Los marineros prehistóricos de Malta vuelven al centro de atención
La nueva atención sobre el pasado neolítico de Malta está agudizando una vieja pregunta de gran importancia para la arqueología: ¿cómo cruzaron las aguas abiertas los primeros pobladores de las islas y establecieron una de las culturas prehistóricas más singulares del Mediterráneo? Según una información destacada por Phys.org, los arqueólogos dicen que la respuesta probablemente incluye alguna forma de navegación celeste, con las estrellas como una herramienta práctica para personas que viajaban mucho antes de que existieran las brújulas o los instrumentos modernos.
La afirmación importa porque Malta está lo bastante lejos de Sicilia como para que parte del trayecto, unos 97 kilómetros o 60 millas, a menudo dejara a los viajeros fuera de la vista de tierra. Si los pueblos neolíticos llegaron a las islas desde Sicilia, como coinciden en general los arqueólogos, entonces tuvieron que resolver un serio problema de navegación. Eso desplaza la discusión más allá del conocido espectáculo de los sitios megalíticos de Malta y hacia las capacidades de las personas que hicieron posible el primer asentamiento allí.
Un cruce difícil en una era sin instrumentos
Reuben Grima, arqueólogo de la Universidad de Malta citado en el material de origen, sostiene que no debe subestimarse la escala del cruce. No eran navegantes con brújulas, cartas náuticas, balizas de radio ni GPS. Sin embargo, lograron un viaje que exigía mantener el rumbo sobre aguas abiertas y luego construir una sociedad duradera tras la llegada.
Ese desafío práctico es una de las razones por las que la cuestión astronómica importa. La orientación celeste a veces se trata como un asunto simbólico o ritual en arqueología, especialmente cuando los investigadores examinan si los monumentos se alinean con puntos del cielo. En Malta, sin embargo, la cuestión pudo haber tenido una doble función. El mismo cielo que pudo haber moldeado la comprensión ritual también pudo ser un instrumento de trabajo para la navegación marítima.
Esa distinción es importante. Desplaza la arqueoastronomía de la especulación sobre el simbolismo aislado y la conecta con la supervivencia, la migración y el asentamiento. Para los primeros habitantes de Malta, el conocimiento de los cielos quizá fue menos abstracto que esencial.
Monumentos, alineaciones y debates sin resolver
El legado megalítico de Malta ha atraído durante mucho tiempo el debate porque las islas contienen más de dos docenas de grandes estructuras de piedra construidas a lo largo de un periodo de unos 1.500 años que comenzó alrededor del 3600 a. C. Estos sitios, incluidos los complejos de templos de Malta y Gozo inscritos por la UNESCO, han desconcertado a los investigadores durante décadas.

Una cuestión importante es si los llamados templos se alinearon intencionalmente con rasgos de la esfera celeste. Otra es si los constructores tenían una cosmología más amplia, posiblemente una que organizaba el espacio sagrado mediante observaciones del cielo. Esas preguntas siguen abiertas, y el material de origen no afirma que los estudiosos hayan llegado a una respuesta definitiva.
Lo que sí enfatiza es que la navegación puede ser el punto de partida más sólido. Antes de preguntar qué significaban estas estructuras en un sentido cósmico, los arqueólogos deben explicar cómo llegó la gente a las islas en primer lugar. Si los primeros colonos dependían de las estrellas durante la migración, entonces el conocimiento del cielo casi con seguridad formaba parte de la capacidad cotidiana antes de convertirse en expresión monumental, si es que llegó a hacerlo.
Por qué Malta es un caso revelador
Malta ofrece un escenario especialmente fuerte para esta discusión porque combina aislamiento, arquitectura monumental y un conocido enigma migratorio. Hoy las islas suelen asociarse con las finanzas, el turismo y la producción cinematográfica. En la prehistoria, sin embargo, fueron una exigente prueba de movilidad y adaptación humanas.
La lejanía de las islas las vuelve reveladoras. Llegar a Malta desde Sicilia no fue una deriva accidental a lo largo de una distancia trivial. Incluso si el clima y las corrientes ayudaron a veces, el asentamiento seguía implicando éxito repetido, suficiente confianza en la navegación y suficiente habilidad marítima para transportar personas a un lugar donde pudieran permanecer y construir.
Eso hace que Malta sea relevante para los debates más amplios sobre la sofisticación de las sociedades neolíticas. Con demasiada frecuencia, las comunidades prehistóricas se describen de maneras que aplanan su inteligencia técnica. Pero construir grandes monumentos de piedra y cruzar mar abierto son ambas señales de coordinación, planificación y conocimiento del entorno. Si la navegación celeste formaba parte de ese conjunto, entonces los primeros habitantes de Malta deben entenderse como observadores y solucionadores de problemas capaces, no solo como constructores de monumentos envueltos en misterio.

De la migración a la visión del mundo
La cuestión más difícil es cómo pudo intersectarse la navegación práctica con las creencias. El material de origen plantea, aunque no resuelve, la posibilidad de que las comunidades prehistóricas de Malta tuvieran una cosmología rudimentaria ligada a los cielos. Esa es una línea de investigación tentadora porque muchas culturas antiguas relacionaban el movimiento por el paisaje con el movimiento por el cielo.
Aun así, el umbral de la evidencia importa. Es más fácil sostener que los navegantes usaban indicios celestes visibles que demostrar que las estructuras posteriores codificaban una visión del mundo compleja. La arqueología suele operar en ese espacio entre plausibilidad y prueba. En el caso de Malta, la conclusión más sólidamente respaldada por el material disponible es que probablemente fue necesario algún tipo de conocimiento celeste para el viaje inicial y que también pudo haber influido en prácticas culturales posteriores.
Ese lenguaje cuidadoso no es una debilidad. Es lo que mantiene creíble la afirmación. En lugar de exagerar la certeza, el reportaje señala una inferencia construida a partir de la geografía, la lógica migratoria y las exigencias del viaje en aguas abiertas.
Qué cambia la historia
La importancia de esta línea de investigación tiene menos que ver con dictar un veredicto final y más con replantear el pasado de Malta. Los sitios megalíticos de las islas a menudo se han interpretado principalmente a través de la arquitectura y el ritual. Al centrar la navegación, los arqueólogos vuelven a introducir el movimiento, el riesgo y la habilidad técnica en la historia.
Eso crea una imagen más dinámica de la vida neolítica. Las personas que llegaron a Malta no fueron solo habitantes de una cultura misteriosa que construía piedras. También fueron marineros que se enfrentaron a la distancia, la incertidumbre y el cielo nocturno. Sus logros comenzaron antes de que se colocara la primera gran piedra.
Si futuros trabajos refuerzan el caso de una navegación basada en las estrellas, Malta podría convertirse en un punto de referencia aún más importante para entender cómo se movían los europeos prehistóricos por el Mediterráneo y cómo el conocimiento del entorno alimentó formas culturales posteriores. Incluso sin una respuesta final, la interpretación actual tiene fuerza: llegar a Malta probablemente requirió conciencia astronómica, y eso por sí solo eleva el nivel de cómo deben entenderse las primeras sociedades marítimas.
Este artículo se basa en una información de Phys.org. Leer el artículo original.
Originally published on phys.org






