El regreso al rastreador minimalista

Google está llevando a Fitbit de vuelta a sus orígenes, al tiempo que intenta redefinir cómo luce su plataforma de salud después de años de solapamiento entre pulseras de actividad, smartwatches y ecosistemas de apps. La compañía ha presentado el Fitbit Air, un wearable sin pantalla de 100 dólares diseñado para el seguimiento continuo de la salud, junto con una nueva app Google Health que sustituirá la experiencia de la app de Fitbit.

La medida es notable porque va en contra de la dirección que siguió gran parte del mercado de wearables durante la última década. Los primeros rastreadores de actividad eran dispositivos sencillos centrados en la medición pasiva. Después, el mercado se desplazó hacia los smartwatches, que llevaron pantallas, apps y notificaciones a la muñeca. Google apuesta ahora a que mucha gente en realidad no quiere un mini teléfono en el brazo todo el tiempo, especialmente si el precio a pagar es cargarlo con frecuencia y llevarlo de forma inconsistente.

La premisa central del Fitbit Air es que el seguimiento de la salud funciona mejor cuando pasa a segundo plano. No hay pantalla. El propio dispositivo es un pequeño módulo de plástico que encaja en distintas correas, con sensores montados en la parte inferior, en contacto con la muñeca. En lugar de mostrar datos en el wearable, Google los envía a un entorno de app dedicado donde la información puede analizarse con el tiempo.

Hardware diseñado en torno a la comodidad y la permanencia

El diseño físico es simple a propósito. El Air mide unos 1,4 pulgadas de largo y 0,7 pulgadas de ancho, más parecido a una cápsula de sensor que a un reloj tradicional. Ese formato le permite a Google integrar el dispositivo en varios estilos de correa, incluidas opciones deportivas, tipo loop y otras más orientadas a la moda. La compañía también ofrece una edición especial de Steph Curry, lo que indica que ve el estilo y la marca cultural como parte de la estrategia del producto y no como una idea secundaria.

Pero la comodidad es aquí algo más que un ángulo de marketing. El seguimiento continuo de la salud solo funciona si la gente realmente lleva el dispositivo durante todo el día y la noche. Los smartwatches han chocado una y otra vez con los mismos límites: pueden ser útiles, pero también requieren carga regular, pueden resultar voluminosos al dormir y no siempre son ideales para el seguimiento del ejercicio o la recuperación. Google dice que el Fitbit Air dura alrededor de una semana con una carga mientras recopila datos de forma continua, y que puede almacenar aproximadamente un día de información sin estar conectado a un teléfono.

Ese diseño apunta directamente a los hábitos que hacen atractivos a los rastreadores sin pantalla. La gente puede tolerar una recarga semanal si el dispositivo es lo bastante ligero y discreto como para seguir puesto al dormir, entrenar y durante las rutinas diarias. En ese sentido, Google no intenta tanto construir un smartwatch más barato como un wearable que el usuario olvide que lleva puesto.