Australia reabre la disputa sobre los pagos de las plataformas

Australia ha propuesto una nueva forma de obligar a las grandes plataformas digitales a contribuir al sector informativo del país: gravarlas si se niegan a cerrar acuerdos comerciales con los editores. El proyecto de ley publicado esta semana crearía lo que el gobierno llama un Incentivo de Negociación de Noticias, aplicable a empresas como Meta, Google y TikTok.

Según el informe del 29 de abril, el mecanismo impondría un cargo del 2,25% sobre los ingresos en Australia de las principales plataformas que decidan no firmar acuerdos con organizaciones periodísticas. Esas empresas podrían compensar su obligación pagando directamente a los editores por el trabajo periodístico. El gobierno espera que el enfoque genere entre 200 y 250 millones de dólares australianos al año, aproximadamente lo mismo que recibían los editores cuando el anterior sistema de negociación de Australia funcionaba en su punto máximo.

La propuesta está prevista para presentarse en el Parlamento antes del 2 de julio. Marca el segundo gran intento legislativo de Australia por atribuir un valor financiero directo al uso y la distribución de contenido periodístico en plataformas digitales dominantes.

Del código de negociación a la presión fiscal

El Código de Negociación de los Medios de Noticias original de Australia, aprobado en 2021, presionó a las plataformas digitales para negociar con los editores o arriesgarse a un arbitraje. Durante un tiempo, ese modelo produjo acuerdos comerciales. Pero la propuesta actual refleja lo inestables que resultaron esos arreglos una vez que las plataformas decidieron que podían simplemente retirar las noticias o negarse a renovar los acuerdos.

El nuevo diseño del gobierno parece destinado a cerrar esa vía de escape. En lugar de depender únicamente de la presencia de contenido informativo en un servicio, crea un incentivo financiero permanente para que las empresas aporten al ecosistema del periodismo de una forma u otra. En términos prácticos, el Estado intenta convertir un problema de negociación en un problema fiscal.

El primer ministro Anthony Albanese enmarcó la cuestión en términos democráticos y económicos, argumentando que el trabajo de los periodistas no debería ser tomado por corporaciones multinacionales y monetizado sin una compensación adecuada. La ministra de Comunicaciones, Anika Wells, dijo que cualquier ingreso recaudado se distribuiría entre las organizaciones periodísticas según el número de periodistas que empleen.

Por qué esta versión es diferente

El cambio de política importa porque responde directamente a un cambio en el comportamiento de las plataformas. Bajo el régimen anterior de negociación, las empresas podían aceptar pagar a los editores siempre que las noticias siguieran siendo comercial o políticamente útiles para alojar. Pero algunas plataformas luego evitaron renovar acuerdos reduciendo o eliminando las noticias de sus servicios. Eso debilitó la teoría original de que la dependencia de las plataformas de la distribución de noticias preservaría el poder de negociación.

El gravamen propuesto es un intento de restaurar ese poder haciendo costosa la no participación. También amplía el argumento desde el valor de los enlaces hacia el valor público. El periodismo pasa a ser tratado no solo como contenido que las plataformas pueden necesitar o no, sino como una infraestructura cívica que merece ser subvencionada si los incentivos del mercado ya no la sostienen.

Eso hace que la propuesta australiana sea relevante mucho más allá del país. Los gobiernos de todo el mundo han tenido dificultades para diseñar reglas que apoyen la producción de noticias sin limitarse a consolidar frágiles acuerdos secundarios entre editores y empresas tecnológicas. Australia está probando ahora si un incentivo respaldado por impuestos puede hacer lo que la negociación por sí sola no logró.

La reacción de las plataformas es inmediata

Las empresas afectadas por la legislación ya sostienen que el gobierno está tergiversando la relación. Meta dijo que las organizaciones informativas publican contenido voluntariamente en sus plataformas porque reciben valor a cambio y describió la propuesta como un impuesto a los servicios digitales. Esa crítica va al centro de la disputa: si las plataformas están extrayendo valor del periodismo o si están proporcionando a los editores distribución y alcance de audiencia gratuitos.

La respuesta del gobierno es que la distribución ya no basta. Si las noticias se usan para atraer usuarios, sostener la participación o cubrir necesidades de información dentro de los ecosistemas de las plataformas, entonces alguna retribución financiera debería regresar a quienes las producen. La propuesta asume, en efecto, que la negociación de mercado por sí sola ha fracasado a la hora de asegurar ese resultado de forma fiable.

La inclusión de TikTok también señala que Australia está ampliando el marco más allá del choque original entre Meta y Google. La política ya no trata solo de los incumbentes de búsqueda y redes sociales; se trata de cualquier gran plataforma digital con ingresos significativos e influencia sobre los flujos mediáticos.

Una prueba de si se puede volver a poner precio al periodismo

El proyecto de ley no garantiza un rescate duradero para las redacciones. Los pagos de las plataformas pueden sostener el empleo, pero por sí solos no resuelven los cambios más profundos en la publicidad, el comportamiento de las audiencias y la economía del periodismo local. Aun así, la legislación es significativa porque pasa del argumento moral al mecanismo fiscal.

Si se aprueba, enviaría una señal clara de que los gobiernos están cada vez más dispuestos a obligar a las tecnológicas a financiar el periodismo cuando los acuerdos voluntarios se rompen. Ya sea que la medida conduzca a nuevos acuerdos con editores, batallas judiciales o nuevas formas de resistencia de las plataformas, representa una escalada importante en la disputa de larga duración sobre quién paga por las noticias en la economía digital.

Este artículo se basa en la cobertura de Fast Company. Leer el artículo original.