Un almacén de carbono ártico enterrado podría ser menos seguro de lo que se pensaba
Científicos que estudian el noroeste de Groenlandia afirman haber identificado evidencia de una vía de liberación de metano antes infravalorada: el agua de deshielo glaciar desestabilizando hidratos de metano que se creía estaban sellados de forma segura en los sedimentos. El trabajo, centrado en la bahía de Melville, plantea la preocupación de que el continuo deshielo de la capa de hielo pueda reactivar un proceso que probablemente ocurrió después del último máximo glacial.
Los hidratos de metano son una forma inusual de gas congelado en la que las moléculas de metano quedan atrapadas dentro de una red de agua. Se forman en condiciones frías y de alta presión bajo el océano, bajo el permafrost o bajo los glaciares. Su importancia es enorme, porque algunas estimaciones sugieren que los depósitos de hidratos contienen más carbono que todos los combustibles fósiles convencionales juntos.
Eso no significa que todo ese metano esté a punto de escapar. Pero sí significa que comprender la estabilidad de estos depósitos es una cuestión climática fundamental. Los nuevos hallazgos en Groenlandia sugieren que una línea de estabilidad que se daba por sentada puede ser más débil de lo esperado.
Qué encontraron los investigadores en la bahía de Melville
El equipo, dirigido por Mads Huuse en la Universidad de Manchester, examinó un área donde se sabe que hay hidratos de metano en los sedimentos del fondo de la bahía de Melville. En estudios sísmicos realizados originalmente por compañías de petróleo y gas en 2011 y 2013, los investigadores identificaron 50 grandes pockmarks en el lecho marino, cada uno con profundidades de hasta 37 metros.
Los pockmarks se agrupan cerca de una cuña de línea de apoyo, un largo terraplén que marca dónde la lengua flotante de la capa de hielo de Groenlandia se encontraba con el fondo marino durante el último máximo glacial. Al principio, se pensó que estas formaciones habían sido barridas por el volteo de icebergs. Pero las muestras de sedimento cambiaron después esa interpretación.
Esos núcleos mostraron que las capas superiores de sedimento estaban en gran medida libres de metano, aunque las condiciones locales de temperatura y presión deberían haber sido adecuadas para la estabilidad del hidrato de metano. Esa discrepancia llevó a los investigadores hacia otra explicación: el metano estuvo presente en algún momento y luego fue arrastrado.
Un nuevo mecanismo de liberación
El desencadenante propuesto es el agua de deshielo glaciar. A medida que la capa de hielo retrocedió después del último máximo glacial, el agua de deshielo parece haber circulado por el subsuelo y perturbado los hidratos de metano retenidos en el sedimento. Huuse lo describió como una vía de liberación de metano recién reconocida que los científicos habían supuesto, en la práctica, que estaba “a salvo” y estable.
La importancia de esa frase es difícil de pasar por alto. La ciencia climática suele distinguir entre las fuentes activas de emisión y los almacenes de carbono que se consideran relativamente seguros en las escalas de tiempo relevantes. Si el agua de deshielo glaciar puede desestabilizar depósitos de hidratos, entonces el retroceso de grandes masas de hielo puede hacer más que elevar el nivel del mar y remodelar los paisajes. También puede abrir una vía para liberar más gases de efecto invernadero.
Los pockmarks del fondo marino ofrecen la huella geológica de esa perturbación pasada. No son meros agujeros en el sedimento. En esta interpretación, son evidencia de que el metano ascendió y alteró el fondo marino a medida que cambiaban las condiciones ambientales.
Por qué importa tanto el metano
El metano es un potente gas de efecto invernadero, y aun liberaciones relativamente modestas pueden influir en el calentamiento. Por eso los hidratos de metano atraen tanta atención. Representan un gran reservorio de carbono, pero su comportamiento en un clima que cambia rápidamente sigue sin comprenderse del todo.
El estudio de Groenlandia no muestra que un gran pulso moderno de metano sea inevitable. Sin embargo, amplía el conjunto de mecanismos por los que los hidratos pueden verse alterados. Los investigadores ya habían considerado el calentamiento de los océanos, el deshielo del permafrost y los cambios de presión. El lavado impulsado por el agua de deshielo añade otro proceso a vigilar, especialmente en regiones donde interactúan los glaciares y los sedimentos marinos.
Eso hace que el trabajo sea relevante más allá de Groenlandia. Combinaciones similares de hielo en retirada, cuencas sedimentarias y zonas con hidratos podrían existir en otras partes del Ártico. Si el mecanismo propuesto resulta general, las implicaciones climáticas podrían ser más amplias que una sola bahía.
Una advertencia del pasado, una incertidumbre presente
Una de las características más llamativas de la investigación es que lee el pasado como una advertencia para el futuro. El mundo posterior al glaciar ya realizó este experimento una vez. Grandes masas de hielo retrocedieron, cambiaron las vías del agua de deshielo y, al parecer, se movilizó metano. La preocupación es que el calentamiento actual podría recrear suficientes condiciones como para repetirlo.
Eso no equivale a predecir una crisis inmediata. Los sistemas geológicos pueden operar en escalas temporales largas, y las tasas de liberación importan tanto como los volúmenes totales. Aun así, el estudio afina el panorama del riesgo. En lugar de preguntarse solo si el calentamiento de los océanos desestabilizará los hidratos desde arriba, los científicos quizá ahora tengan que preguntar si el agua de deshielo puede alterarlos desde dentro o desde abajo.
Para la investigación climática, ese es un cambio significativo. Sugiere que algunos cambios de la criosfera pueden interactuar más directamente con almacenes de carbono ocultos de lo que se había reconocido antes.
- Los investigadores identificaron 50 grandes pockmarks en la bahía de Melville, algunos de hasta 37 metros de profundidad.
- Los núcleos de sedimento sugirieron que los hidratos de metano fueron eliminados pese a condiciones favorables de estabilidad.
- El equipo propone que el agua de deshielo glaciar arrastró los hidratos de metano después del último máximo glacial.
- El estudio plantea la preocupación de que el continuo deshielo de la capa de hielo pueda reactivar un proceso similar.
Este artículo se basa en información de New Scientist. Leer el artículo original.
Originally published on newscientist.com



