Los biocombustibles avanzados se enfrentan a una prueba de costes en el debate automovilístico europeo
Un nuevo análisis de Transport & Environment aporta cifras más contundentes a uno de los argumentos políticos más disputados del sector automovilístico europeo: si los biocombustibles avanzados deberían ayudar a que los vehículos de combustión cuenten como una vía de menores emisiones, o si el bloque debería seguir centrado en los coches eléctricos de batería. Según los cálculos del grupo, la economía es desigual. Cargar un vehículo eléctrico cuesta unos 7 euros por cada 100 kilómetros de media en la Unión Europea, mientras que circular con aceite vegetal hidrotratado puro, o HVO, costaría unos 13 euros en la misma distancia.
La diferencia importa porque el HVO se ha promovido como un sustituto práctico, “drop-in”, de los combustibles fósiles, capaz de conservar gran parte del parque móvil y de la infraestructura de repostaje existentes. El nuevo análisis sostiene que esa historia de conveniencia oculta una realidad más difícil para los conductores. De media, dice T&E, el HVO puro es un 79% más caro que cargar un VE. Los biocombustibles avanzados menos maduros, elaborados a partir de fuentes como la fracción de biomasa de los residuos sólidos urbanos o residuos celulósicos, podrían ser todavía más caros, entre un 80% y un 110% por encima del coste de conducir un vehículo eléctrico de batería.
La disputa política es más grande que un solo combustible
La comparación de costes llega en medio de un impulso más amplio de algunos gobiernos y actores del sector para redefinir cómo trata la UE las emisiones de los vehículos. Los gobiernos alemán e italiano, junto con partes de la industria automovilística europea, quieren rebajar los objetivos de CO2 para coches de la UE permitiendo que los coches de combustión que pueden funcionar con biocombustibles avanzados cuenten como de cero emisiones. T&E sostiene que ese cambio socavaría una de las principales palancas políticas que empujan a los fabricantes a poner en el mercado VE más asequibles.
Bajo ese enfoque, la cuestión no es solo técnica. Se trata de quién paga por una electrificación más lenta. Si los legisladores diluyen los objetivos, el análisis sugiere que los consumidores podrían verse empujados hacia combinaciones de vehículo y combustible más caras de usar, al tiempo que dependen de una oferta limitada de biocombustibles. La posición de T&E es tajante: mantener los objetivos actuales haría más por ampliar la oferta de VE asequibles que crear nuevos incentivos para vehículos de combustión dependientes de biocombustibles avanzados escasos.
Émilie Casteignau Bernardini, responsable de políticas de vehículos en T&E, resumió el argumento con claridad en el artículo original: cargar un VE es más barato que llenar un depósito con biocombustible avanzado, y promover los biocombustibles para coches corre el riesgo de retrasar la electrificación mientras deja a los conductores con la factura.






