Un nuevo modelo animal apunta a una vieja pregunta
Investigadores del Centro Médico de la Universidad de Nebraska (UNMC) han publicado un estudio en Alzheimer's & Dementia en el que describen la creación de un modelo animal diseñado para esclarecer la relación entre la infección por VIH y la enfermedad de Alzheimer (EA). Según los autores, el trabajo puede servir de guía para desarrollar terapias novedosas destinadas a detener la pérdida de memoria, un objetivo que ha frustrado a los desarrolladores de fármacos durante décadas.
Hasta ahora, la conexión entre ambas afecciones había permanecido poco clara, aun cuando la observación clínica sugería de forma insistente que las personas que viven con VIH enfrentan riesgos neurológicos distintos a los de la población general. El nuevo modelo brinda a los científicos un sistema controlado para interrogar ese vínculo de manera directa, en lugar de inferirlo a partir de datos de pacientes.
Dos patologías, una cadena convergente
Según el estudio, el modelo demuestra cómo el virus y las proteínas beta amiloide inician una compleja cadena de eventos que, junto con otros factores de la enfermedad, impulsa la lesión de las células nerviosas y el deterioro cognitivo característico de la patología del Alzheimer. Se considera que la beta amiloide es la causa raíz de la EA; las proteínas se agrupan para formar placas amiloides pegajosas en el cerebro.
En lugar de tratar el VIH y el Alzheimer como procesos no relacionados que casualmente coexisten en algunos pacientes, la investigación los enmarca como impulsores potencialmente interactivos de la neurodegeneración. Esa distinción importa, porque implica que una intervención dirigida a una enfermedad podría influir en la trayectoria de la otra, una idea con implicaciones inmediatas para el diseño de terapias combinadas.
Por qué los antirretrovirales atraen la atención
Los fármacos antirretrovirales han mostrado un fuerte potencial para prevenir y frenar la progresión tanto del VIH como de la EA, señalan los investigadores. Clases específicas de medicamentos contra el VIH parecen suprimir la inflamación cerebral y las mutaciones genéticas vinculadas con la patología del Alzheimer, una superposición que ha intrigado a los investigadores durante años y que ahora ocupa el centro de la indagación del equipo de la UNMC.
Los ITIN como posible terapia de doble propósito
El autor correspondiente Pravin Yeapuri, Ph.D., señaló una clase farmacológica específica. "La investigación ya ha demostrado que ciertos medicamentos contra el VIH (los inhibidores de la transcriptasa inversa análogos de nucleósidos, o ITIN) pueden tanto reducir el riesgo de enfermedad de Alzheimer como disminuir significativamente la inflamación cerebral", afirmó. Esa acción dual es una de las razones por las que la intersección VIH-EA se ha convertido en una línea seria de investigación y no en una curiosidad médica.
Las preguntas que el modelo fue creado para responder
Yeapuri y Howard Gendelman, MD, ambos del Departamento de Farmacología y Neurociencia Experimental (PEN) de la UNMC, son autores correspondientes del artículo. El equipo, que incluyó a Shaurav Bhattarai, Ph.D., diseñó el modelo en torno a un conjunto de preguntas que habían resultado difíciles de evaluar en pacientes humanos.
- ¿Afecta el VIH a la progresión de la enfermedad de Alzheimer, y a su vez la enfermedad de Alzheimer afecta al VIH?
- Si ambas afecciones se influyen mutuamente, ¿a través de qué mecanismos ocurre eso?
- ¿Podría un trastorno neurocognitivo VIH-EA, impulsado por distintas patologías, converger para causar disfunción cognitiva?
- ¿Qué papel desempeña el envejecimiento en la interacción entre el VIH y la EA?
- A medida que las personas que viven con VIH llegan a los 70 años y más allá, ¿el virus aporta un riesgo adicional de enfermedad neurodegenerativa?
- ¿Pueden los hallazgos de este trabajo conducir a terapias que traten ambas enfermedades y, de ser así, cómo deberían estudiarse y aplicarse esas terapias?
Una población con VIH que envejece cambia el cálculo
La urgencia detrás de esas preguntas es demográfica. La terapia antirretroviral eficaz ha transformado el VIH de una enfermedad mortal en una afección crónica manejable, y un gran número de personas que viven con el virus ahora alcanza edades avanzadas. Bhattarai señaló que las personas que viven con VIH tienen un riesgo general mayor de desarrollar demencia.
Ese riesgo elevado se ha atribuido tradicionalmente a la activación inmunitaria sostenida, la inflamación persistente o los efectos acumulativos del tratamiento a largo plazo. El nuevo modelo ofrece una manera de separar y poner a prueba esas posibilidades, y de examinar si la patología del Alzheimer impulsada por amiloide agrava la carga neurológica que soportan las personas que envejecen con VIH.
Décadas de trabajo de base en la UNMC
Gendelman y Yeapuri describieron el estudio como la culminación de décadas de trabajo sobre enfermedades cerebrales, y rastrearon sus raíces hasta la fundación en 1997 del Centro de Neurovirología y Trastornos Neurodegenerativos de la UNMC. Esa longevidad se refleja en el alcance del artículo: el modelo no es simplemente una herramienta para estudiar el VIH, ni solo para estudiar el Alzheimer, sino un intento de reunir dos tradiciones de investigación en un único marco experimental.
El departamento al que pertenece el equipo, Farmacología y Neurociencia Experimental, se sitúa exactamente en esa intersección: farmacología, porque el tratamiento del VIH es fundamentalmente una historia de fármacos, y neurociencia, porque las consecuencias en cuestión se despliegan dentro del cerebro.
Qué podría cambiar este trabajo
Si los mecanismos compartidos descritos en el artículo se sostienen en estudios posteriores, las implicaciones para el desarrollo de fármacos son sustanciales. Una terapia que calme la inflamación cerebral y a la vez limite la lesión relacionada con el amiloide podría, en teoría, servir a pacientes de ambas poblaciones. Los investigadores enmarcan el modelo como un punto de partida y no como una respuesta acabada: una forma de generar hipótesis que luego puedan evaluarse en personas.
El artículo también plantea una cuestión metodológica para el campo. Si la patología del VIH y la del Alzheimer pueden converger en disfunción cognitiva por rutas distintas, entonces los ensayos diseñados en torno a un único diagnóstico podrían pasar por alto efectos que cruzan las fronteras entre enfermedades. Dilucidar cómo deberían estudiarse esas afecciones combinadas es parte de lo que los autores se propusieron abordar.
Por ahora, la contribución es un sistema para formular mejores preguntas sobre dos afecciones que durante mucho tiempo se han investigado por separado. Si conduce a una terapia que preserve la memoria en cualquiera de los dos grupos, o en ambos, dependerá de lo que muestre la próxima ronda de experimentos.
Este artículo se basa en la cobertura de Medical Xpress. Lea el artículo original.
Originally published on medicalxpress.com








