El olfato podría estar mapeado de una forma más parecida a otros sentidos de lo que los científicos pensaban

Los científicos han producido lo que el texto fuente describe como un mapa sin precedentes de los receptores del olfato en la nariz del ratón, y el resultado cuestiona una suposición de larga data sobre cómo se organiza la olfacción. En lugar de distribuirse al azar por el revestimiento de la cavidad nasal, los receptores olfativos parecen estar organizados en bandas estrechas y altamente ordenadas.

El estudio, publicado el 28 de abril en Cell según la fuente, ofrece una nueva imagen de uno de los sentidos más fundamentales de la biología. Durante mucho tiempo, el olfato se ha tratado como la excepción entre los sistemas sensoriales, al carecer del tipo de mapeo espacial claro conocido en el tacto, la audición y la visión. Este trabajo sugiere que eso podría haber sido un artefacto de mediciones limitadas y no una característica real del sistema.

Más de 1.100 receptores, millones de células

La escala del nuevo mapa es una de las razones por las que destaca. La fuente dice que los investigadores examinaron alrededor de 5,5 millones de neuronas de más de 300 ratones individuales. Cada neurona sensorial olfativa madura expresa uno de 1.172 receptores diferentes codificados en el ADN del ratón, y cada receptor está afinado para detectar un tipo distinto de olor.

Esa diversidad de receptores ha hecho durante mucho tiempo que la nariz sea difícil de estudiar como un sistema espacial coherente. Si miles de tipos de receptores están dispersos de manera impredecible, la organización del olfato se vería fundamentalmente distinta de la de otros sentidos. Pero el nuevo mapa sugiere que esa suposición era incorrecta. Los receptores no están esparcidos al azar por el tejido. Ocupan lo que la fuente llama “bandas estrechas” y forman franjas superpuestas de expresión de receptores de olor.

Ese es un gran cambio conceptual. Significa que la olfacción puede usar el orden anatómico de formas que los científicos antes subestimaban.

Nuevas herramientas hicieron posible el mapa

La fuente atribuye el avance a técnicas más recientes que han madurado durante los últimos seis o siete años. Una es la secuenciación de célula única, que permitió a los investigadores examinar neuronas sensoriales olfativas maduras una por una e identificar qué receptor expresaba cada una. Otra es la transcriptómica espacial, que ayudó al equipo a ubicar esos receptores dentro del tejido nasal.

Juntas, esas técnicas resolvieron un problema que ha limitado la investigación sobre el olfato durante décadas: era posible saber qué genes estaban presentes, o dónde se ubicaban las células, pero mucho más difícil conectar esos datos a la escala y con la precisión necesarias. Al combinar la identificación célula por célula con la ubicación espacial, los investigadores pudieron construir lo que la fuente llama un “hermoso mapa” de más de 1.100 receptores del olfato.

El resultado no es solo una mejor imagen. Es un nuevo marco para preguntar cómo se estructura la información del olor antes incluso de llegar al cerebro.

Por qué importa el hallazgo

Se sabe que otros sentidos dependen de mapas. En la audición, por ejemplo, diferentes frecuencias se codifican en distintas posiciones de la cóclea. La fuente usa esa comparación para mostrar por qué es importante el nuevo hallazgo. Si el olfato también utiliza una lógica espacial, aunque difiera en detalle de la audición o la visión, entonces la olfacción podría estar más organizada computacionalmente de lo que antes se asumía.

Eso importa porque la nariz no es solo un detector pasivo. Es la parte frontal de un sistema interpretativo complejo. Dónde se sitúan los receptores, y qué receptores están cerca unos de otros, puede influir en cómo se muestrea, combina y transmite la información de los olores. Las franjas y bandas recién observadas sugieren que la geografía de los receptores podría formar parte de la forma en que el sistema ordena la información química antes de que el cerebro la ensamble en olores reconocibles.

La fuente no afirma que el problema completo de descifrado haya sido resuelto. Pero sí muestra que el mapa inicial es mucho más estructurado de lo que antes creía el campo.

Una nueva base para la biología olfativa

La investigación podría abrir varias líneas de estudio. Un mapa anatómico más preciso ofrece a los científicos una mejor base para estudiar el desarrollo, la regeneración, el recambio de receptores y las enfermedades. También puede ayudar a explicar cómo el sistema olfativo sigue funcionando a pesar de la exposición constante del tejido nasal al entorno y de la sustitución continua de las neuronas sensoriales con el tiempo.

Incluso a un nivel básico, el trabajo remodela cómo se enseña e imagina el olfato. Un sentido que a menudo parecía difuso y desordenado ahora parece apoyarse en un orden interno sorprendente. La nariz del ratón, en lugar de ser un mosaico de receptores sin geometría clara, se parece más a una superficie sensorial estructurada con su propia lógica oculta.

Por eso el estudio destaca como algo más que un ejercicio técnico de mapeo. Revisa una suposición central en neurociencia y proporciona un punto de partida más claro para entender cómo las señales químicas se convierten en percepción. En un campo donde algunos de los cambios más importantes llegan cuando por fin se ve el sistema correctamente, el nuevo mapa podría resultar ser exactamente ese tipo de avance.

Este artículo se basa en un reportaje de Live Science. Lee el artículo original.

Originally published on livescience.com