Nuevos fósiles amplían una inquietante imagen del comportamiento de los primeros humanos

Fósiles recién excavados en el norte de España están afinando uno de los capítulos más inquietantes de la prehistoria humana. Investigadores que trabajan en Gran Dolina, parte del complejo arqueológico de la Sierra de Atapuerca, han identificado marcas de corte en los huesos de Homo antecessor, un pariente humano extinto que vivió en Europa entre hace aproximadamente 1,2 millones y 770.000 años. Los nuevos hallazgos sugieren que el canibalismo en el sitio no se limitaba principalmente a los niños, como había indicado la evidencia anterior, sino que también involucraba a adultos.

El hallazgo importa porque Gran Dolina ya ocupa un lugar singular en el estudio de los primeros humanos. Durante décadas, la cueva ha aportado algunas de las evidencias más antiguas conocidas de que un pariente humano descuartizaba y consumía miembros de su propia especie o de un grupo estrechamente relacionado por razones nutricionales. Lo que cambia con los restos recién descritos es el perfil de edad de las víctimas. En lugar de reforzar la idea de que la práctica se dirigía sobre todo a juveniles vulnerables, el material más reciente apunta a un patrón más amplio que también incluía a individuos adultos.

Lo que encontró el equipo

Según el material de origen, la excavación más reciente recuperó alrededor de dos docenas de huesos y dientes de varios individuos de Homo antecessor. Los restos incluyen fragmentos del cráneo, la columna, el brazo, la pierna y tres dientes. Varias de esas piezas muestran marcas de corte hechas con herramientas de piedra, un detalle que los investigadores interpretan como evidencia de despiece.

El sitio no es nuevo en este tipo de evidencia. Gran Dolina ha sido durante mucho tiempo central en los debates sobre si los humanos muy tempranos practicaban el canibalismo, en qué circunstancias y por qué motivos. Trabajos anteriores en la cueva ya habían establecido la presencia de huesos con marcas de corte. Un estudio de 2010, citado en la fuente, señaló que gran parte de la evidencia conocida entonces procedía de bebés y juveniles. Eso había favorecido la interpretación de que los individuos más jóvenes pudieron ser objetivo porque eran más fáciles de capturar y matar, quizá durante conflictos entre grupos rivales.

Los nuevos fósiles complican esa imagen. Palmira Saladié, antropóloga biológica del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social que coordinó el trabajo, dijo que la presencia de más restos adultos con marcas de corte demuestra que el canibalismo no se restringía a individuos más jóvenes. Eso no revela por sí solo el motivo, pero sí amplía el patrón de conducta en discusión.

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Trabajos de excavación en Gran Dolina, en España, donde los investigadores hallaron evidencia de canibalismo en adultos de Homo antecessor. (Crédito de la imagen: Maria D. Guill n / IPHES-CERCA)

Por qué los adultos cambian la interpretación

La evidencia que involucra a adultos importa porque debilita una explicación más estrecha basada principalmente en la depredación oportunista sobre las víctimas más fáciles. Si solo aparecieran niños y adolescentes, sería más fácil imaginar una violencia altamente selectiva contra los miembros menos defendidos de otro grupo. Los restos de adultos no eliminan esa posibilidad, pero sugieren una conducta social o de subsistencia más amplia, y no un patrón limitado a los vulnerables.

Esa distinción es importante en paleoantropología, donde tamaños muestrales pequeños pueden moldear en gran medida grandes interpretaciones. Unos pocos huesos con marcas de herramientas no ofrecen una narración completa de un acontecimiento prehistórico. Los investigadores deben inferir la conducta a partir de rastros fragmentarios: dónde aparecen los cortes, cómo se rompieron los huesos, qué partes del cuerpo están presentes y si el tratamiento se parece al de los animales cazados hallados en las mismas capas. En ese contexto, cada individuo adicional puede modificar sustancialmente el argumento.

El material de Gran Dolina ha sido durante mucho tiempo convincente porque las marcas en los huesos parecen coherentes con el despiece y la separación de miembros mediante herramientas de piedra. Esas acciones se superponen con el tratamiento de cadáveres de animales descuartizados. El material adulto recién excavado amplía ese patrón en lugar de crearlo desde cero. Por tanto, el principal avance es acumulativo. Fortalece el caso de que Homo antecessor practicó el canibalismo de una forma más amplia de lo que se pensaba.

