Un horno oculto en las profundidades del planeta

El núcleo de la Tierra sigue siendo uno de los lugares menos accesibles de la ciencia, pero los investigadores han construido una imagen sorprendentemente detallada de él. Según Live Science, los científicos estiman que el núcleo alcanza entre unos 9.000 y algo más de 10.000 grados Fahrenheit, o alrededor de 5.000 a más de 5.500 grados Celsius, lo que lo hace tan caliente como la superficie del Sol.

La estimación se refiere al límite entre el núcleo interno y el núcleo externo, que los científicos consideran la parte más caliente del núcleo. Esa temperatura no es el resultado de una medición directa. Ningún instrumento ha llegado ni remotamente a esas profundidades. En cambio, es una inferencia cuidadosamente construida a partir de lo que está hecho el núcleo, de cómo se comportan los materiales bajo presiones extremas y de cómo se desplazan las ondas sísmicas a través del planeta.

Dos núcleos, uno líquido y otro sólido

La Tierra no tiene un núcleo único y uniforme. Tiene un núcleo externo líquido y un núcleo interno sólido. El núcleo externo comienza a unas 1.800 millas, o 2.900 kilómetros, bajo la superficie y se extiende por unas 1.400 millas, o 2.200 kilómetros. El núcleo interno comienza a unas 3.200 millas, o 5.150 kilómetros, bajo tierra y tiene un radio de aproximadamente 758 millas, o 1.220 kilómetros.

Esa estructura es fundamental para la estimación de la temperatura. Los científicos creen que el núcleo está compuesto principalmente por hierro, alrededor del 85%, junto con níquel y elementos más ligeros. En el núcleo externo, ese material rico en hierro es líquido. En el núcleo interno, es sólido. La transición entre esos estados ofrece a los investigadores una pista crucial: si el núcleo externo es hierro fundido, su temperatura debe superar el punto de fusión del hierro bajo las enormes presiones presentes a esa profundidad.

Cómo saben los científicos sin ir allí

La estimación moderna es el producto de varias líneas de evidencia. Una es el trabajo de laboratorio sobre aleaciones de hierro sometidas a presiones extremas. Otra es el estudio de meteoritos, que puede ofrecer información sobre los materiales que ayudaron a formar el sistema solar temprano y, por extensión, la Tierra. Una tercera es la sismología, que sigue cómo viajan las ondas sísmicas a través del planeta.

Las ondas sísmicas son especialmente importantes porque no se mueven por todos los materiales de la misma manera. Algunas se curvan, se ralentizan o desaparecen al encontrar cambios de densidad o de estado. Esos patrones ayudaron a los científicos a inferir que la Tierra tiene un núcleo externo líquido y un núcleo interno sólido. Una vez que se conocen la estructura y la composición probable, los investigadores pueden combinar esa información con experimentos a alta presión para estimar la temperatura necesaria para que existan esas condiciones.

El resultado no es una lectura de termómetro, sino una estimación científica acotada. Es uno de los ejemplos más claros de cómo suele funcionar la ciencia planetaria en el límite de la observación directa: los investigadores no pueden muestrear el núcleo en sí, así que recrean partes de su entorno y comprueban qué tendría que ser cierto.

Por qué el núcleo sigue caliente

La Tierra se formó hace unos 4.500 millones de años como una bola de roca fundida. Con el tiempo, elementos pesados como el hierro y el níquel se hundieron hacia el centro y formaron el núcleo primitivo. El hecho de que el núcleo siga siendo intensamente caliente hoy refleja tanto ese origen violento como las condiciones extremas en las que el calor se almacena y se transfiere en el interior profundo del planeta.

Aunque la superficie del planeta se ha enfriado desde hace mucho lo suficiente como para sostener océanos, continentes y vida, el interior profundo sigue siendo un entorno completamente distinto. El núcleo externo todavía es líquido, mientras que el núcleo interno permanece sólido bajo una presión inmensa a pesar de su temperatura extraordinaria.

Una temperatura que cambia la perspectiva

La comparación con la superficie del Sol es llamativa porque reduce la distancia percibida entre la geología cotidiana y la física estelar. La Tierra puede sentirse estable bajo los pies, pero el planeta aún contiene una región lo bastante caliente como para rivalizar con la capa exterior visible de una estrella.

Eso no significa que el núcleo se comporte como el Sol. La comparación es sobre la temperatura, no sobre la composición ni sobre el proceso físico. Aun así, subraya cuánta energía conserva el interior del planeta miles de millones de años después de su formación.

La lección más amplia es metodológica. El núcleo de la Tierra es un lugar que los seres humanos no pueden inspeccionar directamente, y aun así la ciencia puede decir cosas significativas sobre él combinando evidencia indirecta de múltiples campos. La estimación de 5.000 a 5.500 grados Celsius no es, por tanto, un simple cálculo al azar. Es una conclusión construida a partir de experimentos, ciencia de materiales y las firmas sísmicas de un mundo que todavía conserva su calor primordial.

Este artículo se basa en la cobertura de Live Science. Leer el artículo original.

Originally published on livescience.com