La expansión solar de China está aportando beneficios climáticos, pero un nuevo estudio sugiere que también está produciendo pérdidas ecológicas que los planificadores ya no pueden tratar como incidentales.

Una investigación publicada en Science examinó el desarrollo solar en 2,344 condados de China entre 2014 y 2023 y encontró que unas políticas más favorables a la energía solar se asociaban con una menor diversidad de aves. El efecto descrito por los investigadores no fue catastrófico en un solo año o lugar, pero fue lo bastante consistente a lo largo de una enorme muestra nacional como para plantear una pregunta de política más amplia: ¿cómo deben los gobiernos acelerar el despliegue de energías limpias sin erosionar la biodiversidad en el proceso?

Los autores enmarcaron el asunto como un dilema verde. China está impulsando una rápida transición energética vinculada a su objetivo de alcanzar emisiones netas cero antes de 2060. La energía solar es central en esa estrategia. Para 2024, según el resumen del estudio, la huella solar del país había alcanzado aproximadamente 4,520 kilómetros cuadrados, y se proyecta que la solar represente el 45% de la matriz energética china para 2060. Esa escala hace que incluso efectos ecológicos modestos sean importantes.

El estudio no argumenta contra el despliegue solar. Su advertencia es más estrecha y práctica: la ubicación y las decisiones de conversión de uso del suelo importan, y la política actual puede producir compensaciones medibles en biodiversidad si los factores ecológicos se tratan como restricciones secundarias en lugar de insumos de diseño.

Qué encontró el estudio

Para aislar la relación entre política y resultado ecológico, los investigadores aprovecharon la variación regional en la intensidad con que los condados fueron impulsados a expandir la energía solar dentro del sistema de planificación de China. Señalaron que el crecimiento solar no está determinado solo por la luz solar y la tierra disponible, sino también por los Planes Quinquenales que dirigen la inversión hacia regiones específicas.

El equipo combinó esas diferencias de política con observaciones de aves procedentes de registros de ciencia ciudadana y ajustó por otros factores, incluidos el clima, las condiciones socioeconómicas, la cobertura del suelo, las tendencias nacionales y el esfuerzo de observación de aves. Ese enfoque les permitió plantear una pregunta más precisa que una simple comparación antes y después: cuando aumenta la presión política para construir energía solar, ¿qué ocurre con la diversidad local de aves después de considerar otras influencias de confusión?

La respuesta fue un descenso moderado pero claro. Usando un índice que medía la intensidad de la política solar de 0 a 15.5, el estudio encontró que un aumento de cuatro puntos en la intensidad de la política se vinculaba con una caída del 2% en el índice de Shannon, una medida común de la diversidad de especies. En otras palabras, las áreas que enfrentaban incentivos políticos más fuertes para expandir la energía solar tendían a mostrar comunidades de aves menos variadas.

El efecto no fue uniforme en todos los lugares ni para todas las especies. El resumen indica que las pérdidas fueron mayores en regiones más ricas y no desérticas, lo que sugiere que los impactos ecológicos pueden depender mucho de dónde ocurra la expansión. Se informó que las especies asociadas con hábitats montañosos, poco aptos para parques solares, se vieron menos afectadas. Pero tanto las aves residentes como las migratorias mostraron descensos significativos en conjunto, lo que amplía la relevancia política más allá de un conjunto estrecho de especialistas locales.

La conversión de tierras parece ser el mecanismo central

Los investigadores señalan la rápida conversión de tierras como el principal impulsor. En particular, la transformación de tierras de cultivo y pastizales en áreas desarrolladas parece ser la que causa más daño ecológico. Esto importa porque el argumento climático a favor de la energía solar suele enfatizar su limpieza operativa y subestimar las consecuencias biológicas de reorganizar físicamente paisajes a gran escala.

La infraestructura solar no emite carbono mientras genera electricidad, pero sí cambia la estructura del hábitat, la disponibilidad de alimento, los corredores de movimiento y los patrones de perturbación. En las comunidades de aves, esos cambios pueden alterar tanto cuántas especies hay como cuáles pueden persistir. Un condado puede seguir siendo verde en el balance de emisiones mientras se vuelve biológicamente más simple sobre el terreno.