Un pariente humano temprano bajo una luz dura

Homo antecessor sigue siendo una especie importante en las discusiones sobre la evolución humana temprana en Europa. Ya está extinto, y se ha debatido su lugar exacto en el árbol genealógico humano, pero en general se le entiende como un pariente cercano de los humanos posteriores. Los hallazgos de Atapuerca lo han convertido en una de las poblaciones de homininos tempranos mejor conocidas de Europa.

Eso hace que la evidencia de canibalismo resulte especialmente resonante. No son rastros de un linaje de primates distante y ambiguo con poca conexión con los humanos posteriores. Proceden de una especie estudiada precisamente porque puede arrojar luz sobre cómo los primeros miembros de la familia humana se expandieron, se adaptaron y se comportaron en Europa. Por tanto, los hallazgos contribuyen no solo a la historia de la violencia o la subsistencia, sino también a preguntas más amplias sobre qué tipos de estrategias sociales y de supervivencia existían en lo profundo del pasado humano.

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La primera ulna (hueso del antebrazo) descubierta de un individuo adulto de Homo antecessor en Gran Dolina, en Atapuerca, España.

Los investigadores aún no saben exactamente por qué ocurrió el canibalismo en Gran Dolina. La necesidad nutricional es una posibilidad, y la fuente señala que Homo antecessor es considerado el pariente humano más antiguo conocido que consumió a los suyos por razones nutricionales. Pero la conducta alimentaria y el conflicto social no son explicaciones mutuamente excluyentes. La competencia entre grupos, el estrés territorial, la violencia oportunista y el procesamiento de alimentos podrían haberse solapado. El registro arqueológico puede reducir esas posibilidades, pero rara vez las resuelve por completo.

Por qué el yacimiento sigue siendo importante

Gran Dolina sigue siendo una de las ventanas más informativas sobre la vida humana temprana en Europa porque conserva no solo huesos aislados, sino un registro recurrente de ocupación, actividad y tratamiento corporal. Cada temporada de excavación añade piezas a un mosaico mucho mayor. En este caso, los nuevos restos no desmienten la interpretación de larga data de que hubo canibalismo. Más bien la afilan, mostrando que la práctica se extendía a un rango más amplio de individuos.

Ese tipo de refinamiento es la forma en que suele avanzar la paleoantropología. Los grandes titulares tienden a centrarse en revelaciones singulares, pero el campo también se impulsa con adiciones graduales que cambian el panorama estadístico y conductual. Aquí, unas pocas docenas de huesos y dientes bastan para modificar una suposición importante: las víctimas no eran principalmente jóvenes.

El resultado es un retrato más oscuro pero más claro de Homo antecessor en Gran Dolina. Hace unos 850.000 años, los primeros humanos o sus parientes cercanos en esta cueva no estaban simplemente procesando niños de grupos rivales, si es que esa fue alguna vez la historia completa. Los adultos también estaban entre los muertos, y al menos algunos de sus huesos conservan la misma evidencia de despiece asistido por herramientas.

Para los investigadores, eso amplía el alcance de la pregunta en lugar de cerrarla. El canibalismo en Gran Dolina parece ahora menos una conducta estrechamente dirigida y más una práctica recurrente cuyas causas siguen sin resolverse. Futuras excavaciones podrían revelar si estuvo impulsada principalmente por presión de subsistencia, agresión entre grupos o una combinación de ambas. Por ahora, los nuevos fósiles hacen difícil evitar una conclusión: el mundo social de los primeros humanos en Europa podía ser violento, pragmático y mucho más complejo de lo que sugerían muestras anteriores.

Qué aporta la nueva evidencia

  • La nueva excavación recuperó unas dos docenas de huesos y dientes de varios individuos de Homo antecessor.
  • Algunos de los restos, incluidos huesos de adultos, muestran marcas de corte hechas con herramientas de piedra.
  • La evidencia anterior había enfatizado a bebés y juveniles, pero el nuevo material amplía el perfil de las víctimas.
  • Los hallazgos refuerzan el caso de que el canibalismo en Gran Dolina fue una conducta recurrente cuyo motivo sigue siendo incierto.

Este artículo se basa en información de Live Science. Leer el artículo original.

Originally published on livescience.com