Un giro histórico en la adquisición de la OTAN
La OTAN parece estar avanzando hacia la elección del GlobalEye de Saab como sucesor de sus envejecidos aviones de alerta temprana y control aerotransportados E-3A Sentry, una decisión que marcaría la primera columna vertebral común de vigilancia aérea de la alianza que no es fabricada por Boeing desde 1982.
Según Defense News, la Agencia de Apoyo y Adquisiciones de la OTAN seleccionó a la sueca Saab y a la canadiense Bombardier para el esfuerzo de sustitución, citando reportajes de La Lettre y una confirmación separada de la DPA alemana. La adjudicación aún no ha sido anunciada formalmente, y Saab ha dicho que no se ha concluido ningún contrato. Aun así, la decisión reportada es políticamente e industrialmente significativa.
Por qué se desmoronó el plan E-7
La vía de reemplazo en un momento pareció favorecer al E-7A Wedgetail de Boeing. En noviembre de 2023, la OTAN adjudicó a Boeing el contrato de reemplazo sin licitación competitiva, argumentando que el E-7 era el único sistema disponible capaz de cumplir los requisitos a tiempo.
Ese razonamiento se debilitó después de que Estados Unidos se echara atrás. La Fuerza Aérea estadounidense retiró el E-7 de su plan de gasto para el año fiscal 2026 en junio de 2025, según el informe, citando retrasos, sobrecostes y dudas sobre su supervivencia en entornos disputados. Washington desplazó entonces el énfasis hacia la vigilancia basada en el espacio y aviones E-2D Hawkeye adicionales.
Esa reversión tuvo consecuencias en Europa. Para noviembre de 2025, los Países Bajos y otros socios europeos habían cancelado una compra prevista de seis Wedgetail. Las autoridades neerlandesas vincularon explícitamente la decisión con la retirada de Estados Unidos y con la importancia estratégica de invertir más en la industria europea.
Qué ofrece GlobalEye
GlobalEye combina el radar AESA Erieye Extended Range de Saab con una plataforma de avión comercial Bombardier Global 6000 o 6500. Defense News informa de alcances de detección de más de 550 kilómetros en los dominios aéreo, marítimo y terrestre.
Esa propuesta multidominio es central para el atractivo del avión. La flota AWACS actual de la OTAN es un activo de la Guerra Fría construido para un entorno de vigilancia distinto. Un reemplazo necesita hacer más que rastrear aeronaves. Debe operar como parte de una arquitectura de sensores más amplia moldeada por drones, competencia marítima, amenazas de misiles y estructuras de mando distribuidas.
La escala de adquisición reportada también es considerable. Se dice que la agencia de la OTAN está considerando entre 10 y 12 aeronaves a unos 550 millones de euros por unidad, lo que implicaría un precio de compra superior a 5.000 millones de euros antes de añadir entrenamiento, sostenimiento e infraestructura.
Una señal sobre las prioridades industriales de defensa europeas
Si se confirma, la selección significaría más que un simple cambio de plataforma. Reflejaría un estado de ánimo más amplio en la defensa europea: menos confianza en depender automáticamente de las decisiones industriales estadounidenses y más interés en desplegar sistemas anclados en proveedores europeos.
Ese sentimiento ha ido en aumento. Francia firmó dos aeronaves GlobalEye en diciembre de 2025 con opciones para dos más, y la dirección de Saab ha señalado interés por parte de Polonia y Alemania. Canadá también está evaluando una posible compra.
Visto en ese contexto, el movimiento de la OTAN no sería una anomalía de adquisición aislada. Encajaría en una tendencia más amplia en la que los gobiernos europeos buscan tanto capacidad como margen de maniobra mediante la participación industrial regional. Los problemas del Wedgetail pueden haber abierto la puerta, pero el apetito político por la autonomía estratégica la empujó más.
Lo que aún debe ocurrir
El informe no llega a afirmar que el acuerdo esté cerrado. La dirección de relaciones con los medios de Saab dijo a AeroTime que aún no se había concluido formalmente ningún contrato y que la OTAN todavía tiene pendiente anunciar la adjudicación. Eso deja margen para retrasos procedimentales incluso si la dirección ya parece más clara.
También está la cuestión práctica del calendario. Saab ha dicho que GlobalEye puede cumplir el objetivo operativo de la OTAN para 2031, o incluso hacerlo antes. Cumplir esa fecha será importante porque la flota actual de E-3A es antigua, costosa de mantener y cada vez menos adecuada para los entornos operativos futuros.
Para la OTAN, el momento y la credibilidad importan ahora tanto como la selección. Una adjudicación reportada sin contrato firmado sigue siendo solo un paso. Pero es un paso significativo, sobre todo dado lo decididamente que la alianza parecía comprometida con la vía del E-7.
El significado militar más amplio
La lección más profunda es que la alerta temprana y el control aerotransportados ya no se reducen a sustituir un avión por otro. Se sitúan en la intersección de la política de adquisiciones, la política industrial y el carácter cambiante de la vigilancia en teatros disputados.
Por ello, la posible elección de GlobalEye por parte de la OTAN transmite tres mensajes a la vez. Operativamente, apunta a una demanda de sensores multidominio más flexibles. Industrialmente, recompensa una oferta liderada por Europa después de que la posición de Boeing se debilitara. Estratégicamente, muestra cuán rápido pueden cambiar los supuestos de adquisición de la alianza cuando cambian las decisiones de Estados Unidos.
Si el contrato se finaliza, la OTAN estará haciendo una ruptura simbólica limpia con una línea de sistemas que ha definido la vigilancia aérea de la alianza durante décadas. Solo eso ya haría notable la decisión. En el contexto político e industrial de defensa actual, podría resultar incluso más trascendente que la elección del avión en sí.
Este artículo se basa en reportajes de Defense News. Leer el artículo original.
Originally published on defensenews.com