Eso no hace que la energía solar sea especialmente problemática. La mayoría de los grandes sistemas de infraestructura conllevan compensaciones. La importancia de este estudio es que cuantifica una de esas compensaciones en una geografía muy amplia y la vincula con la intensidad de la política, en lugar de con anécdotas aisladas. Para los planificadores, eso es más difícil de descartar.

Solar panels are seen at a solar photovoltaic farm in Lingwu in China's northern Ningxia region on November 2, 2025
Se ven paneles solares en una planta fotovoltaica en Lingwu, en la región septentrional china de Ningxia, el 2 de noviembre de 2025.

Por qué esto importa más allá de China

Es probable que el resultado resuene mucho más allá de China porque la tensión subyacente es global. Los gobiernos están bajo presión para descarbonizar rápidamente, electrificar la industria y el transporte, y reforzar las redes frente a la futura volatilidad de los combustibles fósiles. La energía solar es una de las herramientas más rápidas y políticamente atractivas disponibles. Pero cuanto más fácil sea tratar la escala como la métrica dominante, más probable será que los impactos sobre la biodiversidad se pospongan hasta que sean más difíciles de revertir.

China ofrece un caso particularmente importante por la velocidad y el tamaño de su despliegue. Si allí son visibles las compensaciones, pueden servir como señal temprana para otros países que entren en fases de expansión agresiva. La lección no es que la energía solar y la conservación sean fundamentalmente incompatibles. Es que una política energética diseñada solo alrededor de los megavatios puede pasar por alto costes ecológicos que se acumulan a través de miles de decisiones locales.

El autor principal del estudio, Huiming Zhang, de la Universidad de Ciencia e Ingeniería de la Información de Nanjing, dijo a AFP que el mensaje central no es frenar la transición renovable, sino hacer que el desarrollo solar esté más informado ecológicamente. Esa distinción es importante. La mejor forma de leer el artículo es como un argumento a favor de una mejor planificación, no como evidencia para dar marcha atrás en materia climática.

Cómo podría ser una política solar informada ecológicamente

El resumen no propone un programa político completo, pero sus implicaciones son bastante directas. Si la conversión de tierras de cultivo y pastizales impulsa gran parte de la pérdida de biodiversidad, la selección de emplazamientos se convierte en la primera palanca. Los gobiernos y desarrolladores podrían necesitar priorizar tierras ya perturbadas, tierras degradadas, entornos urbanizados o zonas de menor conflicto donde la alteración del hábitat sea menos severa.

También ayudaría una vigilancia más sistemática de la fauna alrededor de grandes instalaciones solares. Lo mismo ocurriría con integrar antes la evaluación de biodiversidad en la cadena de desarrollo, antes de que los objetivos políticos se conviertan en mandatos de construcción atados a ubicaciones concretas. En transiciones energéticas rápidas, la revisión ambiental suele llegar tarde, después de que los compromisos económicos y políticos han reducido el abanico real de alternativas.

  • La intensidad de la política parece importar, no solo la capacidad solar bruta.
  • La conversión de tierras de cultivo y pastizales es un factor de riesgo clave.
  • Los impactos fueron mayores en algunas regiones no desérticas y más ricas.
  • Tanto las comunidades de aves migratorias como las residentes se vieron afectadas.

El desafío más grande es la gobernanza. Los objetivos climáticos y de conservación suelen gestionarse en canales burocráticos separados, aunque cada vez compiten más por la misma base territorial. Estudios como este hacen más difícil justificar esa separación.

Una advertencia contra las falsas opciones

La lectura más útil del artículo no es que la expansión de la energía limpia esté sobrevalorada, ni que las preocupaciones por la biodiversidad deban descartarse en nombre de la descarbonización. Es que una política de transición exitosa debe hacer ambas cosas. Un sistema bajo en carbono construido mediante una simplificación repetida del hábitat resolvería un problema ambiental profundizando otro.

El auge solar de China seguirá siendo una de las historias de infraestructura definitorias de este siglo. Este estudio añade una corrección necesaria a la versión triunfalista de ese relato. La escala importa. La velocidad importa. Pero también importa dónde va la solar y qué reemplaza.

A medida que los países pasan de fijar metas renovables a remodelar físicamente los paisajes, esos detalles dejan de ser periféricos. Se convierten en la transición misma.

Este artículo se basa en la cobertura de Phys.org. Leer el artículo original.

Originally published on phys.org