Una recuperación celebrada y cuestionada

El cóndor de California es una de las historias de recuperación más conocidas de la conservación. En 1987, los biólogos capturaron al último ejemplar que volaba libremente y lo trasladaron a cautividad, dejando a la especie extinta en estado salvaje. La decisión creó un programa de cría en cautividad destinado a evitar su desaparición permanente. Décadas después, más de 300 cóndores han sido devueltos a su entorno natural.

El resultado es importante, especialmente para el ave voladora más grande de Norteamérica, cuya envergadura puede superar los 9,5 pies. Pero la historia no es simplemente un éxito científico. El esfuerzo requirió años de coordinación, millones de dólares y una sucesión de decisiones que fueron discutidas en su momento. Por ello, la recuperación del cóndor ofrece una perspectiva útil sobre las decisiones mucho mayores a las que se enfrenta ahora la política internacional de biodiversidad: qué especies reciben recursos escasos, quién toma esas decisiones y quién debe vivir con sus consecuencias.

Estas preguntas han cobrado urgencia mientras los gobiernos se reúnen en la conferencia de la Convención de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica en Ereván, Armenia, del 19 al 30 de octubre. La reunión se celebra en el contexto del Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal, adoptado en 2022. El acuerdo busca detener y revertir la pérdida de biodiversidad, pero sus ambiciones generales deben traducirse finalmente en prioridades nacionales, decisiones locales y proyectos financiados.

El rescate nunca fue una decisión neutral

Capturar a todos los cóndores salvajes restantes fue controvertido. Los conservacionistas discrepaban sobre si retirar las aves de la naturaleza debía entenderse como rescate o como rendición. El desacuerdo iba más allá de la técnica. Era una disputa sobre el riesgo aceptable: si preservar una especie en cautividad justificaba admitir que su población silvestre restante no podía sobrevivir sin ayuda.

También estaba en juego el coste de oportunidad. Los críticos sostenían que el dinero destinado a los cóndores podría haberse gastado en otras especies amenazadas. Esto es una característica inevitable de la conservación, no una nota histórica. Los presupuestos son limitados, mientras que el número de especies y hábitats que necesitan ayuda es enorme. Un animal muy visible puede atraer atención y apoyo financiero, pero la visibilidad por sí sola no resuelve si una intervención es el uso más eficaz de fondos públicos o privados.

El caso del cóndor también demuestra que un plan de recuperación no termina con la cría y la liberación. Devolver una especie a su entorno natural la pone en contacto con las personas, empresas y paisajes que rodean ese hábitat. Comunidades rurales de Utah y Arizona expresaron preocupación por posibles restricciones federales al uso de la tierra. Grupos de cazadores, incluida la National Rifle Association, se opusieron a las restricciones sobre munición de plomo, identificada como una causa principal de muerte de cóndores. Cada disputa concernía tanto a los resultados de conservación como a la distribución de las cargas.

Un cóndor con las alas extendidas, rodeado por una gran zona protegida con redes.
AC-4 fue uno de los últimos cóndores de California salvajes capturados en la década de 1980 para crear un programa de cría en cautividad. La envergadura de un cóndor puede superar los 9,5 pies (2,9 metros). Crédito: U.S. Fish and Wildlife Service

Los objetivos mundiales necesitan legitimidad local

El Marco Mundial de Biodiversidad establece objetivos comunes ambiciosos. Reclama movilizar 200.000 millones de dólares anuales de fuentes públicas y privadas en todo el mundo para 2030. También pretende conservar y gestionar al menos el 30% de las tierras, zonas costeras y océanos, detener las extinciones causadas por el ser humano y ayudar a las especies en dificultades a persistir.

Estos objetivos no especifican qué especies concretas deben salvarse. En cambio, las reglas del marco pretenden orientar las prioridades nacionales y la financiación que respalda la conservación. Por eso es especialmente importante el proceso utilizado para establecer prioridades. Las decisiones financieras pueden parecer técnicas, pero pueden determinar qué medios de vida se ven afectados, qué usos de la tierra afrontan restricciones y qué riesgos reciben atención pública.

La historia del cóndor sugiere que la conservación duradera no puede medirse únicamente por el número de animales liberados o de dólares asignados. La aceptación local importa porque a menudo se pide a las comunidades que acomoden nuevas reglas o cambien prácticas establecidas. Cuando los afectados perciben que las decisiones les han sido impuestas, el conflicto puede debilitar el apoyo incluso a un programa con objetivos ecológicos convincentes. La participación, por el contrario, no significa que todos los grupos estén de acuerdo; significa que los intereses y costes implicados se reconocen como parte de la decisión y no se tratan como una ocurrencia tardía.

Qué puede enseñar el cóndor a los responsables políticos

  • Las decisiones de conservación son decisiones sobre prioridades. Salvar una especie a gran escala puede requerir mucho dinero y un compromiso institucional de largo plazo.
  • Las intervenciones científicas tienen consecuencias sociales. La cría en cautividad, la reintroducción y la reducción de la mortalidad pueden afectar al uso de la tierra, las prácticas locales y las empresas.
  • Los compromisos internacionales amplios necesitan una aplicación nacional y local responsable. Los objetivos mundiales por sí solos no pueden determinar qué compensaciones son aceptables en un lugar concreto.
  • El éxito debe mantenerse. Una especie devuelta a la naturaleza sigue necesitando condiciones que le permitan sobrevivir allí.

El cóndor de California no se recuperó porque una sola institución declarara que la especie era importante. Su regreso fue resultado de décadas de intervención, controversia y trabajo continuo. Eso lo convierte en un ejemplo alentador y también en una advertencia. Demuestra que una especie al borde de la desaparición puede recibir otra oportunidad, pero también que el camino implica difíciles discusiones sobre dinero, responsabilidad y autoridad.

Mientras los países intentan convertir los compromisos mundiales de biodiversidad en acción, esas discusiones no deben tratarse como obstáculos externos a la conservación. Forman parte de ella. La pregunta práctica no es solo si el mundo puede movilizar más financiación, sino cómo deciden los gobiernos y las organizaciones de conservación dónde se destina y cómo comparten sus costes. La recuperación del cóndor deja claro que las respuestas definirán tanto los resultados ecológicos como el apoyo público al trabajo necesario para sostenerlos.

Este artículo se basa en una información de Phys.org. Leer el artículo original.

Originally published on phys.org