El Parkinson podría ser varias enfermedades bajo un mismo nombre
La enfermedad de Parkinson se ha tratado durante mucho tiempo como un trastorno único definido sobre todo por los síntomas que experimentan las personas: problemas de movimiento, deterioro neurológico y la pérdida gradual de la funcionalidad cotidiana. Un nuevo estudio liderado por investigadores de VIB y KU Leuven sostiene que esta etiqueta clínica oculta una diversidad biológica más profunda. Mediante aprendizaje automático, el equipo afirma que el Parkinson puede organizarse en dos grandes grupos moleculares y, después, dividirse en cinco subgrupos más pequeños.
El hallazgo es importante porque una de las frustraciones persistentes del campo es que los tratamientos dirigidos a una vía concreta a menudo no funcionan de forma amplia en toda la población con Parkinson. Según los investigadores, ese desajuste puede reflejar un problema básico de clasificación. Si los pacientes agrupados bajo el mismo diagnóstico tienen en realidad mecanismos moleculares subyacentes distintos, entonces siempre fue poco probable que una sola estrategia terapéutica sirviera para todos.
Por qué la nueva clasificación podría importar
El estudio, publicado en Nature Communications, parte de una realidad que los neurólogos conocen desde hace años: el Parkinson puede vincularse a mutaciones en muchos genes diferentes. Esas diferencias han complicado el desarrollo de fármacos, porque la enfermedad puede parecer similar en el plano clínico mientras está impulsada por biología distinta en el fondo. El equipo de Leuven sostiene que las firmas moleculares son lo bastante distintas como para respaldar un modelo de atención más dirigido.
Los investigadores principales dicen que el nuevo marco identifica dos grandes subgrupos de parkinsonismo que pueden dividirse en cinco categorías más pequeñas. Eso no reemplaza el diagnóstico que usan hoy los médicos, pero sugiere que el término general puede ser demasiado impreciso para la próxima generación de terapias. En términos prácticos, el trabajo apunta hacia un tratamiento estratificado, en el que los fármacos futuros podrían elegirse según la disfunción molecular implicada y no solo por el conjunto de síntomas.
Un enfoque imparcial para una enfermedad compleja
En lugar de partir de una teoría sobre qué mutaciones debían agruparse, el equipo utilizó un análisis “imparcial”. Los investigadores observaron modelos de mosca de la fruta portadores de mutaciones relacionadas con el Parkinson a lo largo del tiempo y luego aplicaron herramientas computacionales y de aprendizaje automático para detectar patrones de comportamiento y progresión de la enfermedad. La idea era permitir que los datos agruparan las mutaciones en lugar de forzarlas a categorías preexistentes.
Este enfoque es notable porque la investigación sobre el Parkinson a menudo se ha orientado hacia mecanismos específicos, uno por uno. El nuevo estudio, en cambio, intenta construir un mapa de relaciones entre formas genéticamente distintas de la enfermedad. Si esos grupos se confirman en trabajos posteriores, podrían ayudar a explicar por qué algunos tratamientos prometedores benefician a un subconjunto de pacientes pero no producen resultados uniformes en poblaciones más amplias.
De la medicina basada en síntomas a la medicina basada en mecanismos
La implicación más amplia es tanto conceptual como clínica. El Parkinson puede seguir presentándose ante los médicos como un síndrome reconocible, pero a nivel molecular podría entenderse mejor como una colección de afecciones relacionadas. Ese cambio es cada vez más común en medicina, donde los cánceres, las enfermedades autoinmunes y los trastornos neurodegenerativos se están dividiendo en subtipos biológicamente significativos.
Para el Parkinson, la promesa es la precisión. Una mejor subclasificación podría mejorar el diseño de los ensayos, reducir la posibilidad de mezclar pacientes biológicamente distintos en un mismo estudio y facilitar la prueba de fármacos frente a las disfunciones específicas que buscan abordar. También podría ayudar a explicar las experiencias desiguales de los pacientes, incluida la gran variación en la progresión de la enfermedad y en la respuesta al tratamiento de una persona a otra.
Qué sigue
El estudio no aporta por sí solo una nueva terapia, ni sugiere que la definición clínica actual del Parkinson carezca de utilidad. Lo que sí ofrece es un marco biológico más detallado que puede ayudar a los investigadores a replantear tanto el diagnóstico como el desarrollo de fármacos. Antes de que ese marco cambie la atención clínica, el campo tendrá que comprobar hasta qué punto estas agrupaciones se trasladan más allá de los organismos modelo y llegan a las poblaciones de pacientes.
Aun así, el resultado es un paso importante. El Parkinson ha sido obstinadamente difícil de tratar con soluciones únicas para todos. Al mostrar que formas genéticamente distintas de la enfermedad pueden agruparse en clases moleculares reproducibles, el estudio ofrece al campo un punto de partida más preciso. Si la clasificación demuestra ser sólida, el futuro del tratamiento del Parkinson podría parecer menos una sola enfermedad, un solo fármaco, y más una cartera de terapias adaptadas a subtipos biológicos distintos.
Este artículo se basa en una información de Medical Xpress. Leer el artículo original.
Originally published on medicalxpress.com







