luz. También podrían explorar si otros aspectos de la vida humana temprana, como el tamaño del grupo, la complejidad social o el uso de herramientas, desempeñaron un papel en el cambio del gesto al habla. La hipótesis de la luz del fuego no descarta estos factores, pero destaca una restricción específica y previamente subestimada: la cantidad de luz disponible después del anochecer.

El panorama general: lenguaje, fuego e innovación humana

El lenguaje y el fuego suelen celebrarse como dos de las mayores innovaciones humanas. Si están vinculados, eso cambia cómo pensamos sobre ambos. El fuego proporcionaba calor, protección y una forma de cocinar alimentos. También extendía el día al proporcionar luz. Esa luz pudo haber creado un problema de comunicación que el lenguaje hablado resolvió. Desde este punto de vista, la hoguera no era solo una fuente de comodidad o seguridad. Era un entorno que moldeaba cómo nuestros antepasados hablaban entre sí.

El nuevo artículo sugiere que estas dos grandes innovaciones podrían estar más interconectadas de lo que asumíamos anteriormente. Es un recordatorio de que el lenguaje no evolucionó en el vacío. Fue moldeado por las condiciones de la vida cotidiana, incluida la luz parpadeante de una hoguera. Al observar las limitaciones prácticas de la oscuridad y la luz tenue, los investigadores podrían comprender mejor por qué los humanos se convirtieron en criaturas tan profundamente verbales.

Este artículo se basa en reportajes de Phys.org. Lee el artículo original.

Originally published on phys.org