La Marina amplía su flota TACAMO de nueva generación
La Marina de Estados Unidos está planeando una fuerza mucho mayor de aeronaves aéreas de mando y control nuclear de nueva generación de lo que se entendía hasta ahora. Según un informe de adquisición del Pentágono citado en el material de origen, el servicio prevé comprar 31 aeronaves E-130J Phoenix II para reemplazar a los 16 jets E-6B Mercury que actualmente realizan la misión Take Charge And Move Out, o TACAMO.
Esa misión se sitúa en uno de los ámbitos más sensibles de las fuerzas armadas de Estados Unidos. Las aeronaves TACAMO proporcionan apoyo aéreo de mando y control para submarinos lanzamisiles balísticos y pueden transmitir órdenes de lanzamiento a esas embarcaciones mientras permanecen sumergidas. Debido a ese papel de apoyo nuclear, estas aeronaves suelen describirse como “aviones del fin del mundo”, aunque la misión formal consiste en comunicaciones sobrevivibles y continuidad de mando en los escenarios más extremos.
El tamaño de flota ahora informado importa porque indica una reestructuración más amplia, no solo un reemplazo rutinario uno por uno. Pasar de 16 E-6B a 31 E-130J casi duplicaría el número de aeronaves configuradas para esta misión, aunque la plataforma de reemplazo es más pequeña y utiliza turbohélices en lugar de motores a reacción.
Qué añade el documento del Pentágono
La fuente indica que la compra total prevista aparece en un Modernized Selected Acquisition Report fechado el 21 de abril de 2026 y preparado como parte del trabajo sobre el propuesto presupuesto de defensa para el año fiscal 2027. Ese informe detalla un plan de adquisición de seis E-130J de preproducción para labores de desarrollo y 25 aeronaves de producción.
Hasta ahora, las divulgaciones públicas apuntaban a una imagen inicial mucho más limitada: seis aeronaves de desarrollo y una primera producción de baja tasa de tres a seis más. La nueva cifra, por tanto, ofrece una visión más completa del estado final previsto por la Marina y sugiere que el servicio apunta a una estructura de fuerza materialmente diferente una vez que el Phoenix II entre en servicio.

El informe deja abierta una pregunta práctica. No está claro, a partir de los detalles revelados, si algunas o todas las seis aeronaves de preproducción podrían terminar desempeñando funciones operativas. Incluso sin esa respuesta, el panorama general ahora es más claro: la Marina está planificando una flota de 31 aeronaves, no un pequeño lote incremental.
Por qué una flota más grande podría tener sentido
A simple vista, sustituir una flota más pequeña de grandes jets por una flota mayor de turbohélices más pequeñas puede parecer contradictorio. Pero el cambio podría reflejar las exigencias operativas de mantener una cobertura persistente para una misión que depende de la disponibilidad, la autonomía y las comunicaciones supervivientes más que de la velocidad bruta.
Un inventario mayor puede ofrecer más flexibilidad de programación para entrenamiento, mantenimiento, pruebas y compromisos de alerta. También puede ayudar a compensar la inevitable caída de disponibilidad que acompaña a aeronaves altamente especializadas. Si la Marina espera que el E-130J distribuya la misión entre más células, eso podría reducir la presión concentrada sobre cada aeronave en comparación con la flota heredada de E-6B.
Al mismo tiempo, más cantidad no garantiza resiliencia. La fuente señala que el informe del Pentágono reconoce riesgos vinculados a la disponibilidad operativa, una preocupación que la Government Accountability Office ya había destacado públicamente. Eso sugiere que la propia planificación de la Marina reconoce que construir una flota más grande es solo una parte del problema. Las aeronaves también deben estar listas con la frecuencia suficiente para sostener una misión en la que no se admiten vacíos.
Señales de costo del programa
El informe de adquisición también ofrece una visión más precisa del costo. El costo unitario de adquisición programado estimado, que incluye investigación y desarrollo, se sitúa en 732,8 millones de dólares por aeronave para todo el programa de 31 unidades. El costo unitario medio de adquisición para las 25 aeronaves de producción se fija en 360,9 millones de dólares cada una.
Son cifras considerables, pero la fuente indica que ambas métricas están por debajo de las estimaciones de referencia, en 3,29% para la métrica más amplia de costo de adquisición y en 2,64% para la cifra solo de adquisición. En términos de contratación de defensa, eso es relevante. Los programas de esta clase suelen atraer escrutinio primero por el aumento de costos y después por la presión en el calendario. Un informe que muestra estimaciones unitarias por debajo de la línea base no elimina el riesgo, pero sí sugiere que el programa aún no ha derivado en el tipo de descontrol que suele asociarse con muchos grandes esfuerzos de recapitalización.

Aun así, la economía del programa debe verse en el contexto de su misión. TACAMO no es un requerimiento convencional de transporte aéreo o vigilancia. Es una misión de comunicaciones estrecha y de consecuencias muy altas, vinculada directamente a la disuasión nuclear. Eso tiende a situar el umbral de costo aceptable en un lugar distinto del que aceptarían los legisladores o los organismos de control en una sustitución de flota más rutinaria.
Un esfuerzo de recapitalización con peso estratégico
La flota E-6B Mercury ha ocupado durante mucho tiempo un nicho poco común, enlazando a las autoridades de mando nacional con las fuerzas nucleares en circunstancias en las que la infraestructura fija podría quedar degradada o destruida. Sustituir esa capacidad no es opcional, pero la forma de hacerlo tiene implicaciones estratégicas. Una flota E-130J más grande podría indicar que la Marina busca más flexibilidad geográfica, más margen de preparación o un modelo operativo más sostenible a largo plazo.
También subraya cómo el Pentágono está modernizando la arquitectura de apoyo en torno a la disuasión, y no solo las ojivas, submarinos o misiles que suelen dominar el debate público. La supervivencia de las comunicaciones forma parte de la ecuación de la disuasión. Una orden de lanzamiento que no puede transmitirse es un problema tan grave como una plataforma que no puede disparar.
Desde esa perspectiva, la revelación sobre el tamaño de la flota es más que una nota al pie de adquisición. Sugiere que la Marina se prepara para repartir una de sus misiones más sensibles entre un mayor número de aeronaves, mientras sigue afrontando los riesgos de disponibilidad que acompañan a cualquier nueva plataforma compleja.
Los próximos hitos serán importantes. El escrutinio presupuestario, el rendimiento de producción y las pruebas operativas determinarán si la Marina puede convertir su plan de 31 aeronaves en un reemplazo fiable para la flota E-6B. Por ahora, la conclusión más clara del informe recién surgido es simple: el programa Phoenix II es más grande, y estratégicamente más significativo, de lo que sugería la imagen pública anterior.
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